Julio 9
Y tomando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse (Mateo 26:37).
La Biblia nos ofrece una visión asombrosa del alma de Jesús la noche antes de ser crucificado. Observa y aprende de la forma en que Jesús libró Su batalla estratégica contra el desánimo y la depresión.
- Escogió a algunos amigos cercanos para que estuvieran con Él: “Y tomando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo” (Mateo 26:37).
- Abrió Su alma con ellos. Les dijo: “Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte” (Mateo 26:38).
- Les pidió que intercedieran por Él y lo acompañaran en la batalla: “Quédense aquí y velen junto a Mí” (Mateo 26:38).
- Derramó Su corazón ante Su Padre en oración: “Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa” (Mateo 26:39).
- Descansó Su alma en la soberana sabiduría de Dios: “Pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras” (Mateo 26:39).
- Fijó Su mirada en la gloriosa gracia venidera que le esperaba al otro lado de la cruz: “Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).
Cuando algo caiga en tu vida que parezca amenazar tu futuro, recuerda esto: las primeras ondas de choque de la bomba que cae en tu corazón, como las que Jesús sintió en Getsemaní, no son pecado. El verdadero peligro es ceder ante ellas. Rendirte. No oponer resistencia espiritual. Y la raíz de esa rendición pecaminosa es la incredulidad: no luchar por la fe en la gracia venidera. No apreciar todo lo que Dios promete ser para nosotros en Jesús.
En Getsemaní, Jesús nos muestra otro camino. Uno que es doloroso. Uno que no es pasivo. Síguelo. Encuentra a tus amigos espirituales de confianza. Ábreles tu alma. Pídeles que te acompañen en la oración y que intercedan por ti. Derrama tu alma ante el Padre. Descansa en la sabiduría soberana de Dios. Y fija tu mirada en el gozo que te esperan en las preciosas y magníficas promesas de Dios.
