No cabe duda de que hay muchas frases que se repiten con regularidad en tu hogar: “Si no es tuyo, no lo toques”. “Piensa antes de hablar”. “No está terminado hasta que está bien hecho”.
Uno de los conceptos que se citan repetidamente en mi hogar y ministerio es: “Si tu filosofía no funciona el cien por ciento del tiempo, necesitas una nueva filosofía”.
Dedico mucho tiempo a desarrollar el concepto de “filosofías de fracaso” con las familias a las que aconsejo, porque es sumamente valioso. Pero ¿qué es una filosofía de fracaso?
Fracaso
Como su nombre lo indica, esta filosofía está destinada al fracaso. Puede estar fallando actualmente (y con frecuencia así es), o está garantizado que fallará en algún momento en el futuro.
Filosofía
Esta palabra básicamente significa: “¿Por qué haces lo que haces?”. Es la motivación de tu conducta. Es lo mismo que una cosmovisión o sistema de creencias.
Por tanto, “una filosofía de fracaso es un sistema de creencias destinado a destruirte”. El Salmo 14:1 ilustra una poderosa filosofía de fracaso: “Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios’”.

Esta creencia afecta todo lo que hace el necio. Cómo se relaciona con las personas, cómo trabaja, cómo come e incluso la manera en que vacaciona, está motivada, en parte, por la falsa filosofía de que Dios no existe. Y debido a esta cosmovisión, es probable que el necio experimente los siguientes fracasos:
Fracaso presente
Si vivimos en cualquier área de nuestra vida rechazando la existencia y la autoridad de Dios, fracasaremos de manera constante. Proverbios nos dice que el trabajo fracasa, las relaciones fracasan, la administración del dinero fracasa… todo fracasa. Aun si se experimenta “éxito” mundano en estas áreas, Dios nos enseña en Proverbios 21:4 que las obras diarias de los inconversos son pecado, porque, como enseñan Romanos 8:7-8, los incrédulos son, por naturaleza, hostiles hacia Dios y no son capaces de agradarle.

Fracaso futuro
Si se continúa creyendo la mentira de que Dios no existe, no se seguirá fracasando en el futuro como ya sucede ahora, sino que un día se experimentará la destrucción final: una eternidad en el infierno.
Entonces, ¿cómo podemos identificar estas filosofías de fracaso en nuestros hogares? Estas son las tres principales a las que debemos prestar atención:
1. Filosofías inconsistentes
Las filosofías inconsistentes afectan la manera en que trato a las personas en relación con otras personas. Dios espera que ame a todos con el mismo amor. No puedo amar a unos más que a otros. Sin embargo, también hay aplicaciones más prácticas de esto.
En la mayoría de las escuelas privadas, a los maestros se les permite usar dispositivos móviles, pero a los estudiantes no. Esto no es inconsistente, porque los estudiantes y el personal no operan con el mismo nivel de responsabilidad y autoridad.

Pero ¿qué pasaría si a un maestro no se le permitiera usar un dispositivo móvil, mientras que a los demás sí? Eso probablemente sería una señal de inconsistencia si la regla se aplicara de manera inapropiada.
Sin embargo, ese maestro podría haberse ganado ese trato diferenciado si hubiera descuidado sus responsabilidades laborales por culpa de YouTube.
Quizás tengas que tratar a tus hijos de manera diferente, pero necesitas una razón sólida, lógica y bíblica para hacerlo.
La clave es cuestionar intencionalmente por qué haces lo que haces (tu filosofía). Si te das cuenta de que estás tratando a uno de tus hijos mejor que a otro simplemente porque lo prefieres… estás encaminado al fracaso.

2. Filosofías hipócritas
Las filosofías hipócritas afectan la manera en que trato a los demás en relación con cómo quiero que ellos me traten a mí.
Imagina que la persona A le dice algo desagradable a la persona B, y entonces la persona B golpea a la persona A. Cuando le pregunto a “B” por qué golpeó a “A”, generalmente escucho algo como: “Bueno, él…”, seguido de una historia detallada sobre todas las cosas malas que hizo la otra persona. Entonces pregunto: “¿Pensaste que estaba bien golpearlo por decirte algo desagradable?”. Con frecuencia, la persona responde: “Sí”.
Entonces continúo: “¿Y entonces qué tiene derecho a hacerte él a ti porque tú lo golpeaste? Si tú puedes golpearlo en el brazo porque dijo algo que no te gustó, ¿entonces él puede darte una patada en la cara porque tú lo golpeaste en el brazo? ¿Y después qué podrías hacerle tú? ¿Quemar toda su ropa? Pero entonces, como tú quemaste su ropa, si vamos a seguir tu filosofía de vida, supongo que estaría bien que él matara a tu perro”.

No hace falta mucho de esto para que se dé cuenta de que no quiere que la otra persona use su propio razonamiento en su contra. También ve rápidamente que este tipo de conflictos no tiene fin. Si realmente viviéramos así, ¡todos estaríamos muertos!
Es fácil justificar emocionalmente la represalia en el momento, pero es un razonamiento profundamente defectuoso.
Pero ¿qué hay de nosotros, los padres? ¿Cuántas veces justificamos hacer lo incorrecto diciendo: “Soy el padre?”. ¿Está bien que levantemos la voz cuando no nos gusta lo que está sucediendo? ¿Está bien que digamos groserías, que bebamos, que fumemos? ¿Está bien que veamos películas que no permitiríamos ver a nuestros hijos? ¿Está bien que actuemos de forma impulsiva? ¿Está bien comer a escondidas, usar mal la Palabra de Dios para obtener lo que queremos, exceder los límites de velocidad, quedarnos dormidos en la iglesia, ser perezosos y olvidar hacer algo que prometimos?
Si somos honestos con nosotros mismos, cuando “lo que es bueno para uno no lo es para otro”, entonces es posible que estemos viviendo conforme a una filosofía de fracaso.

Por supuesto, también hay muchos casos en los que la subjetividad entra en juego en esta categoría. Yo puedo conducir un automóvil; mi hijo de siete años no. Está bien que yo tenga un teléfono que uso para glorificar a Dios, aunque mi hijo adolescente que lucha con la pornografía no pueda tener uno. La clave es no excusar el pecado en nuestra vida mientras lo condenamos en otros.
3. Filosofías engañosas
Las filosofías engañosas afectan la manera en que respondo a la verdad absoluta de Dios. Si todas las cosas son como Dios dice que son, entonces debo confiar en Su Palabra.
No importa cuán bien te sientas al respecto, qué tan “bien” haya funcionado en el pasado o cuán planificado esté, la idea de que está bien robar es una filosofía de fracaso, porque Dios ha establecido claramente por qué robar está mal.

Por la misma razón, la pereza en el trabajo, una crianza provocadora, la glotonería, la preocupación, el chisme, la lujuria y el hablar con falta de bondad también están mal. Participar en estas cosas demuestra que estamos lo suficientemente engañados como para pensar que podemos pecar y no rendir cuentas.
Esta categoría incluye tanto las filosofías inconsistentes como las hipócritas. Si soy inconsistente o hipócrita, estoy engañado si creo que la vida funcionará.
¿Pensamos que está bien “seguir nuestro corazón”? ¿Glorifica a Dios comer lo que queramos, cuando queramos? ¿Ha establecido Dios límites sobre cómo y en qué gastamos nuestro dinero? ¿Está bien ser un “cristiano de clóset”? ¿Es realmente opcional asistir a la iglesia? ¿Es la evolución darwiniana una creencia que honra a Cristo? ¿Es irrelevante el tipo de música que escuchamos?

Conclusión
Erradicar las filosofías de fracaso es algo que debemos hacer constantemente con nosotros mismos, con nuestros cónyuges, con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo e incluso con desconocidos. Es el fundamento del evangelismo y del discipulado. Es el núcleo de nuestra relación con Dios: ¿elegiré creer lo que Él dice o rechazaré Su verdad?
Recuerda que las filosofías de Dios son las únicas que garantizan el éxito. Toda idea, pensamiento, sueño o creencia en nuestra familia que contradiga la realidad de Dios está destinada al fracaso. Tómate un tiempo esta semana para ayudar a tu familia a ver la vida como Dios la ve y a desarraigar esas filosofías de fracaso.
