Octubre 15
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten”. Filipenses 4:8
Anhelamos conocer la paz de Dios y sentir Su presencia. Pero la paz de Dios, que guarda nuestros corazones y mentes (Fil 4:7), no se produce en el vacío. No sucederá espontáneamente. La paz permanente de Dios solo se experimentará cuando entrenemos nuestras mentes en lo que le agrada. Entonces, para conocer la paz, primero pregunte: “¿Cuál debería ser mi patrón de pensamiento?”.
Este versículo da la respuesta de Pablo. Él nos anima a construir nuestro marco de pensamiento sobre la base de lo que es excelente y digno de elogio. Con ese fin, nos proporciona una lista de seis virtudes fundamentales de una vida de pensamiento cristiano.
La primera es la verdad. El cinturón de la verdad debe ser atado antes de que podamos beneficiarnos de cualquier otro aspecto de la armadura de Dios (Ef 6:14). Así que aquí, la verdad, encontrada objetivamente en Cristo y experimentada subjetivamente al proclamarnos el evangelio a nosotros mismos y a los demás, es lo primero. Segundo, Pablo nos dirige hacia “lo que sea digno”. Fijar nuestras mentes en lo que es majestuoso o impresionante es lo opuesto a contemplar lo que es inmoral y terrenal. Como creyentes, no debemos alimentar nuestras mentes con entretenimiento basura o trivialidades similares, que preocupan a gran parte de nuestra sociedad secular. En cambio, debemos pensar en lo que eleva nuestras almas hacia arriba, hacia Dios y Sus grandes obras. Tercero y cuarto, Pablo nos llama a tomar decisiones basadas en lo que es justo y puro en lugar de lo que es conveniente o gratificante. Fue esta forma de pensar la que distinguió a José de David en situaciones similares, porque cuando José fue perseguido por la esposa de Potifar, tomó la decisión de huir de ella sobre la base de lo que era correcto, no de lo que era fácil o instantáneamente agradable para él (Gn 39:6-12). David, por otro lado, siguió sus sentimientos y cometió una gran injusticia al acostarse con Betsabé y asesinar a su esposo (2S 11). Ser una persona salva no nos inmuniza de la impiedad, que comienza en la mente y termina en la acción pecaminosa; pensar como lo hace una persona salva. Quinto y sexto, debemos pensar en todo lo amable y todo lo honorable, como se traduce en la versión Reina Valera 1960, “todo lo que es de buen nombre”. Cuando pensamos de esta manera, escucharemos palabras que construyen personas en lugar de palabras que derriban, decepcionan y destruyen. Esta es una mentalidad que promueve el amor fraternal y acompaña la gracia de Dios mientras trabaja en nuestras vidas.
Adapta tu pensamiento al patrón que Pablo proporciona y asegúrate de acompañarlo con oración (Fil 4:6-8), y te quedará muy poco espacio para la ansiedad, ese estado mental que interrumpe la paz y destruye la alegría que tan a menudo se cuela en nuestras vidas. En su lugar, entrena tu mente para meditar en los pensamientos de Dios, y podrás experimentar una mayor medida de Su paz y presencia.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
