Octubre 18
Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia en toda su gloria (Efesios 5:25-27).
La razón por la que hay tanta miseria en el matrimonio no es que los esposos busquen su propio placer, sino que no lo buscan en el placer de sus cónyuges. El mandato bíblico para los esposos es buscar su propio gozo en el gozo de su cónyuge.
Difícilmente, hay un pasaje más hedonista en la Biblia que el que trata sobre el matrimonio en Efesios 5:25-30. A los esposos se les dice que amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia.
¿Cómo Cristo amó a la iglesia? El versículo 25 dice que “se dio Él mismo por ella”. ¿Pero por qué? El versículo 26 dice que “para santificarla” y purificarla. ¿Pero por qué quiso hacer eso? El versículo 27 responde que fue “a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia en toda su gloria”.
¡Ah! ¡Ahí está! “Por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz” (Hebreos 12:2). ¿Qué gozo? El gozo del matrimonio con Su esposa, la iglesia. El gozo de presentársela a Sí mismo en una gloria comprada con sangre.
Jesús no pretendía tener una esposa sucia e impía. Por tanto, estuvo dispuesto a morir para santificar y purificar a Su prometida y así presentársela a Sí mismo como una esposa “en toda su gloria”. Obtuvo el deseo de Su corazón al entregarse al sufrimiento por el bien de Su esposa.
Después, Pablo aplica esto a los esposos en los versículos 28-30: “Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de Su cuerpo”.
Jesús les había dicho a los esposos y esposas, y a todas las personas: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). El matrimonio es un lugar extraordinario para la aplicación de este mandato. No se trata simplemente de “como” te amas a ti mismo. Sino de la realidad de que te amas a ti mismo. Cuando amas a la persona con quien Dios te ha hecho una sola carne, te amas a ti mismo. Es decir, tu mayor alegría está en buscar la mayor alegría de tu cónyuge.
