Octubre 26
Todas las cosas son posibles para Dios (Marcos 10:27).
La gracia soberana es la fuente de vida para el hedonista cristiano. Porque lo que más ama es experimentar la gracia soberana de Dios llenándolo y desbordándolo para el bien de los demás.
Los misioneros hedonistas cristianos aman la experiencia de “no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1 Corintios 15:10). Se regocijan en la verdad de que el fruto de su labor misionera proviene enteramente de Dios (1 Corintios 3:7; Romanos 11:36).
Sienten alegría cuando el Maestro dice: “Separados de mí nada pueden hacer” (Juan 15:5). Saltan como corderos ante la verdad de que Dios les ha quitado de los hombros el peso insoportable de la nueva creación y lo ha puesto sobre los Suyos. Sin pesadumbre, dicen: “No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios” (2 Corintios 3:5).
Cuando regresan a casa para descansar, nada les da más alegría que decir a las iglesias: “Porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles” (Romanos 15:18).
¡“Todas las cosas son posibles para Dios”! Primero, estas palabras infunden esperanza, y después, humildad. Son el antídoto contra la desesperación y el orgullo: la medicina misionera perfecta.
