Septiembre 4
“Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días”, declara el Señor. “Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo” (Jeremías 31:33).
Jesús rompe cualquier desunión absoluta entre mandamientos y amor.
Él dice: “Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos… El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre” (Juan 14:15, 21). “Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor” (Juan 15:10).
Pensar en términos de mandamientos y obediencia no impidió que Jesús disfrutara del amor de Su Padre. Y espera que pensar en Él como alguien que da mandatos tampoco ponga en peligro nuestra relación de amor con Él.
Es crucial comprender esto, porque la nueva relación de pacto que tenemos con Dios por medio de Jesucristo no es un pacto sin mandamientos. La diferencia fundamental entre el antiguo pacto ofrecido por Dios mediante la ley mosaica y el nuevo pacto ofrecido por Dios mediante Cristo, no radica en que uno tuviera mandamientos y el otro no.
Las diferencias clave son: (1) el Mesías, Jesús, vino y derramó la sangre del nuevo pacto (Mateo 26:28; Hebreos 10:29), desde entonces es el Mediador de un nuevo pacto, entonces toda fe salvadora y que guarda el pacto es una fe consciente en Él; (2) por tanto, el antiguo pacto ha quedado obsoleto (Hebreos 8:13) y no gobierna al pueblo de Dios del nuevo pacto (2 Corintios 3:7-18; Romanos 7:4, 6; Gálatas 3:19); y (3) el nuevo corazón prometido y el poder habilitador del Espíritu Santo se han otorgado mediante la fe.
En el antiguo pacto, el poder habilitador de la gracia para obedecer a Dios no se derramó tan plenamente como lo ha sido desde Jesús. “Hasta el día de hoy el Señor no les ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír” (Deuteronomio 29:4). Lo nuevo del nuevo pacto no es que no haya mandamientos, sino que la promesa de Dios se ha cumplido. “Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré” (Jeremías 31:33). “Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos” (Ezequiel 36:27).
