Octubre 19
Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de Su cuerpo (Efesios 5:29-30).
No pases por alto la última frase: “Porque somos miembros de Su cuerpo”. Y no olvides lo que Pablo dijo dos versículos antes: que Cristo se entregó por nosotros «a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia en toda su gloria”. Así, de dos maneras diferentes, Pablo deja claro que Cristo buscó Su gozo buscando la santidad, la belleza y la felicidad de Su pueblo.
La unión entre Cristo y Su esposa es tan cercana (“una sola carne”) que cualquier bien que se le haga a ella es un bien que se le hace a Él mismo. Esto significa que la clara afirmación de este texto es que el Señor se siente impulsado a nutrir, cuidar, santificar y purificar a Su esposa porque en esto encuentra Su gozo.
Según algunas definiciones, esto no puede ser amor. El amor, dicen, debe estar libre de egoísmo, especialmente el amor cristiano, especialmente el amor del Calvario. Nunca he visto una visión del amor que se ajuste a este pasaje de las Escrituras.
Sin embargo, lo que Cristo hace por Su novia, este texto lo llama claramente amor: “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia…” (Efesios 5:25). ¿Por qué no dejar que el texto nos defina lo que es el amor, en lugar de tomar nuestra definición del amor desde la ética o la filosofía? Según este texto, el amor es la búsqueda del gozo de Cristo en el santo gozo de quien Él ama.
No hay manera de excluir el interés propio del amor, pues el interés propio no es lo mismo que el egoísmo. El egoísmo busca su propia felicidad privada aprovechándose de los demás.
El amor cristiano busca su felicidad en la felicidad de los demás, sin aprovecharse de los demás. Incluso sufrirá y morirá por quien ama para que su gozo se complete en la vida y la pureza del ser amado.
Así nos amó Cristo, y así nos llama a amarnos unos a otros.
