Octubre 16
El Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso (Éxodo 34:14).
Dios es infinitamente celoso del honor de Su nombre y responde con terrible ira contra aquellos cuyos corazones deberían pertenecerle, pero buscan otras cosas, como cuando un cónyuge que va tras un amante.
Por ejemplo, en Ezequiel 16:38-40, Dios le dice al infiel Israel:
Te juzgaré como son juzgadas las adúlteras y las que derraman sangre, y traeré sobre ti sangre de furor y de celos. También te entregaré en manos de tus amantes y ellos derribarán tus santuarios, destruirán tus lugares altos, te despojarán de tus vestidos, te quitarán tus bellas joyas y te dejarán desnuda y descubierta. Provocarán contra ti a una multitud, y te apedrearán y te harán pedazos con sus espadas
Te animo a escuchar esta advertencia. El celo de Dios por tu amor y devoción incondicionales siempre tendrá la última palabra. Cualquier cosa que aleje tus afectos de Dios con engañosas tentaciones se volverá en tu contra para desnudarte y destrozarte.
Es horrible usar la vida que Dios te dio para cometer adulterio contra el Todopoderoso.
Pero para quienes se han unido verdaderamente a Cristo y cumplen sus votos de abandonar a todo lo demás, y unirse solo a Él y vivir para Su honor, el celo de Dios es un gran consuelo y una gran esperanza.
Debido a que Dios es infinitamente celoso del honor de Su nombre, cualquier cosa que amenace el bien de Su fiel esposa se enfrentará a la omnipotencia divina. Esas son buenas noticias para la esposa fiel, el pueblo fiel de Dios.
El celo de Dios es una gran amenaza para quienes se prostituyen, venden su corazón al mundo y tratan de engañar a Dios (Santiago 4:3-4). Pero Sus celos son un gran consuelo para aquellos que cumplen sus votos del pacto y se convierten en extranjeros y peregrinos en el mundo.
Devocional tomado del sermón “The Lord Whose Name Is Jealous”.
