Mayo 7
Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente Suyo (2 Crónicas 16:9).
¿Qué está buscando Dios en el mundo? ¿Ayudantes? No. El evangelio no es un anuncio de: “Se necesita ayuda”. Tampoco es el llamado al servicio cristiano.
Dios no busca personas que trabajen para Él. “Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente Suyo” (2 Crónicas 16:9). Él es el gran trabajador. Él es el que tiene hombros anchos y capaces de soportar cargas. Él es el fuerte. Y Él es quien busca maneras de demostrarlo. Esto es lo que diferencia a Dios de los supuestos dioses del mundo: Él trabaja por nosotros. Isaías 64:4: “Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención, ni el ojo había visto a un Dios fuera de Ti que obrara a favor del que esperaba en Él”.
¿Qué quiere Dios de nosotros? Probablemente no lo que suponemos. Él reprende a Israel por presentarle demasiados sacrificios: “No tomaré novillo de tu casa… Porque Mío es todo animal del bosque… Si Yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; porque Mío es el mundo y todo lo que en él hay” (Salmos 50:9-10, 12).
¿Hay algo que podamos darle a Dios que no lo reduzca al nivel de beneficiario?
Sí. Nuestras ansiedades. Nuestras necesidades. Nuestra súplica por fortaleza para hacer Su voluntad.
Es un mandato: “[Echa] toda [tu] ansiedad sobre Él” (1 Pedro 5:7). Dios, gustosamente, recibirá lo que sea que le demos que demuestre nuestra dependencia y Su suficiencia absoluta.
El cristianismo consiste principalmente en la convalecencia. Los pacientes no sirven a los médicos, más bien, confían en que ellos les darán las recetas correctas. El Sermón del Monte es la lista de consejos de nuestro Médico, no la descripción del empleo que nuestro empleador ofrece.
Nuestra vida misma depende de que no trabajemos para Dios: “Al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda; pero al que no trabaja, pero cree en Aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia” (Romanos 4:4-5).
Los trabajadores no reciben regalos, reciben lo que se les debe: su salario. Si queremos recibir el regalo de la justificación, más nos vale no trabajar para obtenerla. Dios es quien trabaja en este asunto. Y lo que recibe como pago es la gloria de ser el benefactor de la gracia, no el beneficiario de un servicio.
Devocional tomado del artículo “Brothers, Tell Them Not to Serve God!”.
