Septiembre 11
“Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente”. Génesis 50:20
Los niños que aman a sus abuelos tienden a disfrutar de sus historias. Como abuelo de José, Isaac seguramente tuvo la oportunidad de sentarse con él y de contarle historia tras historia de la provisión de Dios: de hablar verdad a la vida de su nieto. Solo podemos imaginarnos cuánto debió haber apreciado José los relatos y la instrucción de Isaac. Sin embargo, la bondad de Dios hacia su familia en las generaciones pasadas parece haber sostenido a José incluso durante los momentos más dolorosos de su vida, porque una verdad notable sobre este hombre es que siempre estaba consciente de que Dios estaba en control. Seguramente, José estaba aprendiendo a decir, como cantaría más adelante el salmista: “Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes” (Sal 27:13).
De hecho, José tuvo una oportunidad tras otra de ser testigo del cuidado providencial de Dios. Como muchacho de diecisiete años, pudo ver a Dios trabajando incluso a través del odio de sus hermanos. La sugerencia de Rubén de que lo echaran a un pozo, en última instancia, le salvó la vida, pero fue la intervención de Dios la que dio a Rubén esa idea y la que permitió que los hermanos de José accedieran al plan.
Un poco después, una caravana ismaelita pasó justo a tiempo, como si Dios la hubiera dispuesto para ese momento (y, por supuesto, ¡así fue!). Ellos estaban en sus negocios cotidianos; podrían haber echado un vistazo a José y decir: Olvídenlo. No lo necesitamos. No obstante, la providencia de Dios determinó que lo compraran.
En cada caso, Dios utilizó intereses y deseos egoístas de otros como instrumentos para salvar la vida de José y, finalmente, la de muchos más.
La verdad de Génesis 50:20 es el fundamento para la vida de José: aunque sus hermanos pensaron hacerle mal, Dios pensó hacer bien… y las intenciones de Dios siempre ganan. El padre terrenal de José estaba en su casa en Canaán, pero su Padre celestial lo acompañó hasta Egipto. Su camino pudo haber sido desviado por la envidia de sus hermanos, por la lujuria de la esposa de Potifar, por la ira de este y por el egoísmo del copero, pero, por sobre todas estas cosas, fue dirigido por su Dios, para el bien de Su pueblo.
¿Atesoramos esta verdad sobre Dios, tal como José? Dios logrará Sus propósitos, incluso cuando no tenemos idea de a dónde se dirigen ni de lo que Él está haciendo. Esta es nuestra esperanza en cada circunstancia. Cuando lleguen las pruebas, no debemos evitarlas porque sabemos que vienen de la mano de un Padre amoroso y que, de alguna manera, harán avanzar Sus planes para salvar y sustentar a Su pueblo. Podemos ver la bondad de Dios en la vida de nuestra familia espiritual en generaciones pasadas, tanto en la Escritura como en la historia de la iglesia. Puedes estar seguro de que, en todos tus días y dudas, en todos tus temores y fracasos y en todas tus relaciones fracturadas y sueños rotos, sigues estando bajo Su cuidado paternal.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
