Septiembre 18
“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe”. Apocalipsis 21:1
¿Qué sabemos del regreso de Jesucristo? La Biblia nos da ciertos datos muy claros. Sabemos que Jesús regresará de forma personal, física, visible y gloriosa. También sabemos que el tiempo de Su aparición será secreto, repentino y que provocará separación entre quienes están esperándolo y quienes lo han rechazado.
Además, lo que fue declarado a los santos del primer siglo en medio de su sufrimiento en el libro de Apocalipsis también es declarado a nosotros: nadie debe alarmarse por los problemas del mundo, porque Jesús está en control. El poder supremo de Cristo será establecido cuando Su reino llegue en plenitud permanente y Su regreso inaugurará un cielo nuevo y una tierra nueva.
Esta idea de que el cielo puede venir a la tierra, de que un día la “nueva Jerusalén” descenderá “del cielo, de Dios” (Ap 21:2), tiene paralelos imperfectos con muchas otras cosmovisiones modernas, en especial en Occidente. Nuestra cultura es confiada por naturaleza y, como tal, intenta restaurar nuestro mundo con un poco más de educación, un poco más de previsión social, un poco más de consideración para todos. No obstante, ninguna agenda humana puede lograr jamás una restauración como la que el mundo necesita. El esfuerzo humano puede mejorar las cosas, pero no puede perfeccionarlas. El cielo no llegará a la tierra hasta que Cristo llegue. En el presente, la creación está en las garras del pecado y solo Dios, al final de todas las cosas, puede arreglar esto y lo hará cuando Su pueblo se incline delante del Cordero y declare Sus alabanzas.
Por el momento, tú y yo seguimos viviendo en tierra extranjera. Vivimos en un mundo hostil a Cristo, hostil a Su Palabra y hostil a una vida de obediencia a Él. La tentación para nosotros, como creyentes, es huir y escondernos, reunirnos en pequeños grupitos sagrados y no preocuparnos por el resto del mundo. Sin embargo, tal como Jeremías les dijo a los desterrados en Babilonia que buscaran el bienestar de la ciudad en la que se encontraban (Jer 29:7), también nosotros debemos buscar el bienestar del mundo en el que estamos. Eso requiere que estemos en el mundo, aunque no seamos del mundo, que vivamos vidas y hablemos palabras que señalen hacia un lugar diferente.
Regocijarnos en la historia de la victoria del Cristo crucificado, resucitado, que reina y que algún día regresará es lo que nos da la confianza para apuntar más allá de este mundo. Esperar Su regreso y la vida eterna en Su presencia es la motivación para una vida santa continua y un celo por el evangelismo en Su nombre. Voltea hacia adelante ahora con los ojos de la fe y anhela Su regreso; luego, sal y vive para el bienestar de los que están a tu alrededor hoy.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
