Convirtiendo mis reuniones navideñas en un tiempo evangelístico

Durante navidad, la familia y los amigos tienen tiempo para compartir. Algunos hacen ciertas tradiciones en las que recuerdan el nacimiento de Cristo, sin embargo, en la mayoría de los casos éstas están llenas de ideas falsas acerca de quién es Jesús, cómo y sobre todo por qué vino a esta tierra. Esto en vez de desanimarnos debería convertirse en una oportunidad para que nosotras aprovechemos esta época para proclamar el único nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Durante estas fechas las personas están dispuestas a escuchar acerca del nacimiento del Mesías y es una gran oportunidad para explicarles a profundidad las gloriosas verdades del evangelio verdadero. Como hijas de Dios, no podemos dejar opacar la gloriosa venida de nuestro salvador por tradiciones, que, aunque no son pecaminosas, sí nos distraen y nos apartan de lo importante y relevante lo cual es que Dios se hizo hombre para traer la salvación de aquellos que creerían en Él. Si quieres que tu navidad este año sea diferente y que tus seres queridos realmente conozcan el evangelio, enfatiza las siguientes verdades en cada una de tus reuniones navideñas.

Dios es Santo

Este es uno de los atributos que nos recuerda la gran diferencia entre nosotras y Dios. Se refiere a la pureza perfecta de Dios, no hay ninguna mancha o pecado en Él. Es limpio en su totalidad y, por tanto, todo lo que hace es puro y desbordantemente bueno. Meditar y recordar sobre la santidad de Dios nos debe llevar a glorificarle, alabarle y admirarle. En el libro “El conocimiento del Dios Santo”, AW Tozer explica sobre este atributo: “Santo es la forma en que Dios es. Para ser santo, Él no se conforma a unas normas. Él mismo es la norma. Él es el absolutamente santo, con una plenitud incomprensible e infinita de pureza que es incapaz de ser distinta a como es. Porque Él es santo, sus atributos son santos; es decir, que cuanto pensemos como perteneciente a Dios, debemos pensarlo como santo”

El hombre es pecador

En contraste a un Dios santo y puro, la palabra de Dios afirma contundentemente que el hombre es pecador por naturaleza. Por ejemplo, Romanos 3:10-12 expresa “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” Tan fácil de entender, pero difícil de aceptar. Comúnmente nosotras confiamos en nuestra bondad porque nos comparamos con nuestras amigas, vecinas, hermanas u otras personas que aparentemente son inferiores moralmente a nosotras. Es por esto que muchos están engañados y auto confiados en una falsa medida de bondad. Sin embargo, no es delante de otros que debemos evaluar nuestra vida, sino delante de un Dios santo y puro que también demanda santidad de su creación. La humanidad quiere estar apartada de Dios, su naturaleza es pecaminosa y no le agradan las mismas cosas que agradan al Señor. Dios es santo y el hombre en lugar de buscar las cosas del cielo, se deleita en el pecado y lo disfruta, sin saber que se está engañando a sí mismo y esta rumbo a la destrucción eterna. Durante tus reuniones navideñas podrías hacer un ejercicio para probar este punto a tus invitados. Por ejemplo, diles que evalúen sus vidas a la luz de los 10 mandamientos. ¿Has amado a Dios con todo tu corazón y fuerzas? ¿Has levantado un falso testimonio contra alguien? ¿Has adulterado? ¿Has honrado a tus padres? ¿Has robado? Una confrontación con la ley de Dios revelará pronto el corazón pecaminoso de todo hombre. Ora para hacer este tipo de actividades con todo amor y paciencia. Debes buscar que tu actitud no sea la que ofenda. El mensaje es suficientemente chocante, así que pide a Dios gracia y humildad para presentar esta información a tus invitados y que sea el Espíritu Santo quien traiga iluminación.

Cristo es Señor y Salvador

 “porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc.19: 10). Jesús siendo Dios mismo, la segunda persona de la trinidad vino a este mundo con el propósito de cumplir la voluntad de Dios Padre y esto era salvar a pecadores.  “el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia” (1 Ped. 2:22-23). Cristo vivió perfectamente para pagar el pecado de todas las personas que crean en Él. imaginémonos en un juicio en donde el Juez es Dios Padre, quien debe juzgar a la humanidad, pues al ser completamente justo no puede pasar por alto el delito sin que haya un pago. Si Dios simplemente pasara por alto el pecado sin un pago, entonces sería un juez injusto y no santo. Continuando con la escena del juicio, las acusadas somos cada una de nosotras y nuestro abogado y defensor es Jesús el hijo de Dios, nosotras no tenemos con qué pagar la condena, pues nuestra vida no puede satisfacer la santidad ni la justicia de Dios. Sin embargo, Dios en su amor se encarnó haciéndose humano para vivir una vida perfecta y decir en este juicio, yo pago por la deuda de ella todo está cancelado. ¡Que hermosa verdad! Glorioso intercambio, el Santo muriendo en lugar del pecador. Pero no solo nos salva, sino que nos ha comprado por medio de Su sangre. Antes éramos esclavas del pecado, pero ahora somos esclavas de Cristo. Recuerda que debes enfatizar el hecho de que no puedes recibir a Cristo como tu salvador personal si también no lo recibes como el Señor de tu vida. “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de enseñanza a la que fuisteis entregados; y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia. Hablo en términos humanos, por causa de la debilidad de vuestra carne. Porque de la manera que presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presentad vuestros miembros como esclavos a la justicia, para santificación” (Rom. 6:17-19).

Es necesario arrepentirse y creer en Él

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Rom. 10:9). “Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor…” (Hch. 3:19). El arrepentimiento es un cambio de mente y afecciones profundas. Como explique anteriormente, ya no es el pecado quien dirige, sino que es El Señor Jesucristo quien está al control. Arrepentirse para salvación significa que nuestra mente y emociones ya dejan de deleitarse en sus propias pasiones y se deleitan en glorificar al Señor haciendo las cosas que a le agradan a Él, quitar las cosas de nuestra vida que están mal y ahora poner en nuestra vida lo que es bueno y agradable al Señor. Debemos creer que Cristo es Dios mismo, hecho carne, que vivió una vida perfecta, murió para pagar la gran deuda que teníamos delante del Padre, y que este pago fue aceptado por lo cual Cristo resucitó y ahora está a la derecha del Padre intercediendo por nosotros. Habla a tus invitados de Él, diles que pongan toda su fe en Jesucristo el único que puede dar esperanza en un mundo donde todo es decepción. Ora por tus invitados, ámalos, sírvelos, pero sobre todas las cosas preséntales el evangelio.

Juliana de Armel

Juliana de Armel, es una hija de Dios salvada por gracia. Esposa de Santiago Armel quien es pastor de la Iglesia Bíblica Cristiana de Cali. También es madre de un hijo llamado Santiago. Junto a su familia vivió por varios años en Los Angeles, California, tiempo en el cual fueron entrenados en Grace Community Church para luego ser enviados como misioneros a plantar una iglesia en la ciudad de Cali, Colombia.

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