Septiembre 19
“Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas”. Hebreos 11:4
¿Qué hace que nuestras acciones sean agradables ante Dios?
Génesis 4 relata la historia de los primeros dos hijos que nacieron en este mundo, Caín y Abel: “Al transcurrir el tiempo, Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grasa de los mismos. El SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y su ofrenda”. (Gn 4:3-5) Este es el sacrificio al que el autor de Hebreos se refiere cuando nos habla de Abel y de su fe.
Primero que nada, nos dice que fue “por fe” que Abel ofreció un mejor sacrificio que su hermano. Fue mediante este sacrificio que “alcanzó el testimonio de que era justo”. Sería fácil entrar en teorías especulativas sobre las razones por las que Dios aceptó las acciones de Abel y no las de Caín. Sin embargo, debemos enfocarnos en los datos que se nos dan y el meollo del asunto es clarísimo: las acciones que Dios acepta son satisfactorias, no por su contenido material, sino porque son una expresión externa de un corazón devoto y obediente.
La razón por la que el sacrificio de Abel fue aceptable no es porque haya ofrecido un animal en lugar de un vegetal. La distinción no estaba en los sacrificios ofrecidos, sino en las personas que los realizaron. Juan Calvino comenta sobre esto y señala que el sacrificio de Abel fue mejor que el de su hermano por la simple razón de que “fue santificado por fe”.¹
Esta distinción concuerda con lo que Dios comunica por medio de los profetas. En Isaías, por ejemplo, Dios dice: “No traigan más sus vanas ofrendas, el incienso me es abominación. Luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas: ¡No tolero iniquidad y asamblea solemne!” (Is 1:13). Es como si Dios estuviera diciendo: No me interesa el mugido de bueyes ni el balido de cabras y de ovejas. Anhelo obediencia más que sacrificios (ver 1S 15:22). Si pretendes confiar en estas obras como el medio para hacerte aceptable delante de Mí, quiero que sepas que eso nunca sucederá.
“Sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11:6). Nuestras buenas obras son el resultado de nuestra aceptación ante Dios, no un medio para ser aceptados. Son nuestra respuesta a Su amor, no la forma en que lo garantizamos. Si tus acciones han de traer gloria y agrado a Dios, como las de Abel, será porque son una expresión externa de tu amor, devoción y fe personal en Él. Así que, hoy, no lo obedezcas para ser aceptado por Él ni para seguirlo siendo. La fe es lo que garantiza eso. De la misma manera, no pienses que puedes dejar de obedecerlo porque ya has sido aceptado por fe. Más bien, disfruta de Su afecto por ti y permite que Su agrado sea la motivación para tu obediencia.
¹ Commentaries on the Epistle of Paul the Apostle to the Hebrews [Comentarios sobre la Epístola de Pablo a los Hebreos], trad. John Owen (Calvin Translation Society, 1853), 267.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
