La desesperación de la crisis y el orgullo de la abundancia nos pueden llevar al olvido de la bondad de Dios. ¿Cómo remediar nuestra amnesia?
¿Te has preguntado por qué los seres humanos somos tan propensos a olvidar? No solo olvidamos asuntos triviales; con frecuencia olvidamos fechas especiales, citas urgentes o tareas inaplazables. A veces trato de recordar lo que hice días u horas atrás, y debo esforzarme para recordar. Y no me refiero a los problemas médicos de la memoria, sino a la inclinación de nuestros corazones a no recordar lo realmente importante.
Mientras reflexionaba sobre eso, comencé a pensar en la frecuencia con la que las Escrituras abordan el tema de la amnesia humana sobre asuntos tan importantes como la bondad de Dios. Al recorrer las páginas de la Biblia, puedo ver cómo la historia de la humanidad es la historia del olvido de su Benefactor.

La amnesia de Israel
Uno de los mayores ejemplos de esto es la nación de Israel. Al avanzar en la lectura de su historia, parece como si se olvidaran constantemente de aquello de lo que Dios los había salvado. Remontándonos a sus orígenes, Dios designó específicamente a Moisés para salvarlos de la esclavitud en Egipto. Él había salvado milagrosamente a toda una nación y, a los pocos días de este increíble momento, ya lo habían olvidado.
Leemos en Éxodo 14, justo después de que Dios usó a Moisés para permitirles cruzar el Mar Rojo, que los israelitas dijeron esto cuando el Faraón los perseguía: “¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto?” (Ex 14:11). Le dijeron a Moisés que hubieran preferido quedarse en Egipto por el resto de sus vidas que morir en el desierto. Antes de salir de allí eran golpeados, pasaban hambre y eran esclavizados. Antes de que Dios mandara a Moisés, no había escape alguno, y cuando Dios los liberó, tuvieron la oportunidad de vivir una nueva vida y tener un nuevo futuro. Él había sido fiel a Su promesa de usar esta nación para lograr Sus propósitos.

Y ahora, ante las dificultades del camino, no ven escape; desde su punto de vista, era una situación desesperada. Moisés trató de recordarles quién es Dios: “Pero Moisés dijo al pueblo: ‘No teman; estén firmes y vean la salvación que el Señor hará hoy por ustedes. Porque los egipcios a quienes han visto hoy, no los volverán a ver jamás’” (Ex 14:13).
Moisés, habiendo recordado él mismo cómo Dios había sido fiel, trató de recordarle a los israelitas que Dios estaba en control de la situación. Finalmente, ya para el final del capítulo, el pueblo recapacita: “Cuando Israel vio el gran poder que el Señor había usado contra los egipcios, el pueblo temió al Señor, y creyeron en el Señor y en Moisés, Su siervo” (Ex 14:31). Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que volvieran a olvidar.

Advertencia sobre nuestra amnesia
Podríamos pensar que Israel olvidó la bondad de Dios a causa de sus muchos sufrimientos en el desierto, y podríamos sentir que tenían razón. Sin embargo, el recorrido de cuarenta años hacia la tierra prometida fue una lucha constante de Dios con Su pueblo por la memoria de sus proezas.
Ya cerca del final de la travesía, Moisés escribió en el capítulo 8 de Deuteronomio una advertencia de parte de Dios para que el pueblo no olvidara Su bondad en medio de la abundancia que les ofrecería su nuevo hogar:
No sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre (Dt 8:12-14, énfasis añadido).

La historia posterior escrita en la Biblia testifica que, a pesar de la mano fiel de Dios a favor de Israel, ellos se olvidaron de Él, de Su ley, y de Su bondad, aunque Él nunca se olvidó de ellos ni de Sus promesas, y les prodigó siempre Su bondad.
Ahora bien, seamos precavidos y no juzguemos apresuradamente; en lugar de eso, pensemos en nosotros mismos. Recordemos la exhortación que el apóstol Pablo nos escribe: “Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga” (1Co 10:11-12).
Estando en una situación desesperante, tendemos a olvidar que Dios nos ha sostenido antes con Su bondad; estando en comodidad, olvidamos que todo nos lo ha provisto un Dios bueno. En eso los cristianos somos iguales a Israel. Es tentador pensar que nunca olvidaríamos a Dios así de rápido, pero sin duda lo hacemos.

El remedio para la amnesia
Una vez hecho el diagnóstico de nuestra amnesia natural, necesitamos encontrar un remedio efectivo. Dios no ignora nuestras debilidades, y por eso nos ha dado poderosos medios de gracia:
- El Espíritu Santo. Una de sus principales funciones es recordarnos las palabras de Jesús, incluyendo Sus promesas (Jn 14:26).
- Las Escrituras. Nuestro Dios se reveló en un libro con el propósito de que tuviéramos un registro de Sus obras en la historia humana. Al recordar lo que Él ha hecho, podemos confiar en que Él seguirá siendo el mismo Dios de bondad y misericordia para con Su pueblo (Sal 111:4).
- Los maestros. Inicialmente los apóstoles, y posteriormente todos los pastores y maestros de la historia de la iglesia, tienen como parte de su labor recordar a sus congregaciones las obras del Señor (2Ti 3:14-17; 2P 1:2-13).
- La comunión. Estar en contacto con otros cristianos que nos recuerdan las bondades de Dios para con nosotros y sus propias vidas es parte del remedio contra la amnesia (Heb 3:12).
- Diario personal. Para recordar las bondades particulares de Dios en tu vida, te invito a escribir un diario, o recurrir a grabaciones de notas de voz. Puedes dedicar con cierta frecuencia tiempos breves para recordar y repasar lo que Dios ha hecho por ti en tu propia historia.

No dejes que el olvido debilite tu fe. Nuestra tendencia a ignorar la mano de Dios tanto en la tormenta como en la comodidad es una realidad innegable de nuestro corazón, pero no tenemos por qué resignarnos a esa amnesia espiritual. Él ya nos ha provisto de los medios necesarios para combatir el olvido. Mantener viva la memoria de Su bondad en el pasado es tu mejor garantía para permanecer firme en el futuro.