Una palabra para las esposas

La sumisión bíblica de una esposa es una gozosa lealtad y compromiso con el liderazgo de su esposo, como parte de un equipo que busca la gloria de Dios en todas las cosas.
Foto: Unsplash

Septiembre 3

“Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor”. Efesios 5:22

La palabra sumisión tiende a detonar todo tipo de respuestas negativas. Esto es, en parte, como lo dijo John Stott hace más de 40 años, por la realidad de que “la sumisión a la autoridad ya no está de moda. Es totalmente contraria a las actitudes contemporáneas de tolerancia y de libertad”.¹ Desde hace cuatro décadas se ha incrementado la mala reputación de la sumisión, y en ningún otro aspecto más que en el matrimonio. Con todo, sigue siendo verdad que, bien entendida y aplicada, la sumisión está en el centro de las relaciones como Dios las estableció. Los hijos deben someterse a sus padres (Ef 6:1), los miembros de la iglesia deben someterse a los líderes (Heb 13:17) y, aquí, las esposas deben someterse a sus maridos “como al Señor”. La sumisión a otros, dependiendo de los roles a los que somos llamados en la vida, es una parte importante de nuestras relaciones.

La sumisión de una esposa hacia su esposo refleja el orden divino de Dios para el matrimonio. Ahora bien, ¿cómo debemos entender esta enseñanza en lo específico? Primero, la instrucción a la esposa de que se someta a su esposo en ningún modo implica que sea inferior a él. La Biblia es extremadamente clara en que hombres y mujeres son iguales en dignidad, ya que ambos son hechos a imagen de Dios (Gn 1:27). Como creyentes, también somos igualmente redimidos, y nuestra igualdad se nota en el hecho de que somos coherederos de la gracia de Dios (1P 3:7). Por tanto, nuestra posición como hombres y mujeres delante de Dios es totalmente igual. Una diferencia de roles no implica una diferencia de valor.

Segundo, las mujeres deben someterse a sus propios maridos, no a todos los hombres en general. Pablo no está dando una instrucción general sobre el lugar de las mujeres en la sociedad; está dando un mandamiento específico en cuanto al rol de la mujer en la familia. Dentro de ese contexto, el deseo de una mujer de someterse al Señor se revela en parte por la sumisión a su marido.

Tercero, la sumisión no es sinónimo de obediencia incondicional. El marido no debe coaccionar a su esposa, ni demandar que se someta a él, mucho menos en cuanto a cosas que el Señor no ha ordenado. La mujer no está en manos de uno que tiene la autoridad para mandar lo que le parece. En cambio, un esposo debe amar “a su mujer como a sí mismo”, entregarse por ella y guiarla en santidad (Ef 5:33). Si eres un esposo, entonces es necesario resaltar que, si en algún punto buscas dirigir a tu esposa a alejarse de la obediencia a Cristo en lugar de profundizar en ella, tu esposa no está bajo obligación bíblica alguna a seguir tu liderazgo.

Si eres una esposa, la Biblia no te llama a una obediencia servil y automática. Más bien, la sumisión debe ser una gozosa lealtad y compromiso por seguir el liderazgo de tu esposo como parte de un equipo que, unido, busca la gloria de Dios en todas las cosas. Esta clase de sumisión de todo corazón y sin renuencia solo es posible mediante el poder de Dios, de manera que puedas traer a tu esposo “bien y no mal todos los días de [tu] vida” (Pro 31:12). Ciertamente, esta sumisión bíblica no está de moda. A menudo no será fácil. Pero a los ojos de Dios y de Su pueblo, es hermosa.


¹ The Message of Ephesians, The Bible Speaks Today [El mensaje de Efesios, La Biblia habla hoy] (IVP Academic, 1979), 215.

Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios

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Alistair Begg

Alistair Begg is the senior pastor of Parkside Church in Cleveland, Ohio, the Bible teacher at “Truth For Life,” and the author of Brave by Faith: God-Sized Confidence in a Post-Christian World. He is married to Susan, and together they have three grown children and five grandchildren.

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