El hijo del pastor: bendiciones y desafíos

¿Estamos ayudando a los hijos de pastores a crecer con libertad e identidad propia? Conoce los desafíos que enfrentan y cómo padres e iglesias pueden acompañarlos con gracia.
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Creo que todos tenemos claro que la Biblia no menciona un oficio llamado “hijo de pastor” ni exige una descripción de funciones para ellos dentro de la iglesia local. Yo crecí con esa etiqueta, y lo que más dolió no fue solo la presión externa, sino aquella que creció en mi interior, alimentada por lo que todos esperaban de mí.

Hablar sobre esto es un ejercicio de memoria personal y, a la vez, una reflexión sobre la experiencia de mis hijas. Escribo con el anhelo de que pastores, cónyuges, hijos y congregaciones aprendan a valorar la bendición y a afrontar los desafíos reales que viven los niños y jóvenes cuyos padres abrazaron el pastorado.

1. ¿Cuáles son algunos de los desafíos y peligros únicos de crecer como hijo de pastor?

Crecer como hijo de pastor es una experiencia que conlleva bendiciones profundas, pero también desafíos y peligros muy reales.

Vivir bajo el microscopio de la congregación. Desde que tengo memoria, supe que mi vida no era completamente mía. Crecí bajo el microscopio de la congregación, donde cada error era amplificado y cada acierto, raramente celebrado. Mi padre estaba en un ministerio público y visible, y yo, sin haberlo escogido, heredé esa exposición.

El estándar imposible. La presión más pesada que enfrenté como hijo de pastor fue la de tener que cumplir con un estándar que ni los adultos de la iglesia podían alcanzar. Se esperaba que fuera un modelo de conducta, que no cometiera errores, que siempre diera la talla. Pero yo era solo un niño, un pecador como cualquier otro, que necesitaba gracia, no perfección.

Los hijos de pastores pueden cargar con la presión de cumplir estándares que ni siquiera los adultos de la iglesia logran alcanzar. / Foto: Unsplash

Presión de seguir los pasos de papá. Escuché innumerables veces: “Yo espero que tú también seas pastor como tu padre”. Muchos esperan que los hijos imiten las características, dones o habilidades de su padre, como si el oficio pastoral fuera hereditario. Eso es totalmente ajeno a las Escrituras.

Problemas de identidad. Muchos hijos de pastores crecen con un serio problema de identidad. Todos saben sus nombres y quiénes son sus padres, pero pocos los conocen en verdad. Vivimos para las expectativas de otros, ocultando nuestras luchas y aparentando estar bien para proteger el ministerio de nuestros padres.

Resentimiento. Por años, crecí con ira y coraje no solo hacia Dios, sino hacia la institución de la iglesia. Fue el resultado acumulado de años de expectativas no cumplidas, de ser visto como un proyecto ministerial y de ser juzgado por estándares imposibles de alcanzar, incluso para los adultos.

Los hijos de pastores pueden cargar con la presión de cumplir estándares que ni siquiera los adultos de la iglesia logran alcanzar. / Foto: Pexels

2. ¿Cómo pueden los padres abordar estos desafíos y mitigar estos peligros?

La clave está en que los padres que son pastores entiendan lo que sus hijos realmente necesitan.

Recuerdo una ocasión en la que mi esposa, con la mejor de las intenciones, le recordó a nuestra hija que debía obedecer porque era la hija del pastor. Fue un momento que me hizo reflexionar profundamente. Recordé que ese tipo de presión, aunque bien intencionada, podía hacer más daño que bien.

Por eso es importante que como padres sirviendo como pastores veamos a nuestros hijos simplemente como niños y no como “mini pastores” o “pequeñas celebridades”, algo que Barnabas Piper, hijo del reconocido pastor John Piper, desarrolla en su libro El hijo del pastor: cómo encontrar tu propia identidad.

Los hijos de pastores necesitan ser vistos como niños, no como “mini pastores” ni “pequeñas celebridades”. / Foto: Envato Elements

Para abordar estos desafíos, los padres podemos implementar varias estrategias:

Conversar, no aconsejar. Nuestros hijos quieren respuestas de padre, no consejos de un libro. Necesitan padres que se sienten con ellos, que pregunten cómo se sienten y que validen sus emociones antes de ofrecer soluciones bíblicas. A veces, lo más pastoral es simplemente estar presente y escuchar.

Dejar los sermones en el púlpito. ¡Qué difícil es para mí esto! Sin embargo, en el transcurso de la crianza con mis hijas, por mi propia experiencia como hijo de pastor, hice mi mayor esfuerzo en relacionarme, hacer preguntas, contar historias. Cuando llegaba a casa, necesitaba hacer la transición de predicador y consejero a un padre presente, tratar de cambiar mi tono, expectativas y enfoque. Fue difícil, pero es algo que creo que benefició enormemente a mis hijas.

Nuestros hijos quieren respuestas de padre, no consejos de un libro. / Foto: Pexels

Permitir dudar y explorar. Dar espacio para que los hijos encuentren su propio camino de fe. La duda no es enemiga de la fe; puede ser el camino hacia una fe más profunda y auténtica. Debemos crear un ambiente donde las preguntas difíciles sean bienvenidas y no teman decepcionar a nadie. Recuerdo que siendo un joven, en una ocasión llamé a mi padre y le dije sobre mis luchas y que entendía que por el bien de mi alma necesitaba congregarme en otra iglesia. Le expliqué lo que la gente dentro de la iglesia me hacía sentir. La respuesta de mi padre me sorprendió… me dijo: “Hijo, lo más importante para mí no es lo que la gente piense de ti, lo más importante para mí es tu alma. Si entiendes que lo mejor para ti en estos momentos de tu vida es congregarte en otro lado para buscar del Señor sin presión, tienes mi apoyo. Soy primero tu padre antes que tu pastor. Adelante, el Señor te ayude”. Mi padre ni se opuso ni obstruyó el proceso. Finalmente me quedé en su iglesia, pero lo hice por decisión propia, sin la presión de él ni de nadie.

Reír, jugar y ser afectuoso. Para un niño, jugar es amor. Los pastores podemos estar tentados a llenar cada momento “productivo” con enseñanza, pero los hijos necesitan simplemente disfrutar de nuestra compañía. Abrazos y tiempo de calidad comunican que son amados por quienes son, no por lo que hacen. Yo quería que mis hijas tuvieran calidad y cantidad de tiempo conmigo, que supieran que estaba presente para jugar con muñecas, para que me “maquillaran” y para hacer “fiestas de té”. Disfrutarlas a ellas y que ellas me disfrutaran por nuestra relación natural.

Para un niño, jugar es amor. / Foto: Envato Elements

3. ¿Cuáles son algunos de los beneficios únicos de tener un padre o una madre en el ministerio?

¡Tranquilos! No todo es malo al ser un hijo de pastor. Aunque soy honesto sobre las dificultades, también reconozco que ser “hijo de pastor” puede ser una bendición profunda, la cual sirve mucho en sus vidas.

Aquí comparto algunas de ellas:

Exposición temprana a la fe. Como hijos de pastores tenemos el privilegio de crecer inmersos en la Palabra de Dios. Somos testigos una y otra vez de ver a nuestros padres confiar en Dios en tiempos difíciles.

Visión privilegiada del ministerio. Los “hijos de pastores” vemos realmente cómo funciona la iglesia, el trabajo detrás del escenario, las oraciones, las visitas y las decisiones difíciles. Sin lugar a duda, prepara y capacita a muchos para un futuro servicio, ya sea como pastores o como miembros comprometidos en sus iglesias locales.

Los hijos de pastores cuentan con el privilegio de crecer inmersos en la Palabra de Dios. / Foto: Lightstock

Una gran familia. A diferencia de mi propia experiencia, mis hijas tuvieron la bendición de crecer en una iglesia que se convirtió en su familia. Al iniciar una obra en un lugar lejos de nuestra familia física, los hermanos de nuestra iglesia local se convirtieron en sus abuelos, tíos y primos. Crecieron junto a otros niños, echaron raíces profundas y, al día de hoy, la mayoría de esas relaciones perduran. Vieron la iglesia como una fuente de gran apoyo y crecieron sintiéndose amadas por la gran familia de la iglesia.

Desarrollo de resiliencia. Cuando la experiencia es saludable, los “hijos de pastores” desarrollan una resiliencia única. Aprenden a manejar críticas, a confiar en Dios en medio de la adversidad y a ver más allá de las apariencias, lo que produce una madurez que les acompañará toda la vida.

Los hijos de pastores pueden ver la iglesia como una fuente de gran apoyo. / Foto: Lightstock

4. ¿Cuáles son algunos de los errores comunes que cometen los pastores como padres?

Confundir nuestros roles. Uno de los errores más grandes que cometemos es confundir el rol de pastor con el de padre. Los hijos saben cuándo sus padres les dan respuestas “pastorales” en lugar de respuestas de padre, creando una distancia emocional que puede durar toda la vida. De la misma manera que mi esposa necesita que yo sea su esposo y que no entre automáticamente en modo de predicación todo el tiempo, mis hijas necesitan conversaciones, no sermones. Mi hogar debe ser un lugar de descanso, no otro púlpito.

No pedir perdón. Creo que un error que cometemos muchos pastores es el no pedir perdón a nuestros hijos cuando les hemos herido, ofendido o pecado contra ellos. A mis hijas siempre les enseñé que decir “perdón” no es suficiente. De la misma manera, ellas necesitaron escuchar muchas veces: “Perdóname por… Eso fue injusto para ti. ¿Me puedes perdonar?”. Nuestros hijos necesitan que seamos específicos en la razón por la que les estamos pidiendo perdón porque eso les ayuda a entender que valoramos la relación por encima de nuestra propia imagen. Pedir perdón específicamente no es un signo de debilidad, sino de humildad, y les enseña a nuestros hijos que la gracia no es solo un concepto que predicamos, sino una realidad que nos esforzamos por practicar y vivir en casa.

Un error que cometen muchos pastores es el no pedir perdón a sus hijos cuando los han herido. / Foto: Envato Elements

Esperar que sigan nuestros pasos. La presión de que sigan los pasos del padre crea una enorme confusión. No todos los hijos de pastores están llamados al ministerio, y eso está bien. Dios tiene un plan único para cada uno de ellos. Algunos servirán y otros, si el Señor les salva, serán buenos miembros de sus iglesias locales. No les hagamos sentir, ni permitamos que otros les hagan sentir, que están obligados a ser o servir como nosotros.

Respetar su privacidad. Por último, por amor a ellos, cuidémonos de compartir historias personales de nuestros hijos sin permiso de ellos. A veces lo hacemos con buenas intenciones, puede ser tremenda ilustración, será súper jocoso, pero sin el permiso de ellos, les robamos su privacidad y podemos herirlos o humillarlos sin darnos cuenta.

Es recomendable que los pastores eviten compartir historias íntimas de sus hijos sin el permiso de ellos. / Foto: Lightstock

5. ¿Cómo pueden los padres en el ministerio evitar estos errores?

El mayor ministerio de un pastor no es el que hace desde el púlpito, sino el que hace en su hogar. La iglesia puede sobrevivir sin mí, pueden llamar a otro pastor, pero mis hijas no pueden sobrevivir sin un padre presente, amoroso y lleno de gracia. Para evitarlo, debemos hacer un esfuerzo consciente cada día por:

1) Hacer la transición de pastor a papá al cruzar la puerta de casa.

2) Pedir perdón específicamente cuando fallamos.

3) Proteger la privacidad de nuestros hijos.

4) Celebrar que ellos sean diferentes a nosotros.

El Nuevo Testamento es claro en que el liderazgo en la iglesia comienza con el liderazgo en el hogar (1Ti 3:4-5).

El mayor ministerio de un pastor no es el que hace desde el púlpito, sino el que hace en su hogar. / Foto: Lightstock

Conclusión

Los hijos de pastores enfrentan una presión única porque están constantemente expuestos a la mirada y las expectativas de la congregación. Cargan con expectativas poco realistas y luchan por encontrar su propia fe e identidad. Sin embargo, esta experiencia puede ser una bendición profunda cuando nosotros, los padres, priorizamos la relación por encima del ministerio, cuando ofrecemos gracia en lugar de un sinnúmero de reglas que ni siquiera otros miembros de la iglesia pueden cumplir, y cuando permitimos que nuestros hijos sean simplemente niños, no proyectos ministeriales.

Pastores que están leyendo, quiero hacerles un llamado directo a recordar que nuestro mayor ministerio no es el que hacemos desde el púlpito, sino el que hacemos en nuestro hogar. Esforcémonos para que la voz que escuchan en casa y la que escuchan una o dos veces a la semana detrás de un púlpito sea coherente, para que nuestros hijos puedan decir: “Es la misma persona, es así en casa con nosotros, es así cuando predica y es el mismo cuando está con otros”.

Para los hijos de pastores que están leyendo esto, les quiero dejar saber que aunque a veces no se sienta o no parezca, Dios los ve, y no necesariamente como “el hijo o la hija del pastor”. Ustedes tienen una identidad que trasciende el oficio de sus padres. Su valor no depende de lo que otros esperan de ustedes. La gracia de Dios es suficiente para sanar las heridas del pasado y para darles esperanza para el futuro. No importa si siguen los pasos de sus padres en el ministerio o si toman un camino completamente diferente; Dios tiene un propósito único para cada uno de ustedes.

Para los miembros de la iglesia, les pido que consideren cómo están tratando a los hijos de su pastor. ¿Los están viendo como personas o como proyectos? ¿Están orando por ellos o juzgándolos? ¿Están animando a su pastor a ser un buen padre o están exigiendo que sacrifique a su familia en el altar del ministerio? La iglesia tiene una responsabilidad de cuidar no solo al pastor, sino a toda su familia.

Finalmente, para todos nosotros, recordemos que la solución no es el perfeccionismo ni las expectativas más altas, sino la gracia. La gracia que nos dice que no tenemos que ser perfectos para ser amados. La gracia que nos permite fallar y volver a intentarlo. La gracia que transforma a los padres y a los hijos por igual.

El trabajo de todos los padres, seamos pastores o no, es apuntar a nuestros hijos a Cristo. / Foto: Unsplash

El trabajo de todos los padres, seamos pastores o no, es apuntar a nuestros hijos a Cristo, que si les salva, se convertirá en su mayor y mejor Pastor porque dio Su vida por ellos. Es en Él, solo en Él, que todos encontramos nuestra identidad, nuestra seguridad y nuestra esperanza.

¡Que el Señor bendiga a los pastores, a sus esposas, a sus hijos y a las iglesias que los aman, para que juntos podamos ver la gloria de Dios reflejada en familias saludables que sirven al Rey con gozo y gracia!

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Félix Cabrera

Félix es Director Asociado de Programas Hispanos para SWBTS y Director Ejecutivo de ENDOS NETWORK.

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