Septiembre 5
“Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, para santificarla”. Efesios 5:25-26
Por la gracia de Dios, todo matrimonio cristiano tiene un objetivo más grande que el simple matrimonio. El propósito del matrimonio humano es apuntar, no hacia nosotros mismos, sino hacia el matrimonio supremo en el cielo: el de Cristo, el Novio, y la iglesia, Su esposa. El matrimonio, en otras palabras, se trata del propósito supremo de Dios “de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef 1:10). Por eso, Pablo ofrece instrucciones específicas para los esposos: para que los matrimonios puedan demostrar la unión que Dios diseñó.
En el matrimonio, el objetivo principal del esposo no es asegurarse de que su esposa tenga sustento físico y emocional. Por supuesto, es parte de ello, pero su objetivo máximo debe ser que la mujer esté preparada para encontrarse con Jesús.
Con ese fin, la palabra que Pablo utiliza aquí para “amor”, agápe, es importante: expresa autosacrificio y humildad. Se trata de lo que damos, no de lo que recibimos. Se trata de lo que nosotros debemos, no de lo que nos deben. No se trata de buscar lo que es bueno para ti, sino de darte a ti mismo para lo que es verdaderamente bueno para tu esposa, para que sea ella “santa e inmaculada” (Ef 5:27). Este fue el propósito por el que Cristo dio Su vida por Su iglesia, y la ilustración de esto es la manera en que el esposo se da a sí mismo y lo que busca para su esposa.
Pero, si eres esposo, ¿cómo amas de esta manera a tu esposa en la realidad diaria de la vida? Hay tres pasos prácticos que puedes tomar. Debes renunciar al abandono físico, emocional y espiritual y, si tu carrera, club o responsabilidades de la iglesia interfieren, tal vez debas reevaluar tus prioridades. También debes renunciar al abuso que, aunque incluye pecados más flagrantes, también implica menospreciar a tu esposa, hablarle con condescendencia, tratarla con indiferencia o actuar como si fuera muy afortunada por haberse casado contigo. Y, finalmente, debes asegurarte de nunca dar tu matrimonio por hecho, algo que puede volverse fácil conforme pasa el tiempo.
Pero por más útiles que puedan ser estos recordatorios prácticos, al final, la medida y la motivación para amar es el amor cruciforme de Cristo por Su esposa. Sin una clara perspectiva de cómo Jesús ama a Su iglesia, nuestras mejores intenciones se hundirán y nuestros fracasos nos aplastarán. Así que debemos voltear a Cristo, quien, aunque no necesitaba a nadie ni nada, vino y se dio a Sí mismo para que nosotros, en nuestra necesidad, rebelión y vacío seamos levantados en Su abrazo, recibidos en Su corazón, incorporados a Su familia y considerados parte de Su esposa.
¿Alguna vez te has encontrado preguntando: “¿Por qué me amaría Dios de esa forma?”. Si es así, entiendes cuán alto tienen los esposos de “[amar] a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”. Así que, si eres esposo o esperas algún día serlo, debes comenzar con oración: ora para que el Espíritu Santo te dé la capacidad para pensar de manera bíblica, para vivir con obediencia y para amar con verdadero desinterés. Y, si eres esposa o esperas serlo algún día, esta también debería ser tu oración por tu esposo, para tu bien y para el de él, pero, sobre todo, para la gloria de Dios.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
