Sobre maldecir

Creo que la Biblia es bastante clara y explícita cuando habla sobre no tomar el nombre de Dios en vano.

  Hemos recibido bastantes correos sobre maldecir y sobre por qué es un pecado dejar salir alguna pequeña grosería de vez en cuando. ¿Por qué es o no es esto un pecado? ¿Hay alguna diferencia entre si es dirigida a una persona (maldecir a alguien) o simplemente decirla en respuesta a alguna circunstancia (como golpearse el dedo con un martillo)? Este tipo de preguntas son muy comunes entre los padres porque todos imponemos estos estándares a nuestros hijos. Yo creo que los hijos necesitan razones para los estándares que les imponemos, como la regla de: “No decimos eso en esta familia”. Bueno, ¿por qué no lo decimos? Necesitamos razones. Así que aquí están algunos pensamientos míos sobre el lenguaje.

Palabras importantes

En primer lugar, hay toda una categoría de usar realidades importantes en vano. Estoy pensando en palabras como Dios, Jesús, maldición y diablo. Tomemos esas cuatro. Creo que la Biblia es bastante clara y explícita cuando habla sobre no tomar el nombre de Dios en vano. No tomamos las palabras en serio cuando usamos palabras como Dios o Jesús como palabras de relleno o para cuando me golpeo un dedo o algo terrible sucede, o palabras como maldición o diablo como eufemismos de groserías. El problema con todas estas palabras es que tomamos cosas que son increíblemente importantes y serias y las volvemos sinónimas de lo insignificante. Hay una falta de coherencia y de harmonía entre la manera como están siendo utilizadas y el peso que tienen en realidad. Si una persona utiliza Dios o Jesús o maldición o diablo como una expresión sin trascendencia de nuestra irritación o enojo, está denigrando a Dios, denigrando a Cristo, denigrando la seriedad de la maldición y denigrando al diablo. No debemos denigrar estas cosas tan importantes.

Lenguaje indecoroso

En segundo lugar, hay una categoría entera de palabras en la Biblia y en el idioma español llamadas groseras, indecorosas, vulgares e indecentes. Estas palabras no salieron de la nada. Fueron inventadas porque los seres humanos en todas las culturas consideran ciertas cosas inapropiadas. Cada cultura tiene algo que consideran ofensivo, de mal gusto o grosero. Ahora, alguien podría preguntar: Bueno, ¿existe una categoría bíblica para eso? Y la respuesta es un contundente sí. Hace dos semanas hablaba de esto a los chicos del Seminario de Bethlehem y mencionábamos la categoría de este tipo de ética. Aquí hay un par de textos. 1 Corintios 13:4-5: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente”. Ahora, en la NBLA, la palabra es “indecoroso”. Esa palabra nos suena un poco arcaica. Casi nadie la utiliza hoy, pero todos sabemos lo que significa. Hay cosas inapropiadas, deshonrosas, vergonzosas, indecentes. La Biblia dice que debes estar consciente de no ofender innecesariamente lo que tu cultura considera grosero en general. Aquí está otro texto: “Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías”, y luego encuentras esta frase no apropiadas o fuera de lugar: “que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias” (Efesios 5:4). Pablo sabía que había mil decisiones que tendrás que tomar en la vida sin poder consultar una lista. No hay una lista que funcione si se trata de nombrar cosas inapropiadamente groseras o necedades u obscenidades. Él está diciendo: “Pero hay una categoría de lo grosero y los cristianos no deben permitir que su lenguaje cruce esa línea una y otra vez”.

Acciones de gracias

Justo al final del versículo se encuentra mi tercer pensamiento, las acciones de gracias. El primer pensamiento fue sobre lo inapropiado de tomar las cosas grandes, importantes y gloriosas y denigrarlas o hablar como si no tuvieran importancia. El segundo pensamiento fue sobre la categoría bíblica de lo indecoroso, lo inapropiado, lo grosero, lo vulgar, lo necio, lo obsceno. Los cristianos no deben desear eso. Aquí está la tercera idea. Al final de Efesios 5:4, dice así: “sino más bien [haya] acciones de gracias”. Lo que creo que significa esto es que Pablo piensa que si tu corazón está en lo correcto y desbordando gratitud por Dios en todas las cosas, habrá un control para lo vulgar que pudiera salir de tu boca. Las personas que tienden a usar groserías, palabras obscenas, palabras duras o vulgares o groseras o indecentes, por lo general viven frustradas. No están satisfechas. No están contentas en Jesús. Algo está fuera de lugar en su corazón. Yo creo que el tercer punto importante es tu corazón. ¿Pueden este tipo de palabras salir de un buen corazón?

Imparte gracia

En Efesios 4:29, Pablo dice: “No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. Aquí vemos a Pablo yendo explícitamente más allá de la gratitud en mi corazón, que yo creo que lavará la mayor parte de lo vulgar que se encuentra allí. Aquí está diciendo: “Que tu lenguaje sea siempre bueno para los demás”. A lo que se refiere con “bueno para los demás” es que “les ministre en gracia”. Cuando estés por decir alguna grosería o algo rudo o feo o un poco vulgar, deberías preguntar: “¿Será esto bueno para los demás? ¿Los fortalecerá? ¿Hará que la belleza de Cristo brille más a sus ojos?”. Permíteme resumir esto. En primer lugar, no denigres ni abarates las grandes realidades. En segundo lugar, ¿entra esto dentro de la categoría de algo culturalmente grosero, de mal gusto, vulgar u ofensivo? En tercer lugar, ¿revela un corazón amargado, enojado e insatisfecho en vez de un corazón agradecido? Y, en cuarto lugar, ¿imparte gracia a los que escuchan? Vivimos para atesorar a Cristo y el evangelio sobre todo lo demás. Y eso significa que la gracia abunda en nuestros corazones. Y mucho del lenguaje ofensivo y cuestionable es simplemente contrario a impartir gracia y a vivir por gracia.

John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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