Seis observaciones de un consejero familiar, que todo cristiano debe conocer

El orgullo nos hace buscar personas que confirmen lo que ya decidimos. ¿A quién le estás permitiendo decirte la verdad?
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Por la gracia de Dios, he tenido el privilegio de ser consejero bíblico durante más de 20 años, y quiero compartir seis cosas que el Señor me ha enseñado a lo largo del camino.

1. Todos los cristianos son consejeros bíblicos

¿Es posible estudiar consejería como profesión, certificarse y convertirse en una voz respetada en el campo más amplio conocido como consejería bíblica? Sí.

Sin embargo, bíblicamente hablando, todos los cristianos son llamados por Dios a exhortar, reprender, corregir, amonestar, edificar, animar, discipular, afilarse unos a otros y sobrellevar las cargas (1Ts 5:14; 2Ti 4:2; 1Ti 5:20; 1Ts 5:11; Heb 3:13; Mt 28:19; Pro 27:17; Ga 6:2).

Nadie que se llame discípulo de Cristo debería sentirse incapaz de aconsejar, siempre que comparta la verdad de Dios, es decir, la Palabra de Dios, con el amor de Dios. Muchas veces me encuentro tratando con personas que han tenido autoridades espirituales que han descuidado sus responsabilidades. No delegues la consejería únicamente a tu pastor o a algún “profesional”. ¡Comparte la Palabra de Dios!

Nadie que se llame discípulo de Cristo debería sentirse incapaz de aconsejar / Foto: Lightstock

2. Todos necesitamos consejería bíblica

Así como todos estamos llamados a ser consejeros bíblicos, también estamos llamados a recibir consejo con fidelidad.

Ninguno de nosotros toma decisiones perfectamente santificadas todos los días, todo el día. Yo sé con certeza que yo no lo hago. Por tanto, todos necesitamos hombres y mujeres en nuestra vida que nos mantengan responsables y a quienes podamos acudir en busca de la verdad de Dios.

Tú no eres la excepción. Yo tampoco. Por esta razón, procuro seguir al Señor aplicando el sermón del domingo a mi vida. También tengo un grupo cercano de hombres y mujeres a quienes recurro regularmente para recibir consejo y rendir cuentas. Pero Dios también quiere que estemos involucrados en el discipulado cercano, de vida a vida. Por eso tengo varias personas que me discipulan. Además, leo artículos y escucho podcasts con regularidad porque sé que necesito crecer. Y claramente, tú entiendes la importancia de esto, o no estarías leyendo este artículo.

Todos estamos llamados a dar consejo bíblico y a recibirlo. / Foto: Lightstock

3. Nuestras opiniones no importan

A los seres humanos nos gusta buscar a quienes estén de acuerdo con nuestras decisiones y añadir otra voz a un círculo que solo confirma lo que ya pensamos. Pero necesitamos buscar hombres y mujeres que, independientemente de lo que piensen de ti o de tu decisión, te compartan la verdad de la Palabra escrita de Dios.

Todos tienen una opinión, pero si sus ideas no están fundamentadas en la verdad absoluta, no hay certeza de su origen. ¿Realmente quieres basar tu vida en Wikipedia, en las emociones cambiantes de un amigo, en programas de entretenimiento o en filosofías humanas que cambian constantemente? Efesios 4:14-15 nos dice que ya no debemos ser como niños, llevados de un lado a otro por todo viento de doctrina, sino que, hablando la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, Cristo. La verdad de Dios, en el amor de Dios, es todo lo que necesitamos.

Busca personas que te digan la verdad de la Palabra, sin importar lo que piensen de ti. / Foto: Lightstock

4. A veces Dios permite que el pecado destruya al pecador

“Salir impune” del pecado nunca es lo que parece. Tu pecado siempre es conocido por Dios, y por lo que veo en la Biblia, en la historia y en la experiencia personal, es siempre mejor que tu pecado salga a la luz más temprano que tarde.

Romanos 1:18-32 describe lo que sucede con las personas no salvas cuando Dios las entrega a su pecado. No es algo agradable. ¡Busca ayuda a tiempo!

Y aunque Dios no abandona a sus hijos, las caídas de muchos “pastores reconocidos” nos enseñan que las consecuencias siempre son más llevaderas en la primavera del pecado que en el invierno.

Es mejor que tu pecado salga a la luz más temprano que tarde. / Foto: Lightstock

5. Dios disciplina a los que ama

Cuando somos confrontados por un pecado, la tentación es ponernos a la defensiva. La autoridad parece el “antagonista”, hemos sido “descubiertos” y ahora tendremos que “sufrir consecuencias”. Pero en realidad, Hebreos 12:6 y Apocalipsis 3:19 nos dicen que Dios disciplina a los que ama.

Esto significa que la disciplina es algo bueno, diseñado para comunicarnos el amor de Dios. Él sabe que el pecado nos destruirá y no quiere que eso ocurra, por eso permite que salga a la luz. Debemos estar agradecidos por las personas que Dios usa para hablarnos con la verdad. Dios no se ha rendido con nosotros; tiene un plan maravilloso y está obrando activamente en nuestras vidas para cumplirlo.

Cuando somos confrontados por un pecado, la tentación es ponernos a la defensiva. / Foto: Envato Elements

6. Mamá y papá necesitan tanta exhortación como los hijos

Sé que esto suena parecido al punto 2, pero hay algo realmente engañoso en la paternidad que afecta a muchos. Yo también soy padre. Nadie es un padre perfecto, y no engañamos a nadie pretendiendo serlo. Lo único que impide a los padres reconocer sus errores al criar a sus hijos es el orgullo.

Cuando mis hijos toman malas decisiones, primero me examino a mí mismo. No me malinterpretes: ellos son responsables delante de Dios por sus decisiones, pero yo reviso si he sido un mal ejemplo, si he permitido conductas incorrectas o si he fallado en discipularlos.

Lo único que impide a los padres reconocer sus errores al criar a sus hijos es el orgullo. / Foto: Envato Elements

Y, aunque no lo creas, cuando mis hijos tienen problemas constantes con el pecado… siempre hay algo que yo puedo hacer mejor. Por eso, cada vez que trabajo con un niño, procuro hablar también con sus padres. El punto es este: no seas orgulloso. Tú también necesitas crecer.

Resumen

  • Mamá y papá necesitan tanta exhortación como los hijos.

  • La disciplina es una expresión del amor de Dios.

  • Si no nos arrepentimos, debemos recordar que a veces Dios permite que el pecado nos destruya.

  • Nuestras opiniones no son la base; la Escritura lo es.

  • Todos necesitamos exhortación.

  • Todos estamos llamados a aplicar la verdad de Dios en la vida de los demás.

Sé que esto puede parecer abrumador, y sí, 20 años de ministerio hacen que sea más fácil aconsejar en casos difíciles. Pero mi consejo proviene de la Biblia, y el tuyo también debería provenir de ella. El hecho de que la sabiduría perfecta de Dios esté disponible en Su Palabra, y que solo necesitemos buscarla y compartirla con amor, debería animarte y motivarte a intentarlo.

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Jhon Montaña

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