Octubre 31
Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9).
Este es el propósito universal de Dios para todo sufrimiento cristiano: mayor contentamiento en Dios y menor dependencia en uno mismo y el mundo. Nunca he escuchado a nadie decir: “Las lecciones más profundas de la vida llegaron en momentos de tranquilidad y comodidad”.
Pero sí he escuchado a santos fuertes decir: “Todo avance significativo que he logrado al comprender las profundidades del amor de Dios y profundizar en Él, ha sido por medio del sufrimiento”.
La perla de mayor valor es la gloria de Cristo.
Por tanto, Pablo enfatiza que en nuestros sufrimientos se magnifica la gloria de la gracia todo suficiente de Cristo. Si confiamos en Él en nuestra calamidad, y Él sostiene nuestro “gozo en la esperanza”, entonces se demuestra que es el Dios de gracia y fortaleza que todo lo satisface.
Si nos aferramos a Él, “cuando todo alrededor de nuestra alma cede”, entonces demostramos que Él es más deseable que todo lo que hemos perdido.
Cristo le dijo al apóstol sufriente: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Pablo respondió a esto: “Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).
Entonces, el sufrimiento está claramente diseñado por Dios no solo para que los cristianos se desprendan de sí mismos y se acerquen a la gracia, sino también para resaltar esa gracia y hacerla brillar. Eso es precisamente lo que hace la fe: magnifica la gracia futura de Cristo.
Las profundidades de la vida en Dios se descubren y magnifican en el sufrimiento.
