Noviembre 2
«Entonces Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: ‘Ustedes son testigos hoy que he comprado de la mano de Noemí todo lo que pertenecía a Elimelec y todo lo que pertenecía a Quelión y a Mahlón. Además, he adquirido a Rut la moabita, la viuda de Mahlón, para que sea mi mujer’». Rut 4:9-10
La pregunta que debemos hacernos cada día cuando nos enfrentamos a diversas circunstancias es: «¿Qué es lo correcto?».
Esto es lo que Booz consideró cuando decidió ir a la puerta de la ciudad. Quería casarse con Rut, proveer para ella y protegerla como su pariente-redentor. Pero sabía que había un pariente más cercano a Rut que él, alguien que podía optar por asumir ese rol. Booz era un hombre íntegro, incapaz de dejarse llevar por una oleada de emoción cuando Rut le propuso matrimonio en la era. Su visión estaba puesta claramente en ganar a Rut legítimamente.
Booz dio prioridad a hacer lo correcto por encima de cuidar su reputación. Se dirigió al lugar más público —la puerta de la ciudad— para buscar un matrimonio con una extranjera, que podría haber dañado su reputación y legado. El pariente más cercano no estaba dispuesto a correr ese riesgo (Rut 4:6). Las Escrituras ni siquiera dan el nombre de ese hombre. Esta es una lección para nosotros: no debemos esforzarnos por hacer y salvaguardar un nombre para nosotros mismos. Dejemos que otros nos hagan un nombre y nos elogien. Simplemente debemos esforzarnos por hacer el bien.
Las palabras de Booz revelan que una de sus motivaciones era «preservar el nombre del difunto en su heredad» (Rut 4:10), preservar el nombre de Elimelec, el difunto esposo de Noemí, continuando su familia. Eso fue desinteresado. Eso fue impresionante. Si Booz solo se hubiera preocupado de sí mismo y de sus deseos, podría haber tomado a Rut rápidamente, sin más. En cambio, cumplió con su responsabilidad y se hizo cargo públicamente de la situación. En aquella época, el traspaso del título de pariente-redentor se sellaba habitualmente con el intercambio público de una sandalia (v. 7). Este intercambio simbolizaba algo mayor: el compromiso, el amor y el sacrificio personal de Booz por Rut. Del mismo modo, la cruz está a la vista del público, y en ella vemos el compromiso, amor y sacrificio de Cristo por nosotros. A Booz le costó económicamente casarse con Rut. A Cristo, redimirnos y convertirnos en Su amada esposa le costó la vida.
Ambos sacrificios —el de Booz y el de Cristo— obtuvieron grandes recompensas y legados, proporcionando un futuro y una esperanza: uno para una joven moabita y su suegra, el otro para toda la humanidad. La búsqueda de la rectitud de Booz resultó en un matrimonio que desempeñó un papel crucial en toda la historia al continuar un linaje que finalmente condujo al nacimiento de nuestro Salvador (Mt 1:5). Y debido al sacrificio de Cristo, ahora esperamos el día en que estaremos en gloria, veremos Su rostro y alabaremos Su nombre por siempre. Nuestro Esposo vino y nos ganó legítimamente a un gran costo para Él. Imagínese la alegría de Rut cuando escuchó que Booz había dado su sandalia y confirmado que se casaría con ella. Una alegría similar debería ser la nuestra cuando miramos la cruz y sabemos que somos de Cristo. Y el ejemplo de Booz debería ser el nuestro al mirar las decisiones y dificultades de nuestro día y aprender simplemente a preguntar: «¿Qué es lo correcto?».
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
