Dios demanda que se respete la propiedad ajena

Llegamos al octavo mandamiento mosaico que de forma concisa y directa dice: No hurtarás; de esta manera continuamos con los mandamientos horizontales
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Llegamos al octavo mandamiento mosaico que de forma concisa y directa dice: No hurtarás; de esta manera continuamos con los mandamientos horizontales, es decir ordenanzas enfocadas en el hombre con su prójimo, ordenanzas enfocadas en el bienestar y estabilidad de la sociedad; pues en general si se cumpliera con este mandamiento, desde luego que habría un sentido de seguridad en nuestras sociedades, donde cada quién tendría lo suyo por méritos propios. Veamos entonces qué significa este mandamiento, cuál es la razón del mismo y cuáles las consecuencias. 

El Significado

Literalmente el No hurtarás No robarás como dicen otras traducciones, se refiere sencillamente a no tomar lo que no le pertenece, a no tomar ni para sí ni para otro cualquier cosa ajena, en otras palabras este mandamiento tiene que ver con el respeto que se le debe a la propiedad privada; cosa que es muy importante de notar en las Escrituras, pues a diferencia de lo que dicen algunos modelos filosóficos y económicos, Dios aprueba la propiedad privada, si bien Él es Dueño de toda la tierra y de sus recursos, nos da a nosotros el privilegio de ser sus mayordomos (Lev 25:23; Sal 24:1-2).  Ahora bien, el no robar no solo se refiere a privar a alguien de un objeto o de algo material, sino que va más allá, pues hay cosas no materiales o no tangibles que se pueden robar como por ejemplo la autoestima, la dignidad, el honor, la reputación, el reconocimiento, los derechos e incluso la verdad, pues el engaño es una forma de robar o privar de la verdad a alguien [1]. Este mandamiento se enfoca en dejar que cada quien tenga lo que le corresponde, las propiedades deben estar bajo sus dueños legítimos y el honor a quien honor merece, toda reputación y dignidad debe ser propia forjada por méritos propios. Que lo que una persona tenga sea por caminos legítimos y honestos. 

La Razón

¿Por qué Dios condena el hurto? ¿Por qué está mal robar? En primer lugar, robar es pecado porque es una ofensa al prójimo. Dios nos manda a amar a nuestro semejante (Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Marcos 12:31)  y en ese amor a respetar lo que es suyo, pues en Mateo 7:12 dice: Todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas.  En segundo lugar, robar es pecado porque es una ofensa a Dios (Proverbios 30:9); pues el Señor nos dice que cada quien debe tener lo que le corresponde. El Creador honra la honestidad e integridad del ser humano, y desea que cada quien tenga lo suyo conforme al trabajo que realice, por ello dice que Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma (2 Tesalonicenses 3:10). Y en Efesios 4:28 dice: El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. Por ello decimos que es una ofensa a Dios, porque es desobedecer su voluntad al trabajo y al no hurtar.  Además, el robar también es una ofensa a Dios porque es una forma de decirle al Creador que no es Soberano y que no es Bueno. Esto porque al hurtar se está diciendo que no se está conforme con lo que se tiene, sino que en su orgullo el ladrón cree que merece más, por ello Filipenses 4:12-13 dice:  No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.  Y en tercer lugar, robar es pecado porque es una ofensa a sí mismo; pues es decir que por méritos propios no se puede conseguir el sustento necesario. Dios nos da ejemplo de trabajo, esto lo podemos ver en la creación donde Dios trabajó y dijo que esto era bueno, y le ordenó a Adán que trabajara. También en Juan 5:17 podemos ver el ejemplo Divino, pues dice: Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo». Por tanto, si Dios ha dicho que el trabajo es bueno, Él quiere que cada quien coma su propio pan con su propio trabajo (2 Tesalonicenses 3:11-12) y Proverbios 12:11 dice: El que labra su tierra se saciará de pan, Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento. De manera que robar también es una ofensa hacía el mismo que comete el robo, porque es la voluntad  de Dios que el hombre trabaje y que con su trabajo se sostenga a sí mismo y a su familia (1 Timoteo 5:8). 

Las Consecuencias

Si bien sabemos que Dios es Amor, y que hay perdón para todo aquel que venga a Cristo en arrepentimiento de sus pecados, también sabemos que Dios es Justo y en Su justicia tiene que pagar a cada quien de acuerdo a sus obras (Romanos 2:6). Es por esto que el Señor le dio reglamentos a la nación de Israel, estipulando así casos como los del hurto, esto lo podemos ver por ejemplo en Éxodo 22:1-15, donde se habla de la restitución; cuando un ladrón era descubierto, tenía por ley que pagar una restitución que en ocasiones era hasta cinco veces más de lo que había robado, y si no tenía con que pagar, debía entonces venderse como esclavo. También en el caso de que el robo fuese de una persona (secuestro) para venderla o para hacerla esclava, el castigo era la muerte, pues se estaba privando a un ser humano de sus derechos de libertad (Deuteronomio 24:7).  Ahora, lo que se acaba de explicar era tocante a la nación de Israel, por tanto, no es una regla a seguir para todos, pues, así como un israelita debía seguir las estipulaciones de su gobierno, de la misma manera cada uno de nosotros estamos llamados a seguir las estipulaciones del gobierno en el que vivimos, claro está, siempre y cuando no vayan en contra de un principio bíblico. Por esto, en este tema, tocaría ver cómo se castiga o qué consecuencias hay en donde se cometa el delito, desde luego esto dependerá del tipo del robo y de las leyes propias del país, nación o estado en contexto. El punto es que Dios ha designado autoridades para castigar la maldad y así dar estabilidad a la sociedad (Romanos 13:3-5). 

Conclusión

Dios en diversas ocasiones le dijo a Israel que quería que fueran santos y perfectos así como Él es Santo y perfecto (Levíticos 19:2; Deuteronomio 18:13); y para esa santidad y perfección era necesario cumplir con los mandamientos de Jehová, era necesario cumplir con el mandamiento de respetar la propiedad ajena, pues con la obediencia a este mandamiento se mostraría obediencia y honra al Creador, amor por el prójimo y confianza en la soberanía y bondad Divina; principios que siguen vigentes hoy (Efesios 4:28), por tanto el mandamiento está vigente para nosotros, está vigente para toda generación y para toda edad, está vigente tanto para el adulto que por necesidad o simple tentación toma lo que no es suyo, como para el niño que toma un juguete o lápiz que no es suyo. Que Dios nos ayude a inclinar nuestro corazón a sus mandamientos y reconocer que, así como a Israel, Dios nos sigue diciendo hoy no hurtarás. 


[1] Walton John, Matthews Victor y Chavalas Mark. Comentario del Contexto Cultural de la Biblia: Antiguo Testamento. Editorial Mundo Hispano, El Paso, TX, p 94. 

Douglas Torres

Douglas Torres

Graduado del seminario bíblico Río grande (Edinburg, Texas), en la actualidad cursa una maestría en teología en el seminario Teológico bautista de Venezuela. Es facilitador del Seminario Teológico Ministerial (SETEMI), prosefor del Centro de Capacitación bíblica para pastores y maestro de la iglesia bautista Nuevo Amanecer en Bocono Edo Trujillo. Está casado con Erika de Torres y juntos tienen dos hijos, Douglas Davet y Naryet Orel Torres.

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