El realismo cristiano en este valle de lágrimas

El dolor es real en esta vida, pero también lo son las verdades espirituales que nos dan consuelo en Cristo.
Foto: Pixabay

La clave para vivir correctamente en este mundo caído es el realismo cristiano. Pudiera simplemente decir «realismo» puesto que el mundo real, tal como ha sido revelado por Dios y creído por los cristianos es el único mundo que tenemos. El hecho de que los ateos, musulmanes, budistas y secularistas no lo crean no lo hace menos real. Es como la gravedad. Niégala todo lo que quieras bajo las premisas que quieras, pero cuando te lances de un edificio de diez pisos tus convicciones anti-gravedad no te salvarán de la realidad.

La realidad a la que me refiero se describe en la Biblia, empezando (pero muy lejos de terminar) en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Así que este mundo fue creado por Dios y para Dios. Todo lo que existe, existe para Él y por Él. La realidad consiste en un Creador y una creación; Dios y no Dios; o como Peter Jones le llama, bi-ísmo (recurso en inglés).

Junto a esto, y abundando en ello, tenemos lo que el resto de las Escrituras enseñan acerca de “las cosas que no se ven” (2Co 4:18). Estas son las realidades que Pablo escribió que, cuando se enfocaba en ellas, impedían que él desmayara. ¿Cuáles son esas realidades que no se ven? Incluyen las promesas divinas como la seguridad de que Dios obra todas las cosas para el bien de aquellos que lo aman y que son llamados acorde a Su propósito (Ro 8:28-30) y que una vez empezó la buena obra en Sus hijos, ciertamente la perfeccionará (Fil 1:6). Agrega a esto enseñanzas como la meticulosa providencia que gobierna nuestras vidas (como se enseña en Mt 10:29-31 y Ef 1:11), la resurrección de los muertos (la cual fue garantizada por la resurrección de Jesús que está validada por la historia, [1Co 15:3-23]), y los futuros nuevos cielos y nueva tierra cuando Cristo regrese y haga todas las cosas nuevas (Ap 21:1-8).

Este mundo fue creado por Dios y para Dios. Todo lo que existe, existe para Él y por Él. / Foto: Unsplash

Acceso a través de la fe

Estas y muchas otras cosas que no se ven son tan reales como la lluvia, los árboles, el cáncer, la muerte, el engaño, el pescado y la traición. Podemos acceder con nuestros ojos y con nuestra experiencia a las realidades que se ven; tenemos acceso a las realidades que no se ven solo a través de la fe. Esto no quiere decir que la fe es quien las crea, quiere decir que la fe nos permite el acceso a ellas. Tal como tu vista te permite acceder a la belleza de una puesta de sol o la maldad de un crimen, así tu fe te permite acceder al poder de la resurrección, el consuelo de la presencia resucitada y eterna de Cristo con Su pueblo o la seguridad de la soberanía de Dios, meticulosa, personal y amorosa sobre cada detalle de tu vida.

La fe no crea esas realidades. Permite el acceso a ellas. En ese sentido la fe es como un sintonizador de radio. El sintonizador te permite escuchar música a través de ondas de aire. La radio no crea la música. La música ya está ahí. La radio te permite el acceso a ella.

De manera similar los cristianos son creyentes. Vivimos por fe. Es decir, al creer en Dios y Su Palabra, somos capacitados para organizar nuestras vidas de acuerdo a realidades que no se ven. No somos relegados a tener nuestros pensamientos, afectos o aspiraciones gobernados solamente por este mundo material. Sí, vivimos en el mundo visible como plenos participantes en él, sujetos a todos los gozos y dolores que vienen con la vida de este lado del Edén. Pero también sabemos y tenemos el acceso al mundo invisible con todas sus promesas, bendiciones y seguridades.

La clave para vivir de manera adecuada en este mundo caído es adoptar el realismo cristiano, el cual se encuentra descrito en la Escritura. / Foto: Unsplash

Vivir en la realidad dolorosa de este mundo

Debido a esto, los cristianos pueden permitir que las realidades de tanto el mundo visible y el invisible forjen sus actitudes, elecciones, esperanzas y emociones. Esto es particularmente útil cuando lidiamos con pruebas, dolores y pérdidas que inevitablemente vienen en este mundo caído. Los cristianos no tenemos que negar las realidades dolorosas de este mundo visible. No tenemos la necesidad de pretender o de minimizar el dolor que traen las tribulaciones. Somos criaturas de similar naturaleza a las demás (Hch 14:15). Sabemos lo que es lamentar, llorar y sufrir. Sería una negación de la realidad —de las cosas que no se ven— no permitirnos responder con emociones humanas normales cuando pasamos por pruebas. Sin embargo, tampoco caemos en desesperanza.

¿Por qué? Porque hay más que la realidad que podemos percibir con nuestros sentidos. Las realidades invisibles —aquellas cosas que nos han sido reveladas y a las que podemos tener acceso genuino a través de la fe— también deben ser tomadas en cuenta en nuestros pensamientos y emociones.

¿Estás sufriendo por una enfermedad, la muerte de un ser querido o alguna otra pérdida dolorosa? Cuando enfrentas tu prueba honesta —y realmente— no olvides lo que no se ve, las realidades eternas también son ciertas. Como un hijo de Dios, eres eternamente amado  por Él. Tu vida está en sus manos. Él está orquestando incluso los eventos dolorosos de maneras que resultarán en lo que Él entiende que es mejor para ti. Aunque no has escogido este camino de dolor, sabes con certeza, con la misma certeza que conoces el dolor que no puedes negar, que tu Padre celestial lo ha ordenado y que lo ha hecho para tu bienestar espiritual.

Aunque no elegiste este dolor, sabes con certeza que tu Padre celestial lo ha dispuesto para tu bien espiritual. / Foto: Envato Elements

La cruz lo aclara todo

Todo esto se aclara profundamente en la muerte de Jesucristo en la cruz. Las realidades que se ven eran obvias. Él fue traicionado, odiado, ridiculizado, burlado, golpeado, tratado injustamente y ejecutado en una cruz romana. Sin embargo las realidades invisibles no pueden ser negadas. En ese acto homicida, el error más grande de la justicia humana en toda la historia, Dios estaba obrando la obra más profunda de redención. Aunque no se podía percibir con los sentidos, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo (2Co 5:19). Estaba obrando expiación por los pecados de Su pueblo (Heb 10:10-25). Él estaba asegurando la justificación de todos los que confían en el Señor Jesús (Ro 3:20-25).

Estaba sucediendo mucho más de lo que podía verse a simple vista. Y lo mismo es cierto en todas nuestras pruebas. Ese invisible “más”, que conocemos por fe, es una parte esencial de la realidad.

Para los cristianos quienes están decididos a vivir en la realidad, hay solo un camino hacia delante. Debemos aprender con Pablo a estar “entristecidos mas siempre gozosos” (2Co 6:10). Entristecidos cuando sufrimos pérdidas y cuando nuestras esperanzas y planes son derribados, y, sin embargo, gozosos porque Cristo vive. Él gobierna. Él nos ama y cuida de nosotros y está obrando la realidad de que ninguna promesa que nos ha dado fallará jamás.

El mejor camino

Este es sin dudas el camino emocional más difícil, pero es el mejor. También es el correcto. Sería mucho más fácil calibrar nuestras emociones por una sola realidad y excluir la otra. Puedes negar el dolor que tus sentidos te aseguran que es cierto y sentirte espiritual en el proceso porque solamente permites que las realidades invisibles se sientan. O puedes dejar que lo que ves y experimentas te abrume  al punto de la desesperación como si no existieran realidades invisibles que deben ser tomadas en cuenta. En otras palabras, puedes reaccionar ante las pruebas ya sea con tristeza o con gozo, exclusivamente una o la otra. Sin embargo, ambas de estas posibilidades solamente toman en cuenta una parte de la realidad. Permitirte estar “entristecido” y “gozoso” es el camino que toma en consideración toda la realidad —tanto la visible como la invisible—. Y esta capacita a los cristianos para mostrar la fe genuina en nuestro crucificado y resucitado Salvador a medida que continuamos nuestro peregrinaje en este valle de lágrimas.

Para los cristianos hay solo un camino hacia delante. Debemos aprender con Pablo a estar “entristecidos mas siempre gozosos” (2Co 6:10). / Foto: Envato Elementents

Este artículo se publicó originalmente en Founders Ministries

Tom Ascol

Tom se ha desempeñado como Pastor de la Iglesia Bautista Grace desde 1986. Antes de mudarse a la Florida sirvió como pastor en iglesias en Texas. Él tiene una licenciatura en sociología de Texas A & M University (1979) y también tiene un MDiv y un PhD de Southwestern Baptist Theological Seminary in Ft. Worth, Texas. Tom es el Director Ejecutivo de los Ministerios Fundadores. Él y Donna tienen diez hijos, incluyendo tres yernos y una nuera. También tienen 7 nietos.

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