Agosto 3
“El que está sentado en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’”. Apocalipsis 21:5
Todo el mundo quiere saber siempre cómo acaba la historia. El libro de Apocalipsis nos da la oportunidad de avanzar hasta la última página, para que podamos caminar hacia el final de la historia con mayor fe, confianza y gozo.
La Escritura es muy clara en cuanto a que toda la historia avanza hacia una meta final. Se trata de un asunto de extrema importancia; Dios ha creado a los hombres y a las mujeres para que sepan que existe algo más allá de la muerte. De hecho, Él ha puesto la eternidad en nuestros corazones (Ec 3:11).
Todas las religiones y maneras de entender el mundo intentan dar sentido a la historia. El hinduismo, por ejemplo, enseña que la realidad en la que nos encontramos no avanza hacia ningún destino, sino que gira en círculos, que la historia es cíclica. El naturalismo ateo sostiene que no hay un patrón en la historia y que no hay un propósito o una meta final; la historia es simplemente la historia de los átomos que se reorganizan a sí mismos (y así somos cada uno de nosotros). Los cristianos, sin embargo, reconocen que la Biblia muestra que la historia es lineal: hubo un punto de comienzo, habrá un punto de finalización, y hay un propósito en su dirección. La vida, la muerte, la resurrección y el regreso de Cristo son el tema central de toda la historia. Por lo tanto, toda la historia de la humanidad debe considerarse dentro de ese marco. Jesús regresará, completará el plan eterno de salvación y dará paso al reino perfeccionado de Dios. Él hará que todas las cosas sean nuevas y perfectas.
¿Qué es el reino perfeccionado que Jesús traerá? Es un reino que se centra en Su cruz. Es un reino que cambia los corazones y las vidas, y sus ciudadanos se inclinan ante Jesús como Rey. Es un reino de amor y justicia, de compasión y paz. Este reino está creciendo y llegando hasta los confines de la tierra, y, en el momento señalado, que desconocemos, Dios Padre dará a Su Hijo las naciones como herencia (Sal 2:8).
Incluso ahora, Dios está desarrollando Su plan soberano y el misterio de Su voluntad. Cuando Juan escribe sobre el final de los tiempos, nos recuerda que “la salvación pertenece a nuestro Dios” (Ap 7:10). Si la salvación perteneciera a otro o se dejara al azar, el plan de Dios podría no cumplirse. Pero Él es el autor de la historia y el gobernador del futuro. Se ha propuesto salvar a Su pueblo, y lo hará. Un día le oiremos decir: “Hecho está” (Ap 21:6).
Dios ha comenzado la obra de nuestra salvación a través de la muerte y resurrección de Jesús, y un día pondrá todas las cosas bajo una sola cabeza, Jesús. Por tanto, si estamos unidos a Cristo, “somos más que vencedores” (Ro 8:37), capacitados para reinar por siempre con el Hijo. ¿Cómo respondemos? Con fe, confianza y gozo. Porque aunque no sabemos cómo será nuestra vida, sí sabemos cómo termina la historia y cómo comienza nuestra eternidad. Por eso oramos con anticipación: “Padre nuestro que estás en los cielos… Venga Tu reino” (Mt 6:9-10).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
