El gran mandamiento: El amor

Los diez mandamientos no son una colección de principios aislados, sino que son una revelación colectiva de la voluntad de Dios para nuestras vidas.
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“Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Stg 2:10). Cada vez que tuve la oportunidad de leer este versículo en el pasado, pensaba que su significado era que solamente la perfección era capaz de ganar el cielo y, por lo tanto, no importaba si rompíamos uno o todos los puntos, éramos incapaces de entrar al cielo por nuestros esfuerzos. Y aunque creo que esto es verdad, me pregunto si no hay algo mas profundo escondido aquí. Al hablar sobre la ley el versículo se está refiriendo a los 10 mandamientos, realmente al evaluarlos con una vista panorámica, se nota que el primer mandamiento se está refiriendo a nuestro amor por Dios y el último mandamiento hace referencia al prójimo. Cuando preguntaron a Jesús qué era necesario para heredar la vida eterna, su respuesta lo resumió así: “AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU FUERZA, Y CON TODA TU MENTE; Y A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO” (Luc 10:27). La forma que Pablo lo resumió para los gálatas fue: “toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO” (Gál 5:14). Como Dios es amor y fuimos creados para reflejarlo ¡entonces nuestro amor por otros demuestra nuestro amor por Dios! (1 Jn 4:7-8). Los diez mandamientos no son una colección de principios aislados, sino que son una revelación colectiva de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Cuando amamos a Dios con toda nuestra alma, fuerza, mente y corazón, es imposible romper tan solo uno de los diez mandamientos.  Al romper uno, estamos manifestando que queremos vivir por nuestra voluntad y no por la de Dios. Es una demostración de nuestro egoísmo, la unidad del amor entonces es rota y enseñamos que nos amamos a nosotras mismas más que al prójimo, pero aún peor, enseñamos también que nos amamos más que a Jesús (Jn 14:15).  Como los diez mandamientos son manifestaciones de nuestro amor, al romper uno, el amor es quebrado y en esencia rompemos todos. Sucede como con una cadena, su fuerza radica en su eslabón mas débil, la cadena en esencia fue quebrada. Y regresando a mi primer pensamiento, si hemos quebrado un mandamiento, entonces hemos roto otros también porque por lo menos, hemos puesto otro dios o ídolo antes que Él: el dios “yo” y, entonces, no podemos ser justificados por la ley.  Hemos sido descalificadas y necesitamos la gracia para la salvación. Los judíos pasaron generaciones tratando de hacerlo, y también los gentiles, pero es imposible “porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS” (Gál 3:10). Entonces debemos vivir por fe en Cristo quien sí cumplió la ley y murió en nuestro lugar. Dios no creó robots sino personas creadas a su imagen (Gn 1:27) con voluntad propia reconociendo que tendremos la capacidad de dañar la perfección que Él creó, y a pesar de esto, Él nos creó de todos modos. Sin embargo, nunca nos dejó sin esperanza. Desde la primera caída, Él prometió que quien pagaría el precio de nuestra deuda sería su hijo Jesucristo y siguió perdonándonos por generaciones. Un día ese mismo hombre regresará en toda su gloria y cada rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Qué bendición y privilegio nos ha otorgado que no tenemos que esperar su próxima llegada, sino que podemos amarlo y adorarlo ahora y luego compartir lo que tenemos con otros para que ellos también pueden hacer lo mismo. Oro que nuestras vidas demuestren este amor incondicional y sobrenatural que viene de Él para que reflejemos al mundo que vive en tinieblas que hay una luz que brilla en la oscuridad, pero necesitamos una relación con Jesús para que la podamos ver. Bendiciones Cathy Scheraldi

Catherine Scheraldi de Núñez

Catherine Scheraldi de Núñez, es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y es conductora del programa radial «Mujer para la gloria de Dios». Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y . Puedes seguirla en twitter.

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