“El amor cubre multitud de pecados” (1P 4:8b).
No sé qué piensas, pero la aplicación común de este versículo siempre me ha inquietado. Muchas personas han sugerido que este versículo enseña que es amoroso ignorar el pecado de alguien… encubrirlo. Pero ¿qué pecado está bien ignorar? Muchas iglesias han usado este versículo como justificación para encubrir las faltas de sus pastores. ¿Debemos encubrir la mentira? ¿Debemos ignorar las malas actitudes? ¿Qué hay del asesinato?
¿Con cuánta frecuencia debo ignorar los pecados de mis hijos o de mi cónyuge? Las personas que creen que el pecado debe ignorarse responden esta pregunta con mucha subjetividad. Deciden confrontar el pecado cuando finalmente les molesta lo suficiente.
¿Acaso Dios hace la vista gorda ante mi pecado y finge que nunca ocurrió? Quienes defienden encubrir el pecado saben que Dios no ignora nuestro pecado, así que afirman: “Nosotros no somos Dios”, y usan eso como excusa para no tratar el pecado.

Lamentablemente, si has escuchado que el verdadero amor “cubre” el pecado al ignorarlo, has estado expuesto a la misma mala interpretación a la que yo fui expuesto.
En ningún lugar de las Escrituras se les dice a los cristianos que el amor “ignora” el pecado o intenta encubrirlo. De hecho, hay numerosos pasajes que contradicen abiertamente esa idea. Pero consideraremos solamente un versículo del Antiguo Testamento y dos versículos del Nuevo Testamento para entender correctamente esta idea de “cubrir el pecado”.

Salmo 85:2: “Perdonaste la iniquidad de Tu pueblo, cubriste todo su pecado”.
Romanos 4:7: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas, y cuyos pecados han sido cubiertos”.
Santiago 5:20: “Sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados”.
En cada uno de estos pasajes vemos que cubrir el pecado es el resultado del perdón. El pecado mismo fue cubierto por el perdón.

“Pero, Aarón, ¿acaso no puedo perdonar a alguien sin hablar con esa persona sobre lo que hizo?”. Con frecuencia escuchamos acerca de casos de asesinatos de alto perfil en los que la familia de la víctima dice algo como: “Lo perdonamos por haber quitado la vida de nuestro ser querido”, aunque el asesino no muestre ningún arrepentimiento. Pero ¿es así como funciona el perdón bíblico?
En Romanos 13:8 leemos: “No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros. Porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley”.
Dios nos ha ordenado amar a nuestros amigos, enemigos y desconocidos. Cuando pecamos contra alguien, hemos dejado de darle a esa persona lo que le debemos… amor.

Ahora bien, aunque rara vez es útil reducir nuestros pecados interpersonales a una especie de contabilidad, continuaremos usando la metáfora bíblica de una deuda. Según Dios, debo amar a todos durante cada minuto de cada día. Pero supongamos que durante cinco minutos completos no te amé como debía. Por el mandato de Dios, te debo esos cinco minutos de amor. Entonces, ¿cómo pago esa deuda? No puedo hacerlo.
Soy un ser limitado. Te debo 1.440 minutos de amor cada día, y si solamente te doy 1.435 minutos de amor, no podré compensarlo mañana porque ya tendré una nueva deuda de 1.440 minutos de amor para ese día. No habrá tiempo adicional. No es como si no tuviera que amarte durante el fin de semana y pudiera recuperar esos cinco minutos entonces.
Por tanto, si peco contra ti, estoy en deuda contigo, hablando espiritualmente. Sin embargo, si voy a responder correctamente a mi pecado, no puedo simplemente actuar como si nunca hubiera ocurrido. Necesito reconocer mi deuda confesando mi pecado. También necesito pedir perdón. Así como alguien que no puede pagar una deuda económica le pide a su acreedor que le perdone la deuda, un pecador necesita pedir perdón a la persona contra quien ha pecado.

Debido a que es imposible que el pecador alguna vez pueda pagar por completo lo que debe, el acto de pedir perdón es una petición verbal para que esa deuda no se tome en su contra.
Ahora, por favor, entiende que pedir y recibir perdón no es algo místico ni contractual. La petición verbal y la concesión del perdón son simplemente un paso necesario en el proceso de reconciliación.
Espero que puedas ver que no podemos perdonar verdaderamente a alguien que no reconoce su pecado ni desea ser perdonado. A lo largo de toda la Escritura vemos que el perdón se concede cuando una persona lo busca, y ese mismo perdón se retiene cuando el individuo no lo desea. Esto es especialmente claro en relación con la salvación. Dios no salva a quienes no vienen a Él en arrepentimiento.

Entonces, ¿cómo se supone que una persona debe saber que ha pecado? Por lo general, las personas no ven su pecado como Dios lo ve y, por tanto, no buscan el perdón porque no se dan cuenta de que lo que hacen está mal. Por eso Dios creó la iglesia para que haya rendición de cuentas y discipulado en la vida de unos y otros. La corrección, la reprensión, la amonestación y la exhortación son los medios que Dios utiliza para ayudar a una persona a reconocer el error de su camino. Efesios 4:15 dice: “Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo”.
Este proceso se ilustra claramente en Santiago 5:20: “Sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados”.
Como padres, no es otra cosa que pereza o temor lo que nos lleva a hacer la vista gorda ante la desobediencia de nuestros hijos. Es la falta de verdadera preocupación por nuestros amigos lo que nos motiva a ignorar el pecado evidente en sus vidas. Cuando decidimos no tratar su pecado, les hacemos un gran daño: no los estamos amando como deberíamos. No les mostramos el pecado que los está perjudicando, que está dañando a otros y que está ofendiendo a Dios. No les damos la oportunidad de ser reconciliados con Dios y con los demás. Es mediante la confrontación bíblica que llegamos a ver nuestro pecado y nuestra necesidad de perdón. Cuando retenemos la verdad en amor, les estamos quitando la oportunidad de confesar su pecado, pedir perdón y comprometerse con el arrepentimiento.

Por tanto, con un espíritu de amor y perdón, debemos hablar humildemente con la persona acerca de su pecado, procurando encontrar reconciliación para la gloria de Dios.
Así es como el verdadero amor bíblico cubre el pecado.
