Noviembre 3
“Y todo el pueblo que estaba en el atrio, y los ancianos, dijeron: ‘somos testigos…’. Booz tomó a Rut y ella fue su mujer, y se llegó a ella. y el señor hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo”. Rut 4:11, 13
En los tiempos bíblicos, la puerta de la ciudad era el principal centro de actividad local, ya que servía tanto de mercado como de centro cívico. Comerciantes, mendigos, funcionarios de la ciudad, líderes religiosos y un sinfín de personas se reunían allí para hacer negocios, administrar la ley, recibir limosnas, comprar y socializar. Fue en ese lugar tan concurrido donde Booz fue a declarar públicamente su compromiso de casarse con Rut. Su matrimonio nos lleva a considerar la definición bíblica del matrimonio.
Primero, el matrimonio bíblico implica un amor comprometido. Este amor no se basa meramente en la emoción o en las circunstancias, sino que permanece profundamente arraigado e incondicional a través de todas las estaciones y situaciones de la vida. Esto se refleja en los votos que la iglesia utiliza hoy en las ceremonias matrimoniales: compromiso en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la enfermedad y en la salud.
Segundo, el matrimonio implica testigos comprometidos. Cuando un hombre y una mujer se casan, se convierten en una unidad bajo un pacto de amor y cuidado. Como humanos falibles, necesitamos que otros nos hagan responsables de este compromiso. Por eso, en las ceremonias de boda debe haber al menos un testigo que dé fe de la formación de una nueva unión, de una nueva familia. Booz puso esto en práctica en la puerta de la ciudad, donde una multitud de personas y los ancianos del pueblo fueron testigos de su promesa de tomar la mano de Rut en matrimonio. Así pudieron constatar que cumplía su palabra.
Tercero, el matrimonio piadoso debe tener una comunión comprometida. La intención de Dios es que el matrimonio refleje la creciente profundidad de la intimidad que experimentamos con Él como Su novia. La relación personal entre el esposo y la esposa debe profundizarse dentro del matrimonio a través, entre otras cosas, de la intimidad sexual. Esta unión física solo debe tener lugar dentro del contexto de una relación comprometida, amorosa y reconocida públicamente. Tratar de aislar el compromiso físico del matrimonio de los aspectos emocionales, psicológicos, espirituales e intelectuales es una burla al diseño de Dios.
Gran parte de la percepción que el mundo tiene del amor y el matrimonio palidece en comparación con la belleza y el beneficio de una unión heterosexual fiable, fiel y comprometida. Cuando vemos cada una de las facetas de este pacto en un matrimonio, estamos viendo un atisbo de las riquezas del compromiso de nuestro Esposo celestial con Su iglesia (Ef 5:22-27). El matrimonio cristiano es una bendición en sí mismo, y un retrato de esa realidad aún mayor. Ningún matrimonio, excepto el matrimonio entre Cristo y Su iglesia, es perfecto, pero todo matrimonio entre creyentes debe esforzarse por representar ese matrimonio. Cuando pienses, hables, ores e interactúes con el matrimonio (ya sea el tuyo o el de los que te rodean), asegúrate de mantener la definición bíblica y de vivirla.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
