Noviembre 1
Ahora me alegro de mis sufrimientos por ustedes, y en mi carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por Su cuerpo, que es la iglesia (Colosenses 1:24).
Cristo preparó una ofrenda de amor para el mundo al sufrir y morir por los pecadores. Es un sacrificio perfecto. Pagó por completo todos los pecados de todo Su pueblo. Nada puede añadirse para mejorar esta ofrenda. No le falta nada, excepto una cosa: una presentación personal de Cristo a las naciones.
La respuesta de Dios a esta carencia es llamar al pueblo de Cristo (personas como Pablo) a presentar personalmente las aflicciones de Cristo al mundo. Al hacer esto, completamos “lo que falta de las aflicciones de Cristo”. Cumplimos el propósito para el que fueron diseñadas: una presentación personal a quienes desconocen su valor infinito.
Pero lo más asombroso de Colosenses 1:24 es cómo Pablo completa lo que falta a las de las aflicciones de Cristo.
Afirma que son sus propios sufrimientos los que completan las aflicciones de Cristo. Esto significa entonces, que Pablo exhibe los sufrimientos de Cristo al sufrir él mismo por aquellos a quienes intenta ganar para Cristo. En sus sufrimientos, ellos deben ver los sufrimientos de Cristo.
He aquí la asombrosa conclusión: Dios quiere que las aflicciones de Cristo se presenten al mundo por medio de las aflicciones de Su pueblo.
Dios realmente quiere que el cuerpo de Cristo, la iglesia, experimente algo del sufrimiento que Él experimentó para que, cuando proclamemos la cruz como el camino a la vida, la gente vea las marcas de la cruz en nosotros y sienta el amor de la cruz en nosotros.
