Octubre 17
El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad (Efesios 4:28).
Hay tres niveles de cómo vivir con los bienes materiales: (1) puedes robar para obtenerlos; (2) puedes trabajar para obtenerlos; (3) puedes trabajar para obtenerlos con el propósito de dar.
Muchos cristianos profesantes viven en el segundo nivel. Glorificamos el trabajo en lugar del robo y de aprovecharse de otros, y creemos que actuamos virtuosamente si rechazamos tales cosas y nos dedicamos a trabajar honestamente por un salario justo. Eso no es malo. Trabajar es mejor que robar y que aprovecharse de otros. Pero no es a eso a lo que nos llama el apóstol.
Casi todas las fuerzas de nuestra cultura nos animan a vivir en el segundo nivel: trabajar para obtener. Pero la Biblia nos impulsa implacablemente al tercer nivel: trabajar con el propósito de dar. “Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).
¿Por qué nos bendice Dios con abundancia? Para que tengamos lo suficiente para vivir y luego usemos el resto para toda clase de buenas obras que alivien la miseria espiritual y física, el sufrimiento temporal y eterno. Suficiente para nosotros; abundancia para los demás.
El asunto no es cuánto gana una persona. Las grandes industrias y los grandes salarios son una realidad de nuestros tiempos, y no son necesariamente malos. El mal reside en ser engañados y creer que un gran salario debe ir acompañado de un estilo de vida lujoso.
Dios nos creó para ser canales de Su gracia. El peligro está en pensar que el canal debería estar revestido de oro. No se necesita oro. El cobre servirá. El cobre puede brindar riquezas increíbles a otros. Y en el mismo proceso de dar, disfrutamos de la mayor bendición (Hechos 20:35).
