Predicación artificial: la tentación de la IA

¿Puede una herramienta diseñada para ampliar nuestro conocimiento terminar debilitando nuestra dependencia de Dios?
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Desde el principio de los tiempos, el Dios del cielo y la tierra ha declarado la guerra a toda sabiduría que ignore la Suya. No tolerará rivales cuando se trata de nuestra confianza. Eso es lo que hace que la inteligencia artificial sea un peligro tan grande para el cristiano, y, especialmente, para el ministro.

Necesitamos recordar que la sabiduría de Dios no es la sabiduría de una supercomputadora. Necesitamos una convicción renovada de que la presencia de Dios debe hacer la obra de Dios. Necesitamos ser advertidos de que confiar en la inteligencia artificial en lugar del Espíritu Santo terminará, a la larga, en derrota. Para ilustrarlo, me gustaría que viajáramos miles de años atrás y lleváramos la IA a la ciudad cananea de Hai.

La victoria en Jericó

Comencemos en la antesala de la invasión inicial de Josué a la tierra prometida.

Imagina que contemplas la ciudad fortificada de Jericó desde la distancia. Consultas a tu consejo militar, tus mapas y tus hombres, y revisas minuciosamente los pasos de tu invasión. Abres tu MacBook y le das otro mordisco a la manzana, pidiéndole a ChatGPT que revise tu estrategia y te recomiende cualquier cambio para tu plan de ataque. Bueno, , responde rápidamente. Se necesitan modificaciones en todos tus planes, a todos los niveles.

¿Cruzar el Jordán durante la temporada de crecidas? Imposible. ¿Circuncidar a tu ejército en territorio enemigo? Una locura. ¿Exponer a toda tu fuerza a miradas hostiles durante una semana? Imprudente. ¿Marchar alrededor de las murallas durante siete días y luego esperar que un grito y un toque de trompeta derriben la fortaleza del enemigo? Ridículo.

Para conquistar Jericó, el pueblo de Dios necesitaba la locura de la fe y la presencia de Dios. / Foto: VaE

La estrategia de Dios para la victoria desafiaba todo cálculo. Sus pensamientos no eran los pensamientos de los hombres ni de los ángeles. Sus caminos no eran los caminos de una supercomputadora. Así que Josué debe tomar al ejército, marchar alrededor de la ciudad durante siete días, dar un gran grito y hacer sonar las trompetas, y esperar el milagro. Pasa el primer día: nada. Pasa el segundo día: ninguna señal de progreso. Pasa el tercer día: nada más que diversión desde las murallas. ¿Dónde está el ariete? ¿Dónde están las escaleras de asalto?, se preguntaba el enemigo. ¿Qué están haciendo?

Un cuerno de carnero no podía desprender ladrillos y cemento. ¿Qué tenía Jericó que temer de una caja, siete sacerdotes, siete trompetas o siete días de marchas del enemigo? Los comandantes de Jericó no necesitaban una superinteligencia para calcular si esos paseos representaban una amenaza real. Si hubieran podido preguntar, ChatGPT habría recopilado los hallazgos de los más grandes arquitectos y generales de guerra de todos los tiempos; habría rastreado todos los libros de ciencia y guerra y no habría encontrado evidencia alguna de que su muro corriera peligro por paseos silenciosos o gritos fuertes. Pero, entonces, pronto sintieron el temblor bajo sus pies. El Dios hebreo, en la locura de Su sabiduría, estaba en contra de ellos. La muralla se derrumbó; pronto estaban muertos, su ciudad en llamas.

Dios no envió tecnología para ayudar a Josué; envió al Comandante de Su ejército para postrar a Josué. / Foto: Lightstock

¿Qué podemos decir de esta victoria? Fue ilógica, insondable, irracional, una perplejidad para los hombres, los ángeles y las computadoras. La absoluta singularidad del triunfo era una declaración: esta batalla pertenecía al Señor. Al igual que tantas otras batallas, fue prometida por Dios, llevada a cabo por el hombre y realizada por la fe. “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de ser rodeados por siete días” (Heb 11:30).

No necesitaban lo mejor de la inteligencia natural o artificial; necesitaban la locura de la fe y la presencia de Dios (1Co 1:25). En la antesala de la batalla y el inicio de esta campaña de siete años, Dios no envió tecnología para ayudar a Josué; envió al Comandante de Su ejército para postrar a Josué. Lo que Dios le dio a Josué, nos lo da a nosotros hoy, no son códigos de trucos ni atajos, sino una promesa: “¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Jos 1:9).

La derrota en Hai

Ahora comparemos esto con la segunda batalla, la única que Josué pierde. Envía espías a Hai. El informe que llega insiste en que esa pequeña población solo requeriría una fracción de sus fuerzas. Josué envía tres mil hombres, una táctica razonable dado el tamaño del adversario. Si hubieran consultado sus computadoras, enviar tres mil habría sido una estrategia lógica. Pero, para sorpresa de todos, Israel huye ante el hermano menor de la poderosa Jericó. Treinta y seis hombres mueren en la vergüenza.

Josué rasga sus vestiduras, y él y los líderes se echan polvo sobre la cabeza. ¿Qué salió mal? ¿Cómo habían fracasado tan estrepitosamente? Los corazones del pueblo se desmoronan. ¿Les está dando Dios la tierra o no?

Tras la derrota en Hai, Josué rasgó sus vestiduras. Él y los líderes echaron polvo sobre sus cabezas. / Foto: VaE (Grok)

Confiaron en sus ojos, confiaron en su percepción de las cosas. Asumieron que tenían suficiente conocimiento y actuaron en base a lo que tenían. El Señor no tiene por qué preocuparse por este pequeño asunto. Esta victoria es manejable. La guía divina sería excesiva. No necesitaban el teatro de la fe como antes; tenían esto bajo control. Por sí solos, podían ver, ir y conquistar. No había necesidad de un Revelador para la revelación. Confundieron el conocimiento de la misión con la presencia de Dios con ellos en esa misión.

Si le hubieran preguntado al Señor, habrían descubierto que no todo estaba bien en su campamento. Sus ojos solo escudriñaban al enemigo, no a ellos mismos. El Señor podría haberles revelado su desobediencia antes de su derrota. Treinta y seis hombres podrían haber sobrevivido.

Hermanos, los ojos de Dios no están solo puestos en los pecadores cananeos de la tierra prometida. Sus ojos están puestos en nosotros y nuestro pueblo. La forma en que le obedecemos, dependemos de Él y buscamos Su rostro tiene más que ver con la victoria que los planes competentes o los esquemas de sermones exhaustivos. No podemos apoyarnos en nuestro propio entendimiento (o en el de una computadora), incluso cuando contamos con superioridad numérica. ¿De qué nos servirá eso si Dios ve a un Acán en el campamento?

En la Batalla contra Hai, el pueblo confío en sus ojos y en su percepción de las cosas. / Foto: VaE (Grok)

¿Y cuántos predicadores imitan a Acán con su botín robado? Discursos de contrabando, conocimiento prestado, párrafos ilegales copiados y pegados porque un rápido prompt de IA era más fácil que hacer el trabajo ellos mismos. Para mí, estos tienen el destello de objetos malditos, oro y plata bajo la prohibición.

La victoria en Jericó enseñó a todo Israel que Dios debe guiarlos a la batalla. Confía en Él incluso cuando el plan no tenga sentido. ¿No has aprendido lo mismo? La Biblia es un largo relato de tales conquistas poco ortodoxas: hombres cuya fe fue puesta a prueba, arriesgando la vida misma en lo que Dios dijo en lugar de en lo que ellos pensaban.

¿Qué es un sermón estudiado y bien expresado construido en gran parte sobre los cimientos de la inteligencia artificial? ¿No es un botín robado? ¿Qué valor tiene esa enseñanza ortodoxa, conjurada con unas pocas pulsaciones de teclas, cuando carece de afecto ortodoxo? ¿Es esta la bendición por la que Jacob luchó toda la noche, la bendición que lo marcó por el resto de sus días? Las sagradas líneas de pensamiento de los hombres nunca deberían funcionar con motores de búsqueda de IA. Quizás haya oro en su ortodoxia u oratoria, pero con demasiada frecuencia se trata de pepitas obtenidas por la mano de la pereza, la inexperiencia y la falta de oración. Toda una vida de sermones, estudios bíblicos y lecciones de escuela dominical producidos por IA no honrará a Dios y terminará en derrota.

Las sagradas líneas de pensamiento de los hombres nunca deberían funcionar con motores de búsqueda de IA. / Foto: Pexels

La victoria en Hai

Israel se arrepintió; Acán fue ejecutado. Volvieron a enfrentarse al enemigo.

Dios les da ahora instrucciones para tender una emboscada al adversario. Sus planes para ellos, astutos y estratégicos, difieren poco de lo que cualquier general podría idear. Las tropas se escabullen por la noche hasta la retaguardia de la ciudad, y una pequeña fuerza de distracción finge huir de nuevo, atrayendo al ejército enemigo fuera de la ciudad. Esta vez, las tropas ocultas destruyen la ciudad y rodean al enemigo. Muy lejos de las marchas silenciosas y el sonido de las trompetas, este plan concuerda con la razón tanto del hombre como de la computadora.

Pero, incluso aquí, Dios añade Su sello. Israel obtendría la victoria, no por su plan o superioridad numérica, sino porque Josué obedeció al Señor, manteniendo en alto su jabalina durante toda la batalla: “Josué no retiró su mano con la cual tenía extendida la jabalina, hasta que hubo exterminado por completo a todos los habitantes de Hai” (Jos 8:26). Al igual que en la primera batalla de Israel al salir de Egipto, cuando Moisés mantuvo su vara sobre el campo de batalla para la victoria contra Amalec (Ex 17:8-13), así ahora, Josué sostiene su lanza para asegurar el éxito. Tales son los caminos de Dios.

Israel obtuvo la victoria, no por su plan o superioridad numérica, sino porque Josué obedeció al Señor. / Foto: VaE (Grok)

¿Cuál es el punto? Los ministros nunca deben sustituir su confianza en Dios y Su Espíritu por ninguna herramienta. El guerrero de Dios no confía en su lanza, ni en sus carros, ni en su ChatGPT. Si estás abusando de tus herramientas, guárdalas. No las necesitas. Si puedes usarlas de manera permisible, resuelve no usarlas nunca con pereza. Dios es tu única confianza.

La obra del ministerio es sobrenatural. Lleva tu computadora al cementerio y ve qué éxito tiene en resucitar a los muertos. Pero una sola palabra de Cristo Jesús, una sola visita del Comandante de los ejércitos del Señor, y los Lázaros siguen resucitando. La debilidad del hombre (su conocimiento limitado, su falta de elocuencia, sus imperfecciones humanas) es más que suficiente para enfrentar al enemigo cuando Dios está con él. Por la fe, sus gritos pueden derribar los muros impenetrables del corazón rebelde, pues Dios ha prometido ser glorificado en la debilidad del hombre, grabando su más grande declaración sobre la locura de la cruz.

Pero si buscas irreverentemente un conocimiento que no es tuyo, confías en el atajo, vas a la batalla con una armadura que no has probado, pones tu confianza en la IA, conocerás la derrota de Hai. Tiene sentido en teoría, los planes son geniales, tienes fuerza más que suficiente para llevarlos a cabo y, sin embargo, caerás porque el Señor no está contigo. Esta postura no es antitecnológica; es contra el abuso de la tecnología y contra la confianza ciega en ella. Es contra la dependencia de la carne: tu carne o la carne digital. Es contra apoyarse en cualquier sabiduría que no sea la del Señor.

Pastor, con todas tus debilidades y limitaciones, predica la Palabra. Predica tal como Dios te hizo para predicar. Estudia arduamente, ora aun más arduamente, suplica por ayuda y no sucumbas a los sermones artificiales. Si Dios hubiera querido, podría haber enviado a Su ejército de seres angelicales con lenguas de fuego para predicar al mundo de los hombres. Podría haber enviado a Gabriel para que hiciera todo el anuncio. Pero no lo hizo. Él no necesita que te vistas con todo el conocimiento de los pastores de épocas pasadas; necesita que dependas de Él: de rodillas, esperando que se manifieste Su poder.

Pastor, con todas tus debilidades y limitaciones, predica la Palabra. / Foto: Lightstock

Josué no necesitaba consultar toda la ciencia militar; necesitaba encontrarse con Dios y recibir Sus instrucciones, por muy inverosímiles que fueran. Esa es nuestra necesidad hoy. ¿Dónde están los generales de Dios que no buscan consejo en una computadora, sino que confían en los medios característicos de Dios: la Palabra y la oración? Ellos verán caer los muros de Jericó, arder las fortalezas enemigas y al pueblo de Dios entrar en la tierra prometida.


Publicado originalmente en Desiring God.

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Greg Morse

Greg Morse es escritor del personal de desiringGod.org y se graduó de Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa, Abigail, viven en St. Paul.

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