Septiembre 13
“¿Hasta cuándo, oh, SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás? Clamo a Ti: ‘¡Violencia!’. Sin embargo, Tú no salvas. ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión?”. Habacuc 1:2-3
Es tentador asumir que estamos muy alejados de las circunstancias descritas en el Antiguo Testamento. Sin embargo, a medida que leemos la queja de Habacuc en estos versículos, podemos reconocer que, aunque estamos distanciados de su zona geográfica y de su época, no tanto así de la situación en la que se encontraba.
Habacuc describe problemas con personas dentro del pueblo de Dios. Ellos se habían desviado del diseño de Dios para ellos y no parecía haber luz al final del túnel. Lo peor era que, aparentemente, Dios no estaba interviniendo. El problema, tal como lo veía Habacuc, era doble: Los tiempos de Dios (¿Hasta cuándo tolerarás el mal?) y la tolerancia de Dios (¿Por qué lo toleras?). Estas preguntas también pueden aparecer en los labios de muchos creyentes actuales cuando ven la iglesia: “¿Hasta cuándo sucederá esto? ¿Por qué el Dios bueno, moral y todopoderoso a quien servimos tolera la podredumbre espiritual y moral entre los que profesan ser Sus seguidores?”.
¿Alguna vez has luchado con estas preguntas? Si es así, no estás solo; este no es un tema nuevo. El pueblo de Dios ha luchado con él durante toda su historia. Aquí hay dos observaciones que nos serán de beneficio al enfrentar los “¿hasta cuándos?” de la vida. Primero, podemos agradecerle a Dios por Su bondad al no responder nuestras oraciones conforme a nuestro propio cronograma. Los retrasos de Dios siempre tienen un propósito. Su perspectiva es mucho más abarcadora de lo que podríamos imaginarnos. Él puede retrasarse para tratar con nuestro egoísmo o con algún área de desobediencia en nuestra vida, para enseñarnos cómo confiar en Él o para salvarnos de nosotros mismos. Esta es una razón por la que la Biblia con frecuencia nos llama a esperar en el Señor. Nuestras desilusiones, fracasos y confusiones pueden ser sometidas a la seguridad total del propósito de Dios.
Segundo, podemos seguir el ejemplo del profeta al clamar a Dios por ayuda. Él llevó su queja al único lugar adonde debemos llevar la nuestra: al Señor. Él reconoció lo que dice el salmista: “Mi ayuda viene del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra” (Sal 121:2). Los Salmos están llenos de creyentes piadosos que llevan a Dios su confusión y sus preguntas. Esto nos permite hacer lo mismo. Él entiende cuando le clamamos “¿Hasta cuándo?” y “¿Por qué?”. Su respuesta definitiva nos es dada en Jesús y en Su victoria. A Él le encanta mostrar los destellos del amanecer después de la noche más oscura. Así que, si al mirar tu propio corazón, vida o iglesia, te sientes con la necesidad de preguntar: “Oh, Señor, ¿hasta cuándo he de clamar?”, puedes encontrar consuelo en palabras como estas:
Dios en Su trono está
Y nunca nos olvidará;
Si pruebas afligen y cargas oprimen,
Él no nos abandonará.¹
¹ Kittie L. Suffield, trad. anónimo, “¿Vas camino al cielo y la gloria?” (1929).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
