Agosto 12
“La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás: ‘Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que Yo te diré’, Y Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra del Señor”. Jonás 3:1-3
Dios es el Dios de las segundas oportunidades.
Jonás había respondido al primer llamado de Dios para advertir a Nínive de Su juicio venidero huyendo. Pero cuando el llamado llegó de nuevo, no arrastró los pies. Consciente de su fracaso y de la gracia de Dios hacia él, parecía ansioso por predicarles a la primera oportunidad. Cuando finalmente leemos que Jonás llamó al pueblo al arrepentimiento, podemos imaginar el peso de su vivencia al hablar por experiencia propia sobre las consecuencias divinas de la desobediencia. Trajo una advertencia, y con ella seguramente un testimonio personal del hecho de que Dios está dispuesto y es capaz de salvar a los pecadores aun de las circunstancias más extremas. Aunque más tarde demostraría no haber comprendido del todo la magnitud y el alcance de la gracia de Dios (Jon 4:1-3), la misericordia que Dios había mostrado a Jonás seguramente impregnó su mensaje a los ninivitas. El que había recibido una segunda oportunidad a través de la provisión divina de un pez, ahora la ofrecía a una ciudad de hombres y mujeres alejados decididamente del Señor.
¿Has comprendido que Dios es el Dios de las segundas (y terceras y cuartas) oportunidades? ¿Has comprendido que no puedes superar la misericordia de Dios ni sondear las profundidades de Su gracia? Si lo has hecho, seguro que llevarás el mensaje del evangelio a los demás. Y la forma en que lo hagas reflejará la misericordia que has recibido. Si los cristianos suenan insensibles, despiadados y legalistas cuando hablan de la fe, es porque sus corazones aún no han sido suficientemente ablandados por la misericordia, la gracia y el amor de Dios. Sin embargo, si en las palabras y acciones de un cristiano se percibe que hay un sentido de asombro por la grandiosa y maravillosa misericordia de Dios, es seguro asumir que este ha conocido tal misericordia. El escritor de himnos Charles Wesley, conquistado por la misericordia de Dios, no dudó en proclamar:
¡Profundidad de la misericordia! ¿Puede haber aún misericordia reservada para mí?
¿Puede mi Dios detener Su ira? ¿Me perdonará a mí, el primero de los pecadores?
He resistido por mucho tiempo Su gracia; lo he provocado por mucho tiempo en Su rostro;
No he querido escuchar Su llamado, lo he afligido con mil caídas…
Ahí está el Salvador a pie por mí, mostrando Sus heridas y extendiendo Sus brazos:
*¡Dios es amor! Lo sé, lo puedo sentir; Jesús llora, pero me sigue amando.*¹
Reflexiona sobre la misericordia de Dios hacia ti ahora, trayéndote a la fe, y luego en Su paciencia y perdón continuos mostrados hacia ti. Deja que la sensación de asombro por Su trato contigo impregne la manera en que cuentas la historia de Su amor redentor a los demás. ¿Y si hay alguien que conoces a quien no le has mostrado la misericordia de Dios o no la has compartido con él cuando tuviste la oportunidad, ora ahora por una segunda oportunidad y aprovéchala.
¹ Charles Wesley, “Depth of Mercy” “La profundidad de la misericordia”.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
