Hombre sabio: aprendiendo a resolver conflictos según la Escritura

En este artículo, se presentan principios bíblicos a seguir para reconocer y resolver los conflictos.
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En una correcta perspectiva de nuestra naturaleza como seres humanos, la pregunta no es si tienes conflictos, sino con quién o quiénes los tienes, con qué frecuencia y cómo los resuelves. ¡Los conflictos son parte de nuestra existencia! La sabiduría, de acuerdo con las Escrituras, no es algo para un área determinada de la vida, sino que abarca las diferentes áreas de nuestro andar, y esto ciertamente incluye los conflictos o la resolución de conflictos. Aquí queremos responder a las interrogantes: ¿Qué es tener sabiduría en un conflicto? ¿Dice algo la Biblia acerca de los conflictos? ¿Cómo podemos ser sabios en los conflictos?

Comprende qué es un conflicto

Un conflicto es sencillamente un desacuerdo entre dos o más partes, es la falta de unidad de pensamiento en alguna área que lleva a una oposición entre sus fracciones. Debemos comprender que los conflictos no son necesariamente un problema, el problema es no saber manejar los conflictos; hay que comprender que conflicto no es sinónimo de peleas y discusiones, y tampoco es sinónimo de división; conflicto es simplemente el resultado de tener diferencias, es el choque de ideas sobre determinado tema, es la falta de unidad en pensamiento; pero tales diferencias, tales choques y tal falta de unidad no tiene que ser un caos, el caos lo hacemos nosotros, pero el conflicto llevado con sabiduría puede ser incluso una bendición, esto al tener pluralidad de ideas que enriquecen cierto tema.

Reconoce las causas de los conflictos

Somos diferentes. Cada persona es única, cada persona tiene su propia personalidad, sus propios gustos, talentos, dones, sus propias metas, sus propios principios y valores entre otras particularidades; y si a esto le añadimos las diferencias culturales, teológicas, familiares e incluso políticas, es entonces natural hablar de conflictos entre tanta gama de diferencias (Hch 15:39; 1Co 12:12-31).

Somos mal entendidos. No hay persona perfecta, por lo tanto, no hay persona que comprenda todo lo que hay y sucede a su alrededor, y no hay persona que comprenda todo lo que ve y escucha. La verdad es que si reflexionamos, muchos problemas o conflictos son resultados de malos entendidos, hombres mal entendidos que no comprendieron bien cierta situación o cierta información, y esto provoca un problema pequeño o grande. 

Somos pecadores. Debemos recordar que como hijos de Adán somos seres caídos, seres con una naturaleza inclinada al pecado, pecado que se reflejará en orgullo, soberbia, ira, mentiras, chismes, imprudencia, contenciones, egoísmo y todo tipo de actitud grosera que busca sus intereses por encima de las demás personas, actitudes que piensan solo en sí mismos, actitudes que se pueden resumir en amarse solo a sí mismos, y así, no cumplir el mandamiento divino de amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo (Mr 12:30-31; Ro 7:18-24; Stg 4:1-3).

Un conflicto es sencillamente un desacuerdo entre dos o más partes. Es la falta de unidad de pensamiento en alguna área que lleva a una oposición entre sus fracciones. / Foto: Envato Elements

Aplica la sabiduría bíblica para los conflictos

Sé un pacificador. En lo que dependa de ti, no busques contiendas; lo más sabio es no buscar conflictos; haz lo que esté a tu alcance en pro de la paz. La Biblia dice: “Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres” (Ro 12:18; 1P 3:11).

Pasa por alto la ofensa. Hay cosas que simplemente podemos dejar ir, cosas por las que no vale la pena ofenderse o disgustarse, cosas en que lo más sensato es perdonar sin ningún tipo de confrontación (Pr. 19:11).

Busca la reconciliación. Si bien la Biblia nos llama a perdonar las ofensas, también nos llama a solucionar las ofensas, en este caso por medio de la reconciliación (Mt 5:23-24); no importa si eres el ofensor o eres el ofendido, con la actitud de querer honrar a Dios, si te diste cuenta de la ofensa debes ir y buscar la reconciliación.

Recuerda que confrontar es un acto de amor. Las Escrituras dicen que, “mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo” (Pro 27:5-6).

Pide perdón y perdona. Una de las cosas más restauradoras (sino la máxima restauradora) de relaciones, es sin dudas el pedir perdón y, desde luego, perdonar. Recuerda que pedir perdón es reconocer una falta, reconocer el error y a su vez pedir un favor y liberación de la carga, pues a su vez perdonar es dar gracia, es mostrar bondad y liberar a alguien de su deuda, es la decisión de dejar pasar la ofensa.

Examínate y corrígete antes de corregir a otro. En Mateo 7:5, el Señor no quería decir que no puedes corregir el error de tu hermano porque tú también tienes errores, más bien, lo que dijo es que antes de ir ante tu hermano para corregirlo, debes primero examinar y corregir tus propios errores o faltas, pero luego ciertamente debes ir en amor y ayudarlo en su error.

No seas ligero para buscar la solución. Es necesario, ante un conflicto, reflexionar bien al respecto, evaluar la situación con las posibles causas, las posibles consecuencias, las posibles partes y sopesar todo en una balanza. No es sabio irse por las primeras impresiones o corazonadas porque nos podemos equivocar (Jer 17:9).

Sé sabio al hablar. Ser sabio al hablar significa saber cuándo hablar, cómo hablar, dónde hablar y con quién hablar. Por lo tanto, es importante pensar bien antes de hablar y no hablar por hablar (Pro 15:28).

Trabaja en el dominio propio. Es natural ante un conflicto querer defenderse, especialmente, cuando se piensa que hay una injusticia, sin embargo, como estamos viendo, hay formas de enfrentar los conflictos, así como de defenderse, de tal manera que las emociones no nos dominen (Pro 16:32; 29:11).

En los momentos de conflicto debemos apelar a la sabiduría que Dios no da en Su Palabra. / Foto: Envato Elements

Trata de comprender la contraparte. Procura ponerte en los zapatos de quienes tienen el conflicto y esfuérzate por ver por qué tienen tales posturas. Recuerda que hay ocasiones en que las diferentes partes de verdad creen que están en lo correcto y esto hace más difícil el problema.

Procura una buena comunicación. Es importante procurar que todas las partes primero se expliquen y luego se escuchen mutuamente, el hecho de tener un conflicto ya es una barrera, pero si a esto le sumamos una mala comunicación, entonces, tal conflicto, será más fácil que crezca.

Recuerda que los conflictos más cercanos pueden ser más delicados. Generalmente los problemas familiares o con personas cercanas, son resultados de pequeñas situaciones no resueltas que se acumulan, y al tratarse de personas íntimas, se vuelve el asunto más emocional, y así es más difícil ver los hechos concretamente porque hay mucho trasfondo.

Haz el bien. No importa el conflicto o lo que te hicieron o dijeron, haz lo correcto, actúa con bondad (Ro 12:17-21).

Tu testimonio ayuda. Ya sea que estés en un conflicto o que sirvas de mediador en uno, quien seas te dará credibilidad, definitivamente ser recto e íntegro te dará una base enorme para poder lidiar con el conflicto (Fil 4:2-3; Pro 10:21).

Busca ayuda. En ocasiones, el conflicto no se resuelve por medio de una reconciliación directa entre las partes afectadas, así que, se debe acudir a hermanos maduros que ayuden en el proceso de restauración (Mt 18:16).

Busca una justa negociación. Este punto se refiere a los asuntos materiales en discusión, aun cuando se logre el perdón y la reconciliación, a veces es necesario pensar cómo ser justos en la solución de bienes en conflicto (Fil 2:4). E, incluso, a veces será necesario buscar personas que sirvan de jueces para tal fin.

Glorifica a Dios. Ve la situación adversa como una oportunidad para honrar a Dios, pregúntate qué estás haciendo en medio del problema para glorificar a Dios o qué debes dejar de hacer en medio del problema para así glorificar a Dios.

Recuerda que Dios es soberano. Hay cosas que suceden que no vamos a entender, pero el Dios del que nos habla la Biblia, el único y verdadero Dios está en control de todas las cosas, y esto incluye los conflictos, recuerda que tu vida está en las manos del Señor, y a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien, y el bien que Dios quiere lograr contigo, incluso con las dificultades, es que seas cada vez más como Cristo (Ro 8:28-29). Dios usa aún los problemas para trabajar en nosotros, Dios siempre es bueno y perfecto.

Debemos ver los conflictos como una oportunidad para honrar a Dios. / Foto: Envato Elements

Conclusión

¿Qué es tener sabiduría en un conflicto? Como cristianos, la respuesta es, manejar los conflictos de una manera bíblica, es manejar los conflictos de una manera en que podamos honrar a Dios obedeciendo Su Palabra. Cada conflicto será una oportunidad para trabajar en las diferencias con otros, será una oportunidad para dejar que las diferencias sean llevadas por nuestro pecado o sean llevadas por una cosmovisión bíblica. Cada conflicto será una oportunidad para honrar a Dios, para hacer uso de principios divinos y para ver cuánto nos parecemos a Cristo; de esta manera podremos ver cómo vamos en nuestra madurez y crecimiento cristiano, y cuánto nos falta por crecer. Que Dios nos ayude a ser sabios y así manejar los conflictos con sabiduría divina.

Douglas Torres

Douglas Torres

Graduado del seminario bíblico Río grande (Edinburg, Texas), en la actualidad cursa una maestría en teología en el seminario Teológico bautista de Venezuela. Es facilitador del Seminario Teológico Ministerial (SETEMI), prosefor del Centro de Capacitación bíblica para pastores y maestro de la iglesia bautista Nuevo Amanecer en Bocono Edo Trujillo. Está casado con Erika de Torres y juntos tienen dos hijos, Douglas Davet y Naryet Orel Torres.

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