Octubre 28
En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna (Marcos 10:29-30).
Lo que Jesús quiere decir aquí es que Él mismo compensa cada sacrificio.
- Si renuncias al cariño y la preocupación de una madre, recibes cien veces más cariño y preocupación del Cristo omnipresente.
- Si renuncias a la cálida camaradería de un hermano, recibes cien veces más calor y camaradería de Cristo.
- Si renuncias a la sensación de hogar que tenías en tu casa, recibes cien veces más comodidad y seguridad de saber que tu Señor es el dueño de cada casa.
A los futuros misioneros, Jesús les dice: “Prometo trabajar por ustedes y estar para ustedes, tanto que no podrán decir que han sacrificado nada”.
¿Cuál fue la actitud de Jesús ante el espíritu de sacrificio de Pedro? Pedro dijo: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Marcos 10:28). ¿Es este el espíritu de sacrificio propio que Jesús recomienda? No, más bien lo reprende.
Jesús le dijo a Pedro: “Nadie sacrifica nada por Mí sin que yo se lo devuelva al ciento por uno; sí, en cierto sentido, incluso en esta vida, por no hablar de la vida eterna en el siglo venidero”.
