¿Estoy solo en mi búsqueda por tener dominio propio?

En la vida espiritual, el entorno eclesial condiciona ciertos parámetros y límites que benefician nuestro andar y caminar en Cristo.

En la vida espiritual, el entorno eclesial condiciona ciertos parámetros y límites que benefician nuestro andar y caminar en Cristo. ¿Quieres crecer y madurar espiritualmente? Necesitas vivir en el ambiente de la iglesia. La iglesia nos ayuda en nuestra santificación. La comunión de los santos beneficia nuestro crecimiento espiritual de muchas maneras, y una de ellas es protegiendo nuestro dominio propio. No estamos solos en la búsqueda del dominio propio. Por un lado, ya hemos visto anteriormente cómo Dios nos ha dado el Espíritu Santo quien nos fortalece y nos asiste produciendo fruto de dominio propio (2 Ti. 1:7). Pero, por otro lado, también Dios nos ha incorporado a Su cuerpo, la Iglesia, por medio del Espíritu. Es en este medio, en el cuerpo de Cristo, donde siendo miembros los unos de los otros (Ro. 12:5) somos exhortados a cultivar el dominio propio.

El diseño divino de la iglesia

El propio diseño de Dios para Su Iglesia vigoriza el cuidado del dominio propio. Dios planeó Su Iglesia para ser un cuerpo con muchos miembros donde «todos los miembros del cuerpo», siendo «muchos» son «un solo cuerpo» (1 Co. 12:12). Este principio de unidad y diversidad, ordenado por Dios, establece la interdependencia necesaria en la iglesia . No estamos solos. «El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni tampoco la cabeza a los pies: “No los necesito”» (1 Co. 12:21). Necesitamos a los hermanos, necesitamos la congregación. Dios nos ha colocado en la iglesia para exhortarnos y fortificarnos mutuamente. De hecho, este es uno de los propósitos por el cual debemos congregarnos.

El límite de la libertad cristiana

La iglesia establece ciertos límites en nuestro andar cristiano. Éstos nos ayudan a cultivar el dominio propio. Una relación sana con nuestros hermanos en Cristo limita el uso de nuestra libertad cristiana y fomenta el dominio propio. El apóstol Pablo explicó este principio a sus hermanos en Corinto en relación con el comer carne sacrificada a los ídolos. Algunos creyentes corintios entendían que tenían libertad en Cristo para poder comerla. Pero, otros hermanos suyos consideraban que comer esa carne era pecar de idolatría. Para los primeros, la carne sacrificada a ídolos era simplemente comida porque conocían que un ídolo no es nada y que solo hay un Dios vivo y verdadero. Sin embargo, para los otros, comer de dicha carne era participar del sacrificio pagano de manera que su conciencia era dañada y pecaban (1 Co. 8:12). El problema surgía porque el uso de la libertad de unos contaminaba la conciencia de los otros y los hacía tropezar. Su débil conciencia era herida y pecaban porque «el que duda, si come se condena, porque no lo hace por fe. Todo lo que no procede de fe, es pecado» (Ro. 14:23). La situación era tan grave que el apóstol dice que «se perderá el que es débil» (1 Co. 8:11). Sabemos que Pablo no se refería a la perdición eterna porque lo identifica como «hermano» hasta en 4 ocasiones. Pero, además, «se perderá» no alude a un tiempo futuro escatológico sino a la consecuencia presente de «será estimulada su conciencia» (1 Co. 8:10). Dios afirma que cuando no limitas tu libertad y haces tropezar a tu hermano, éste es destruido porque la obra de Dios en su vida es destruida por el pecado y no edificada. Y esto concuerda con lo que Pablo escribe en Romanos 14:20: «No destruyas la obra de Dios por causa de la comida». Por tanto, el uso de la libertad cristiana sin dominio propio puede destruir a mi hermano al incitarlo a pecar. Cristo murió por él y yo ¿le estimulo a pecar? Haciendo esto pecamos contra los hermanos y pecamos contra Cristo (1 Co. 8:12).

La búsqueda del bien del otro

El dominio propio también puede cultivarse cuando procuramos el beneficio de nuestros hermanos por encima del nuestro. En muchas ocasiones, buscar el bien ajeno promoverá el cuidado de nuestro propio control. Así exhortó también el apóstol Pablo a los corintios diciendo: «Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica» (1 Co. 10:23). Esta era una frase popular que Pablo corrigió. Los corintios usaban la máxima general «todo es lícito» con el propósito de justificar todo tipo de conducta. Este sonado eslogan les otorgaba libertad para hacer cualquier cosa. El apóstol lo censuró en el capítulo 6 en relación con el uso de sus cuerpos y les exhortó que no debemos dejarnos dominar por nada (1 Co. 6:12). Se trata de una advertencia para evitar todo aquello que tome el control o la potestad de nuestras acciones. Asimismo, en el capítulo 10 de 1 Corintios, Pablo afirmó que debemos buscar lo que conviene, es decir, lo que es provechoso o beneficioso porque «no todo edifica» (1 Co. 10:23). Algunas cosas pueden ser lícitas, pero no ser beneficiosas para fortalecer la vida de mis hermanos. Debemos preguntarnos siempre: ¿esto edifica a mi hermano? ¿promueve y estimula su crecimiento espiritual? En ocasiones, una respuesta sincera a esta pregunta nos llevará a ejercer el dominio propio. Gordon Fee escribe: «La conducta verdaderamente cristiana no depende de si tengo derecho de hacer algo, sino de si mi conducta es provechosa para los que me rodean». Esta búsqueda es la llave para ejercitar el dominio propio y en esto la iglesia es esencial. Por eso, la Palabra nos exhorta así: «procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua» (Ro. 14:19). El apóstol clarifica aún más este principio y afirma: «Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo» (1 Co. 10:24). El verbo «buscar» connota la idea de esfuerzo y dedicación procurando con tesón el bien del otro y no el mío propio. Esta es la esencia del amor fraternal. No buscar el provecho personal sino el del hermano. Como dice 1 Corintios 13:5 en el contexto de las relaciones fraternales: el amor «no busca lo suyo». Pablo también enfatizó que no solo ejercemos dominio propio cuando nos privamos de algo, sino también cuando estamos dispuestos a acomodar nuestros gustos y modificar nuestras preferencias por amor a los hermanos. Él mismo dijo: «yo procuro agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos» (1 Co. 10:32-33).

Conclusión

Gracias a Dios por la iglesia. El cuerpo de pecadores redimidos que Dios ha colocado a tu lado no son un estorbo humano para tu piedad sino un recurso divino para tu madurez espiritual. Ellos han sido puestos cerca de ti para fortalecer y ejercitar tu dominio propio. Sin ellos no podrías. Alaba a Dios por su bondad para contigo. Confiesa tu pecado de queja por tus hermanos y busca la comunión cercana y fiel con el cuerpo de Cristo que Dios planeó para cultivar tu dominio propio.

Soldados De Jesucristo

Nuestra misión es predicar el evangelio de la gracia de Dios haciendo un llamado al arrepentimiento y fe en Jesucristo.

Artículos por categoría

Artículos relacionados

Artículos por autor

Artículos del mismo autor

Artículos recientes

Te recomendamos estos artículos

Siempre en contacto

Recursos en tu correo electrónico

¿Quieres recibir todo el contenido de Volvamos al evangelio en tu correo electrónico y enterarte de los proyectos en los que estamos trabajando?

.