Agosto 8
“La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitai: ‘Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta Mí’. Jonás se levantó, pero para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor”. Jonás 1:1-3
Dios se deleita en salvar a las personas.
Cuando Dios ordenó a Su siervo Jonás que fuera a Nínive y predicara contra ella a causa de su maldad, el renuente profeta reconoció que el pueblo podría arrepentirse de sus malos caminos y que Dios respondería con misericordia (ver Jon 4:2). Sabía que Dios es “compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad… que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable” (Ex 34:6-7). Conocía la verdad que Dios diría un día a través del profeta Jeremías: “En un momento Yo puedo hablar contra una nación o contra un reino, de arrancar, de derribar y de destruir; pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella” (Jer 18:7-8).
Jonás sabía que el corazón de Dios es un corazón misericordioso, así que se negó a obedecer el mandato de Dios. ¿¡Por qué?! Al parecer, simplemente no le gustaba la gente de Nínive, y es comprensible, pues los ninivitas eran paganos agresivos, atroces y violentos, y eran temidos enemigos de Israel. Jonás no quería que el Señor los perdonara, por lo que, más tarde, cuando el pueblo de Nínive se apartó de su maldad, “esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó” (Jon 4:1). Jonás pensó que merecían el juicio de Dios. Y tenía razón. Pero, afortunadamente, la forma en que Dios trata a las naciones, las ciudades y los individuos no corresponde a la nuestra. El deseo de Dios es mostrar misericordia, y no traer juicio.
La compasión de Dios hacia Nínive nos recuerda que Él no desea que nadie perezca y que se deleita en salvar a la gente, especialmente a los que parecen menos merecedores (2 P 3:9). Jonás quería predicar solo donde y a quién él quisiera. Pero el mensaje del evangelio es para todos, en todas partes. Hoy, la buena nueva de Jesús no se limita a la gente “buena”, a la gente que parece, actúa y piensa como nosotros. De hecho, Jesús mandó a Sus seguidores: “Vayan… y hagan discípulos de todas las naciones” (Mt 28:19, énfasis añadido).
¡Qué inmensa misericordia! Dios persigue con pasión a los orgullosos, a los testarudos y a los desafiantes; gente como yo, gente como tú. Nos llama a ser celosos para “rescatar a los que perecen, cuidar a los moribundos”, “hablarles de Jesús, quien es poderoso para salvar”¹. El Dios trino desea salvar a gente pecadora; desea su salvación lo suficiente como para que Jesús viniera y muriera por ellos. ¿Compartes Su corazón? Si es así, desearás la salvación de los que te rodean, sean quienes sean y hayan hecho lo que hayan hecho, lo suficiente como para ir y compartir a Cristo con ellos.
¹ Fanny Crosby, “Rescue the Perishing” [“Rescatar a los que perecen”] (1869).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
