Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos (Mt 18:15-17).
Supongo que no te sorprenderá saber que mantengo una lista de temas futuros sobre los que espero escribir en este blog. Cerca de la parte superior de esa lista hay uno que titulé simplemente: “Mateo 18 y el internet”. Es un asunto muy cercano y especial para mí. Permíteme explicarte.
A lo largo de mis años en el blogging, a menudo he escrito críticas de libros e incluso de algunas personas, de las cosas que han hecho o de las palabras que han dicho. En muchos sentidos, este blog simplemente refleja lo que he estado pensando sobre temas que surgen dentro de la iglesia. Realmente no sé lo que pienso o lo que creo hasta que escribo al respecto, y suelo compartir mis pensamientos a través del blog.

Y cuando escribo sobre personas o sus libros, es casi inevitable que alguien me envíe un correo electrónico o deje un comentario diciendo: “¿Seguiste el procedimiento establecido en Mateo 18?”. A veces esto es una sugerencia amable y a veces una dura reprensión. Pero de una u otra forma, casi siempre llega. Ocurrió cuando escribí reseñas críticas de 90 minutos en el cielo y La cabaña. Ocurrió cuando compartí algunas preocupaciones sobre hombres cuyo ministerio respeto. En cada caso, las personas me sugerían que debía seguir Mateo 18 y hablar con los hombres en persona antes de criticarlos públicamente.
El internet ha hecho que el mundo cristiano sea mucho más pequeño, lo que permite que más cristianos tengan una voz que se extienda por todo el globo. Y con esta nueva capacidad de comunicarnos surgen nuevas preguntas sobre cómo debemos lidiar con el conflicto, cómo debemos tratar las dudas y preocupaciones. Mateo 18 es un texto que la mayoría de nosotros conocemos bien, y al cual acudimos rápidamente al enfrentar este tipo de asuntos.

En la edición más reciente de Themelios, una revista teológica, D. A. Carson aborda lo que él llama el abuso de Mateo 18. Como Themelios no es una lectura habitual para la mayoría de nosotros, pensé en compartir algunas de las perspectivas de Carson sobre este tema. Las encontré muy útiles y siento que ofrecen mucha sabiduría bíblica.
Carson estructura sus argumentos alrededor de tres puntos: el contexto, la ofensa y los motivos.

El contexto
Sin importar cuál sea el pecado que esté en la mente de Jesús cuando pronuncia las palabras de Mateo 18:15-17, lo que está claro es que ocurre en el contexto de una iglesia local: una reunión local de creyentes. Si vamos a extender este pasaje a un contexto mucho más amplio, como un libro que ha sido ampliamente distribuido y un blogger que ha escrito una reseña sobre él, el texto tendrá que respaldar esto. Creo que tenemos muchos problemas para permitir que una lectura honesta y precisa de Mateo 18 se extienda hasta allí.
Pareciera claro que el pecado de Mateo 18 es un tipo de pecado privado y silencioso, del tipo que solo muy pocas personas han notado. Tal vez hablaste con un amigo y te enteraste de que está haciendo trampa en sus impuestos. En ese caso, estarías siguiendo las enseñanzas de Jesús al aplicar el patrón que Él estableció. Como dice Carson:
La impresión que uno obtiene al leer Mateo 18 es que el pecado en cuestión no es, al principio, notado públicamente (a diferencia de la publicación de un libro insensato pero influyente). Es relativamente privado, notado por uno o dos creyentes, pero lo suficientemente grave como para ser llevado a la atención de la iglesia si el ofensor se niega a apartarse de él.

Cuando el pecado es mucho más público, podemos acudir a otros pasajes de las Escrituras, como Tito 1, donde se nos manda a reprender públicamente a quienes contradicen la sana doctrina. El proceso esbozado en Mateo 18 no se aplica a todas las situaciones.
Cuando buscamos aplicar Mateo 18, debemos entender que se refiere a la iglesia local. Por supuesto, puede haber sabiduría en intentar comunicarse con una persona en privado antes de hacerlo públicamente. Pero esto estaría fuera de Mateo 18, no en obediencia a este pasaje.
La ofensa
El pecado de Mateo 18 es un pecado que amerita la excomunión; un pecado tan grave que la respuesta adecuada, si la persona no se arrepiente de él, será excomulgar al ofensor. Esto significa que, si la persona no se arrepiente, debe ser expulsada de la iglesia y considerada como un no creyente. Carson señala que el Nuevo Testamento ofrece tres categorías de pecados que son así de graves: un error doctrinal mayor (por ejemplo, 1Ti 1:20), una falla moral grave (por ejemplo, 1Co 5) y una división persistente y cismática (por ejemplo, Tit 3:10). Cualquiera que sea la ofensa de Mateo 18, debe encajar en una de estas categorías.

La situación también debe ser una en la que sea posible excomulgar al ofensor. De nuevo, esto nos señala hacia la iglesia local. Debe existir algún tipo de organización o estructura que permita que la persona sea excomulgada. Por lo tanto, cuando hice la reseña del libro de Brian McLaren, A New Kind of Christianity [Un nuevo tipo de cristianismo], y dije que demostraba que McLaren estaba probando que no es cristiano, yo no estaba sujeto a Mateo 18, porque no había forma en que el proceso pudiera escalar hasta un punto en el que él pudiera ser excomulgado.
Para citar a Carson: “El pecado debe ser lo suficientemente grave como para justificar la excomunión, y la situación organizacional debe ser tal que la iglesia local pueda tomar una medida decisiva que realmente tenga un significado real. Donde uno u otro de estos dos sentidos no aplique, tampoco aplica Mateo 18”.
Los motivos
Como tercer punto, Carson señala que las apelaciones a Mateo 18 pueden ser, en algunos casos, una forma de simulación, una forma de justicia propia. Las apelaciones falsas a Mateo 18 pueden indicar un tipo de tolerancia al pecado que encaja bien con un espíritu posmoderno, pero que es patentemente antibíblico. “La verdadera herejía es algo condenable, algo horrible. Deshonra a Dios y desvía a las personas. Distorsiona el evangelio y tienta a la gente a creer cosas falsas y a actuar de maneras reprensibles”.

Y esto significa que debemos ser capaces de evaluar lo que una persona dice y hace a la luz de la Biblia sin tener que lidiar con apelaciones falsas a Mateo 18. En tales casos, Mateo 18 puede paralizar un proceso bíblico para desarraigar lo que es falso y lo que es aborrecible para Dios.
Publicado originalmente en Challies.