Agosto 18
“Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció, ¿y no he de apiadarme Yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120,000 personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también muchos animales?”. Jonás 4:10-11
Jonás se consideraba una víctima. Estaba convencido de que tenía razón al creer que Nínive debía recibir el juicio y que Dios se equivocaba al haber salvado la ciudad. También estaba convencido de que Dios se equivocaba al permitir que la planta que daba sombra se marchitara, dejándole sufrir en el calor.
En respuesta, Dios no se dirigió al profeta de acuerdo con su penosa objeción, sino que le planteó una importante pregunta: “¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?” (Jon 4:9). Dios estaba argumentando de lo menor a lo mayor: si Jonás podía estar tan extraordinariamente preocupado por una planta que había ido y venido en el transcurso de 24 horas, ¿no tenía Él, el Dios vivo, derecho a preocuparse por el pueblo de Nínive? Dios estaba llamando a Jonás a revisar su escala de prioridades.
La pregunta de Dios a Jonás es también una pregunta para nosotros. ¿Hay algo en nuestras vidas que nos preocupe más que ver a personas incrédulas convertirse en seguidores comprometidos de Jesucristo? Si estamos atentos a nuestro propio corazón, podemos darnos cuenta de que, en lo que respecta a nuestro tiempo, finanzas, dones y libertades, la pregunta “¿Hay algo?” se convierte rápidamente en “¿Cuántas cosas?”. Quienes nos observan pueden pensar que estamos mucho más preocupados por los asuntos de nuestra propia comodidad que por las muchas almas que nunca han escuchado el evangelio.
¿Cuál fue la respuesta de Jonás a la pregunta de Dios? No lo sabemos. El libro de Jonás termina con esta pregunta divina. Pero la pregunta más importante no es cómo respondió Jonás. El énfasis de todo el libro está en la compasión de Dios mismo. La pregunta más importante es esta: ¿Cómo percibimos nosotros, los lectores del libro, la gracia de Dios? ¿Tomaremos Su ejemplo como un modelo a seguir para preocuparnos por los demás y anhelar que se aparten del pecado y confíen en Jesús? ¿Será nuestro corazón más parecido al de Jonás o al del Señor?
Es hora de dejar de poner cualquier preocupación personal por delante de alcanzar para Cristo las almas perdidas en nuestras comunidades. Tenemos el gozo de conocer la compasión de Dios en nuestras vidas a través de Jesús. Y la única respuesta adecuada a este gran privilegio es darnos a nosotros mismos para que otros lleguen a conocerlo también. ¿Qué es lo que más te importa?, pregunta Dios. ¿Tu casa? ¿Tus posesiones? ¿Tus aparatos tecnológicos? ¿O la gente de tu calle que no conoce a Jesús?
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
