Dios demanda fidelidad conyugal

Dios nos demanda fidelidad conyugal, pero esta fidelidad conyugal debe ir más allá de no estar físicamente con alguien que no sea nuestra pareja, sino que nuestra fidelidad conyugal debe empezar en el corazón.
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Por causa del pecado en el corazón humano, vivimos en sociedades hedonistas, sociedades que simplemente buscan satisfacer sus deseos, sociedades que no quieren tener principios o leyes firmes que rijan su moralidad y convicciones, sociedades donde cada quien tiene su propia ¨regla¨ de lo que es bueno o malo, de lo que es correcto o incorrecto, por consiguiente tenemos el desorden moral y social vigente. Por tanto, por esta inclinación del corazón humano hacia el pecado, hacía el desorden espiritual y moral, es entonces que Dios dio a Israel y en consecuencia a la humanidad, parámetros para así encaminarse y vivir de acuerdo a los propósitos Divinos. Dentro de estos parámetros del Creador tenemos este séptimo mandamiento que dice: No cometerás adulterio. Ahora bien, Como se dijo en su momento al comentar sobre el quinto mandamiento, para Dios es de suma importancia la familia, pues si se quiere una sociedad sana con buenos principios y convicciones, todo comienza en el hogar. Y este mandamiento va en ese norte, va en pro de una familia sana, en pro de un matrimonio sano. Por ello, veamos a continuación el significado, los destinatarios, las consecuencias y el propósito de Dios al dar esta ordenanza con su respectiva aplicación.

El Significado

Este mandamiento está dentro de los mandamientos cortos y directos, pues sencillamente Dios le dijo a Israel No cometerás adulterio. Con esta directriz tan simple pero tan profunda, el Creador se enfoca en resguardar el vínculo sagrado del matrimonio, y esto por medio de la fidelidad marital expresada en fidelidad sexual. Este mandamiento significa no buscar satisfacer tanto deseos sexuales como emocionales con alguien que no sea su cónyuge. En palabras positivas, Dios habiendo creado el matrimonio y dando la unión sexual como algo realmente bueno (Gn 1:27-28,31), quiere que los deseos emocionales dados por Él mismo, y los deseos sexuales dados por Él mismo también, sean satisfechos, pero satisfechos en la exclusividad del matrimonio.

Los Destinatarios

Es interesante notar que este mandamiento no dice: Hombre, no cometerás adulterio, ni dice: Mujer, no cometerás adulterio, en lugar de esto simplemente dice: No cometerás adulterio, es decir, que el mandamiento es tanto para el hombre como para la mujer. Y si por casualidad alguien tiene alguna duda, al respecto Levítico 20:10 dice: Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos (VRV 60). Podemos ver acá que hay tanto adúltero como adúltera y para ambos son las consecuencias. Por tanto, los destinatarios eran cada esposo y esposa israelita, y los destinatarios son cada hombre y cada mujer unidos maritalmente.

Las Consecuencias

Podemos al menos mencionar tres consecuencias negativas al no obedecer este mandamiento. En primer lugar, el adulterio afecta la pureza tanto personal como sexual.  Levíticos 18:20 dice: No te acostarás con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella. El término contaminar significa ensuciar, corromper o inmundicia. El punto es que el adulterio es una mancha a la vida moral y espiritual de una persona. En segundo lugar, el adulterio es un pecado muy aborrecido por el Creador. Si bien todo pecado es aborrecible para Dios, este tipo de pecado tiene tal grado de aborrecimiento, que junto a otros pecados como el asesinato y la deshonra continua y grosera a los padres (Ex 21:12; Dt 21:18-21), se castigaban en la ley mosaica con la muerte, pues como se ha dicho en Levítico 20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos (VRV 60). Y en tercer lugar, el adulterio atenta contra el propósito familiar de Dios. Fue Dios quien creó la familia al darle a Adán esposa y al decirle que debía unirse en todos los sentidos a ella y así poblar la tierra (Gn 1:27-28, 2:24), por ello este mandamiento junto al quinto de honrar a los padres, apuntan a proteger el sagrado vínculo familiar. El Señor sabe que una de las cosas que tiene el potencial de dañar y destruir más un hogar es el adulterio.

El Propósito

Dios es Bueno y Perfecto, por lo tanto, todos sus mandamientos aunque en primer lugar son para su honra y gloria, en segundo lugar son también para nuestro bienestar. Obedecer al Creador es lo que más nos conviene y era lo que más le convenía al Israelita que estaba recibiendo estos mandamientos, con la obediencia a esta ordenanza en particular de no cometer adulterio, Dios está cuidando la pureza emocional y sexual del hombre y la mujer, está cuidando la santidad y firmeza de la familia, y está cuidando el bienestar y estabilidad de la sociedad, porque familias fuertes hacen sociedades fuertes, pero familias problemáticas hacen sociedades problemáticas.

La Aplicación

Entendiendo la importancia de este mandamiento, ¿cómo cuidarnos? ¿Cómo protegernos de caer en este pecado tan destructivo? Si bien podríamos hablar de varias cosas importantes para cuidarnos como: Nuestra rendición diaria y constante al Señor, la importancia de la oración, la importancia de lectura, meditación y estudio de las Escrituras, también la importancia de tener relaciones con otros que también quieran honrar a Dios con sus matrimonios, así como también la clave de tener constantemente presente el evangelio, es decir la grandeza de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, y desde luego la importancia de tener una relación fuerte a una iglesia bíblica. Todas estas cosas son necesarias para honrar al Señor y nos serán escudo para este pecado, sin embargo es también importante y clave recodar lo que dijo Jesús al respecto: Ustedes han oído que se dijo: “NO COMETERÁS ADULTERIO”. Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. (Mt 5:27-30) Podemos ver como aquí el Señor profundiza en este séptimo mandamiento diciendo: Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Con esto Jesús enseña que más allá del mero acto sexual, la lujuria es adulterio. El Salvador aquí nos muestra que el problema está en el corazón, que es de donde sale el pecado (Mc 7:21-23) por ello la importancia de guardar nuestro corazón, de protegerlo de todo lo que lo quiera ensuciar, tal como dice Proverbios 4:23 Con toda diligencia guarda tu corazón, Porque de él brotan los manantiales de la vida. Al respecto, John MacArthur comentando acerca de este pasaje dice: ¨Un proverbio popular reza: “Siembra un pensamiento y cosecharás un acto; siembra un acto y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharas un destino”. Ese proceso ilustra a la perfección el sentido de Jesús en este pasaje: Termine donde termine, el pecado siempre empieza cuando un mal pensamiento se siembra en la mente y el corazón¨ [1]. Pues como alguien dijo alguna vez: no podemos evitar que un pájaro vuele sobre nuestra cabeza, pero sí que haga nido. De manera que una forma práctica de cuidarnos de este pecado del adulterio es cuidando nuestra mente y corazón. Ahora bien, el pasaje no termina aquí, sino que Jesús nos da otra forma de cuidarnos, pues dice: Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala. Acá en palabras sencillas el Señor afirma que debemos sacar o quitar de nuestras vidas todo aquello que tiente a nuestro corazón hacia la lujuria, ser honestos y confesar lo que nos tiente y sencillamente sacarlo de nosotros.

Conclusión

El Creador con este Séptimo mandamiento de fidelidad conyugal, busca cuidar la pureza emocional y sexual del hombre y la mujer, cuidar la santidad y firmeza de la familia, y de esta manera cuidar del bienestar y estabilidad de la sociedad. Por lo tanto, más que una restricción es un acto de amor, es un acto de amor para nosotros pecadores, Dios con este mandamiento nos evita males personales, familiares y sociales. En fin, Dios nos demanda fidelidad conyugal, pero esta fidelidad conyugal debe ir más allá de no estar físicamente con alguien que no sea nuestra pareja, sino que nuestra fidelidad conyugal debe empezar en el corazón, que nuestra mente y corazón honren al Señor en este tema, al estar centrados en amar a nuestro cónyuge y desechar todo aquello que quiera quitarlo de su exclusiva posición en nuestro corazón.


[1] MacArthur John. Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Mateo. Editorial Portavoz, Grand Rapids, MI, 2017, p 190.

Douglas Torres

Douglas Torres

Graduado del seminario bíblico Río grande (Edinburg, Texas), en la actualidad cursa una maestría en teología en el seminario Teológico bautista de Venezuela. Es facilitador del Seminario Teológico Ministerial (SETEMI), prosefor del Centro de Capacitación bíblica para pastores y maestro de la iglesia bautista Nuevo Amanecer en Bocono Edo Trujillo. Está casado con Erika de Torres y juntos tienen dos hijos, Douglas Davet y Naryet Orel Torres.

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