Agosto 17
“Y el señor Dios dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que hiciera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta. Pero al rayar el alba del día siguiente Dios dispuso que un gusano atacara la planta, y esta se secó”. Jonás 4:6-7
Cuando Jonás dejó Nínive, la ciudad se había salvado, pero el profeta estaba enojado. Sabía que los perdonarías a pesar de todo el mal que han hecho, le dijo al Señor. Ahora prefiero estar muerto a tener que ver a mis enemigos perdonados (Jon 4:2-3).
Jonás se hizo un pequeño cobertizo (v. 5), presumiblemente de piedras o ladrillos de barro; el calor del sol habría hecho muy incómodo sentarse al aire libre. Imagínala sentado en su pequeña cabaña, deseando estar muerto, y luego dándose cuenta de que una maravillosa planta crecía a su alrededor. De repente, el calor del día se alivió con la sombra de esta planta, y Jonás se sintió muy, muy feliz.
Pero su alegría duró poco. El mismo Dios que proveyó la planta para hacer feliz a Jonás, también dispuso el gusano que provocó su destrucción. La planta se marchitó de forma antinatural, sino como resultado de los procesos normales que tienen lugar bajo el control divino de Dios.
Dios, el Creador, es soberano sobre todo lo que ha hecho. En Su misteriosa providencia, seguía trabajando con Su siervo de acuerdo con el propósito de Su voluntad. Hay una frase recurrente en el libro de Jonás: “Dios dispuso”. Él dispuso un gran pez, una planta, un gusano y un viento abrasador del este, todo como expresión de Su amor y preocupación por Su siervo (Jon 1:17; 4:8). Ya sea a través de un pez gigantesco o de un pequeño gusano, Dios estaba trabajando —como lo sigue haciendo— dirigiendo todo a su fin señalado.
Vemos esta doctrina de la providencia abordada en la pregunta 27 del Catecismo de Heidelberg: “¿A qué te refieres cuando hablas de la providencia de Dios?”. La respuesta es: “Al poder todopoderoso y omnipresente de Dios por el cual Él sostiene y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas como si estuvieran en Su mano de modo que las yerbas y el pasto, la lluvia y la sequía, los años fructíferos y los infructuosos, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza y todas las cosas no nos vienen por azar, sino de Su mano paternal”.
A lo largo del camino de la vida, cuando te encuentres tanto con “plantas” que te hagan sentir cómodo y feliz como con “gusanos” que quiten la comodidad o la compañía de tu vida, puedes encontrar ánimo en saber que no estás sujeto a una fuerza ciega y fatalista. Más bien, tu Padre celestial, que te sostiene con un abrazo amoroso, está ordenando todo para cumplir Su propósito supremo en tu vida: hacerte más semejante a Su Hijo y llevarte a casa para estar con Él. Así que considera tu vida. ¿Dónde están las plantas? ¿Dónde están los gusanos? ¿Darás gracias por ambos, con la seguridad de que ambos son dados por un Padre amoroso para tu bien eterno?
¹ Catecismo de Heidelberg, pregunta 27. Extraído sin modificación de “El Catecismo de Heidelberg”, en La Biblia de Estudio de la Reforma (Sandford: Ligonier Ministries & Poiema Publicaciones, 2020), 2351.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
