Noviembre 2
Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande (Mateo 5:11-12).
El hedonismo cristiano afirma que hay diferentes maneras de regocijarse en el sufrimiento como cristiano. Todas ellas deben buscarse como expresión de la gracia de Dios, que todo lo satisface y es toda suficiente.
Una manera de regocijarse en el sufrimiento proviene de fijar firmemente nuestra mente en la grandeza de la recompensa que recibiremos en la resurrección. El efecto de este enfoque es hacer que nuestro dolor presente parezca insignificante en comparación con lo que está por venir: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Romanos 8:18; comparar con 2 Corintios 4:16-18). Al hacer el sufrimiento tolerable, regocijarnos por nuestra recompensa también hará posible el amor.
“Amen a sus enemigos, y hagan bien, y presten no esperando nada a cambio, y su recompensa será grande” (Lucas 6:35). Sé generoso con los pobres, “y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:14). La confianza en esta recompensa prometida corta el lazo de la mundanalidad y nos libera de los costos del amor.
Otra forma de regocijarnos en el sufrimiento proviene de los efectos que este tiene en nuestra seguridad de esperanza. El gozo en la aflicción se basa no solo en la esperanza de resurrección y recompensa, sino también en cómo el sufrimiento mismo profundiza esa esperanza.
Por ejemplo, Pablo dice: “Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza” (Romanos 5:3-4).
En otras palabras, el gozo de Pablo no se basa únicamente en su gran recompensa, sino en el efecto del sufrimiento que fortalece la esperanza de esa recompensa. La aflicción produce paciencia, y la paciencia produce una sensación de que nuestra fe es real y genuina, y eso fortalece nuestra esperanza de que verdaderamente ganaremos a Cristo.
Así que, ya sea que nos centremos en las riquezas de la recompensa o en los efectos purificadores del sufrimiento, el propósito de Dios es que nuestro gozo en el sufrimiento se sostenga.
