¿Cristo murió por nosotros o por Dios?

Cada pecado perdonado ponía en juego la justicia de Dios, y la muerte de Cristo fue Su manera de vindicar Su gloria sin destruirnos.
Foto: Lightstock

Dios exhibió [a Cristo] públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús (Romanos 3:25-26).

Una de las razones por las que resulta difícil transmitir la realidad bíblica a las personas modernas y seculares, es que la mentalidad bíblica y la mentalidad secular parten de puntos radicalmente diferentes.

Lo que quiero decir con mentalidad secular no es necesariamente una mentalidad que descarta a Dios o niega en principio que la Biblia sea verdadera. Es una mentalidad que parte del hombre como la realidad básica dada en el universo. Todo su pensamiento comienza con la suposición de que el hombre tiene derechos, necesidades y expectativas básicas. Así, la mente secular se aleja de este centro e interpreta el mundo, con el hombre y sus derechos y necesidades como la medida de todas las cosas.

Lo que la mentalidad secular ve como problemas se considera así debido a cómo las cosas encajan o no encajan con el centro: el hombre y sus derechos, necesidades y expectativas. Y lo que esta mentalidad ve como éxitos se considera así porque encaja con el hombre y sus derechos, necesidades y expectativas.

La mentalidad bíblica y la mentalidad secular parten de puntos radicalmente diferentes. / Foto: Lightstock

Esta es la mentalidad con la que nacimos y que nuestra sociedad secular refuerza prácticamente a cada hora del día en nuestras vidas. El apóstol Pablo llama a esta mentalidad “la mente puesta en la carne” (Ro 8:6-7), y dice que es la forma en que piensa “el hombre natural” (1Co 2:14). Es una parte tan integral de nosotros que apenas nos damos cuenta de que está allí. Simplemente la damos por sentada, hasta que choca con otra mentalidad; la de la Biblia.

Nuestra cosmovisión comienza con Dios

La mentalidad bíblica no consiste simplemente en incluir a Dios en algún lugar del universo y afirmar que la Biblia es verdadera. La mentalidad bíblica parte de un punto radicalmente diferente: Dios. Dios es la realidad básica y dada en el universo. Él estaba allí antes de que nosotros existiéramos, o antes de que existiera cualquier cosa. Él es, sencillamente, la realidad más absoluta.

Por eso, la mentalidad bíblica parte de la suposición de que Dios es el centro de la realidad. Todo pensamiento parte de la suposición de que Dios tiene derechos fundamentales como Creador de todas las cosas. Él tiene objetivos que se ajustan a Su naturaleza y carácter perfecto. Así, la mentalidad bíblica se desplaza desde este centro e interpreta el mundo, tomando a Dios, Sus derechos y objetivos, como la medida de todas las cosas.

La mentalidad bíblica parte de la suposición de que Dios es el centro de la realidad. / Foto: Lightstock

Lo que la mentalidad bíblica ve como problemas básicos en el universo no suele ser lo mismo que ve la mentalidad secular. La razón de esto es que lo que constituye un problema no es, en primer lugar, que algo no se ajuste a los derechos y necesidades del hombre, sino que no se ajuste a los derechos y objetivos de Dios. Si uno parte del hombre y sus derechos y deseos, en lugar de partir del Creador y sus derechos y objetivos, los problemas que verá en el universo serán muy diferentes.

¿Es el enigma básico del universo, cómo proteger los derechos del hombre y resolver sus problemas (por ejemplo, el derecho a la autodeterminación y el problema del sufrimiento)? ¿O es el enigma básico del universo, cómo un Dios infinitamente digno, en completa libertad, puede manifestar toda la gama de Sus perfecciones (lo que Pablo llama “las riquezas de Su gloria” [Ro 9:23]) santidad, poder, sabiduría, justicia, ira, bondad, verdad y gracia?

Cómo respondas a esa pregunta afectará profundamente la manera en que comprendes el evento central de la historia humana: la muerte de Jesús, el Hijo de Dios.

Cuando el hombre ocupa el lugar del Creador, cambian también las preguntas con las que interpreta el mundo. / Foto: Unsplash

Presento nuestro texto (Ro 3:25-26) con esta larga reflexión sobre el poder de nuestros puntos de partida, porque el problema más profundo que la muerte de Jesús, por diseño, debía resolver, es prácticamente incomprensible para la mentalidad secular. Es por eso que esta verdad sobre el propósito de la muerte de Cristo es apenas conocida, y mucho menos apreciada, como parte de la piedad evangélica cotidiana. Nuestra mentalidad cristiana está tan sesgada por el antropocentrismo (el hombre en el centro) natural y secular que apenas podemos comprender o amar el teocentrismo (Dios en el centro) de la cruz de Cristo.

“El significado más profundo de la cruz”

Nuestra perspectiva es muy limitada. Iremos más allá del asunto de la justificación, la reconciliación y el perdón, hasta llegar al fondo y al fundamento de todo ello: a lo que C. E. B. Cranfield denomina “el significado más profundo de la cruz” (La epístola a los romanos, 213).

A lo que debes prestar atención al leer este texto es el problema en el universo que la mentalidad bíblica (la mentalidad de Dios) está tratando de resolver por medio de la muerte de Cristo. ¿En qué se diferencia de los problemas que la mentalidad secular dice que Dios tiene que resolver?

Dios exhibió [a Cristo] públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente (Ro 3:25).

El problema más profundo que la muerte de Jesús debía resolver, es prácticamente incomprensible para la mentalidad secular. / Foto: Lightstock

Reduzcamos eso al problema más básico que la muerte de Cristo pretende resolver. Dios exhibió a Cristo (lo envió a morir) para demostrar Su justicia. El problema que necesitaba resolverse era que Dios, por alguna razón, parecía injusto, y quería reivindicarse y limpiar su nombre. Esa es la cuestión básica. La justicia de Dios está en juego. Su nombre, su reputación o su honor deben ser reivindicados. Antes de que la cruz pueda ser por nuestro bien, debe ser por el bien de Dios.

Pero ¿qué creó ese problema? ¿Por qué se enfrentó Dios al problema de necesitar una vindicación pública de Su justicia? La respuesta está en la última frase del versículo 25: “Porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente”.

Ahora bien, ¿qué significa eso? Significa que durante siglos Dios había estado haciendo lo que dice el Salmo 103:10: “No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades”. Él ha estado pasando por alto miles de pecados. Los ha estado perdonando, dejándolos pasar y no castigándolos.

Dios exhibió a Cristo (lo envió a morir) para demostrar Su justicia. / Foto: Unsplash

Cómo David menospreció a Dios

El rey David es un buen ejemplo. En 2 Samuel 12, el profeta Natán lo reprende por haber cometido adulterio con Betsabé y luego haber mandado matar a su esposo. Natán le dice: “¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo ante Sus ojos?” (2S 12:9).

David siente la reprimenda de Natán, y en 2 Samuel 12:13 dice: “He pecado contra el Señor”. A esto, Natán responde: “El Señor ha quitado tu pecado; no morirás”. ¡Así de simple! El adulterio y el asesinato son “pasados por alto”. Es casi increíble. Nuestro sentido de la justicia grita: “¡No! No puedes dejarlo pasar así. ¡Él merece morir o ser encarcelado de por vida!”. Pero Natán no dice eso. Él dice: “El Señor también ha perdonado tu pecado; no morirás”.

¿Por qué el perdón es un problema?

A eso se refiere Pablo en Romanos 3:25 cuando habla de pasar por alto los pecados cometidos anteriormente. Pero ¿por qué es eso un problema? ¿Se percibe como un problema, desde la perspectiva secular, que Dios sea bondadoso con los pecadores? ¿Cuántas personas fuera del ámbito de influencia bíblica luchan con el problema de que un Dios santo y justo hace salir el sol sobre malos y buenos y envía lluvia sobre justos e injustos (Mt 5:45)? ¿Cuántos luchan con la aparente injusticia de que Dios sea indulgente con los pecadores? ¿Cuántos cristianos luchan con el hecho de que su propio perdón sea una amenaza para la justicia de Dios?

La mentalidad secular ni siquiera evalúa la situación de la misma manera que lo hace la mentalidad bíblica. ¿Por qué? Porque la mentalidad secular piensa desde un punto de partida radicalmente diferente. No parte de los derechos del Creador (el derecho de Dios a defender y manifestar el valor infinito de Su justicia y gloria). Parte del hombre y asume que Dios se ajustará a nuestros derechos y deseos.

La mentalidad secular ni siquiera evalúa la situación de la misma manera que lo hace la mentalidad bíblica. / Foto: Envato Elements

El pecado es menospreciar la gloria de Dios

Fíjate en Romanos 3:23: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (RV60). Lo que está en juego cuando se peca es la gloria de Dios. Cuando Natán se enfrenta a David, cita a Dios diciendo: “Me has despreciado [a Mí]” (2S 12:10). Podríamos imaginar a David diciendo: “¿Qué quieres decir con que te desprecié? Yo no te desprecié. Ni siquiera estaba pensando en ti. Solo estaba loco por esta mujer y luego muerto de miedo de que la gente se enterara. Tú ni siquiera estabas en la imagen”.

Y Dios habría dicho: “El Creador del universo, el diseñador del matrimonio, la fuente de la vida, aquel que te sostiene en la existencia, aquel que te hizo rey, ese, Yo, el Señor, ¡ni siquiera estaba en la imagen! Así es, David. Eso es exactamente lo que quiero decir. Me despreciaste”. Todo pecado es un desprecio a Dios antes de ser un daño al hombre. Todo pecado es una preferencia por los placeres fugaces del mundo sobre el gozo eterno de la comunión con Dios. David menospreció la gloria de Dios. Despreció el valor de Dios. Deshonró el nombre de Dios. Ese es el significado del pecado: no amar la gloria de Dios por encima de todo lo demás. “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro 3:23).

La mentalidad secular parte del hombre y asume que Dios se ajustará a nuestros derechos y deseos. / Foto: Envato Elements

El insulto de absolver a los terroristas

Supongamos que un grupo de terroristas planea asesinar al presidente de los Estados Unidos y a todo su gabinete, y casi lo logran. Sus bombas destruyen parte de la Casa Blanca y matan a algunos miembros del personal, pero el presidente apenas logra escapar. Los terroristas son capturados y el tribunal los declara culpables. Pero entonces los terroristas dicen que lo sienten, y por eso el tribunal suspende sus condenas y los libera. Ahora bien, ¿qué le diría eso al mundo sobre el valor de la vida del presidente y la importancia de su gobierno? Le diría que tienen poco valor.

Eso es lo que comunica el pasar por alto el pecado: que la gloria de Dios y Su gobierno justo tienen un valor menor, o ningún valor.

Aparte de la revelación divina, la mente natural (la mente secular) no ve ni percibe este problema. ¿Qué persona secular pierde el sueño por la aparente injusticia de la bondad de Dios hacia los pecadores?

Pero, según Romanos, este es el problema más básico que Dios resolvió mediante la muerte de Su Hijo. Leámoslo de nuevo: “[Que Dios exhibiera a Su Hijo para morir] públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, [fue] como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo Su justicia” (versículos 25b-26a). Dios sería injusto si pasara por alto los pecados como si el valor de Su gloria no fuera nada.

Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo Su justicia. / Foto: Unsplash

Dios vio que Su gloria era despreciada por los pecadores (como David); vio que Su valor era menospreciado y Su nombre deshonrado por nuestros pecados; y en lugar de reivindicar el valor de Su gloria matando a Su pueblo, reivindicó Su gloria matando a Su Hijo.

Dios podría haber ajustado cuentas castigando a todos los pecadores con el infierno. Esto habría demostrado que Él no minimiza el hecho de que no alcancemos Su gloria, que menospreciemos Su honor. Pero Dios no quiso destruir. “Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Jn 3:17).

¿Conocemos (y compartimos) la pasión más profunda de Dios?

Esta verdad la conocemos bien. Sabemos muy bien que Dios está de nuestro lado. Sabemos que nuestra salvación es el objetivo por el que envió a Jesús. Pero ¿conocemos el fundamento de todo esto? ¿Sabemos que hay un objetivo más profundo en el hecho de enviar al Hijo? ¿Sabemos que el amor de Dios por nosotros depende de un amor más profundo; es decir, el amor de Dios por Su gloria? ¿Sabemos que la pasión de Dios por salvar a los pecadores se basa en una pasión más profunda; es decir, la pasión de Dios por vindicar Su justicia? ¿Nos damos cuenta de que el logro de nuestra salvación no se centra en nosotros, sino en la gloria de Dios?

La vindicación de la gloria de Dios es el fundamento de nuestra salvación (Ro 3:25-26), y la exaltación de la gloria de Dios es el objetivo de nuestra salvación. “Cristo se hizo servidor de la circuncisión… para que los gentiles glorifiquen a Dios por Su misericordia” (Ro 15:8-9).

Sabemos que nuestra salvación es el objetivo por el que envió a Jesús. / Foto: Lightstock

¿Puede la autoexaltación ser un acto de amor?

Alguien podría preguntarse: “¿Cómo puede ser un acto de amor que Dios se autoexalte tanto en la obra de la cruz? Si realmente está exaltando Su propia gloria y reivindicando Su propia justicia, ¿cómo es entonces la cruz un verdadero acto de amor hacia nosotros?”.

Temo que la pregunta delata una mentalidad secular común que pone al hombre en el centro. Supone que, para que seamos amados, Dios debe ponernos en el centro. Debe resaltar nuestro valor. Si no se acentúa nuestro valor, entonces no somos amados. Si nuestro valor no es el fundamento de la cruz, entonces no somos estimados. La suposición de tal cuestionamiento es que la exaltación del valor y la gloria de Dios por encima del hombre no es la esencia misma de lo que es el amor de Dios por el hombre.

La cruz es la cúspide del amor de Dios por los pecadores. / Foto: Lightstock

La mentalidad bíblica, sin embargo, afirma todo lo contrario. La cruz es la cúspide del amor de Dios por los pecadores, no porque demuestre el valor de los pecadores, sino porque vindica el valor de Dios para que los pecadores lo disfruten. El amor de Dios por el hombre no consiste en poner al hombre en el centro, sino en ponerse a Sí mismo en el centro para el hombre. La cruz no dirige la atención del hombre hacia su propio valor vindicado, sino hacia la justicia vindicada de Dios.

Esto es amor, porque la única felicidad eterna para el hombre es la felicidad centrada en las riquezas de la gloria de Dios. “En Tu presencia hay plenitud de gozo; a Tu diestra hay deleites para siempre” (Sal 16:11). La autoexaltación de Dios es amorosa, porque preserva para nosotros y nos ofrece el único Objeto de deseo plenamente satisfactorio en el universo: el Dios totalmente glorioso y totalmente justo.

La razón fundamental por la que la cruz es locura para el mundo es que significa el fin de la autoexaltación humana y un compromiso radical con la exaltación de Dios. No, “compromiso” no es exactamente la palabra correcta. Más bien, la cruz es un llamado a la exultación radical en la exaltación de Dios. La cruz es la muerte de nuestra exigencia de ser amados al convertirnos en el centro. Y es el nacimiento del gozo al convertir a Dios en el centro.

la única felicidad eterna para el hombre es la felicidad centrada en las riquezas de la gloria de Dios. / Foto: Unsplash

¿Cómo es que la cruz es tu gozo?

Ponte a prueba. ¿Cuál es tu forma de pensar? ¿Empiezas por Dios, Sus derechos y Sus objetivos? ¿O empiezas por ti mismo, tus derechos y tus deseos?

Y cuando contemplas la muerte de Cristo, ¿qué sucede? ¿Tu gozo proviene realmente de convertir esta impresionante obra divina en un impulso para tu autoestima? ¿O te sientes elevado por encima de ti mismo y lleno de asombro, reverencia y adoración al ver que aquí, en la muerte de Jesús, se encuentra la declaración más profunda y clara de la estima infinita de Dios por Su gloria y por Su Hijo?

Aquí hay un gran fundamento objetivo para la plena seguridad de la esperanza: el perdón de los pecados se basa, en última instancia, no en mi valor u obra finitos, sino en el valor infinito de la justicia de Dios, la lealtad inquebrantable de Dios para defender y vindicar la gloria de Su nombre.

Te ruego de todo corazón que te mantengas firmes en esto. Fundamenta tu vida en esto. Funde tu esperanza en esto. Serás libres de la mentalidad vana del mundo. Y nunca caerás. Cuando la exaltación de Dios en Cristo es tu gozo, nunca puedes fallar.


Publicado originalmente en Desiring God.

Apoya a nuestra causa

Esperamos que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, queremos preguntarte si considerarías apoyar la misión de Volvamos al evangelio.

Desde el año 2013 hemos trabajado para servir a la iglesia de habla hispana publicando recursos que apuntan a Cristo y a la verdad de las Escrituras. Nuestro deseo ha sido ayudar a personas como tú a conocer y amar más a Cristo, Su Palabra y Su iglesia. Y queremos continuar proveyendo recursos para tu crecimiento y edificación en la fe.

Volvamos al evangelio siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores como tú. ¿Considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo —a ti y a la iglesia del mundo hispanohablante—. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Equipo de Volvamos al Evangelio

¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?
John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Artículos por categoría

Artículos relacionados

Artículos por autor

Artículos del mismo autor

Artículos recientes

Te recomendamos estos artículos

Siempre en contacto

Recursos en tu correo electrónico

¿Quieres recibir todo el contenido de Volvamos al evangelio en tu correo electrónico y enterarte de los proyectos en los que estamos trabajando?

.