Agosto 8
La suerte se echa en el regazo, pero del Señor viene toda decisión (Proverbios 16:33).
En lenguaje actual, diríamos: “Nosotros tiramos los dados, pero Dios decide la suerte”.
No hay ningún evento, por más pequeño que sea, que Dios no controle según Sus propósitos. Como dijo Jesús: “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados” (Mateo 10:29-30).
Cada tirada de dados en Las Vegas, o la muerte del más pequeño de los pájaros en los miles de bosques del mundo, obedecen al mandato de Dios.
En el libro de Jonás, Dios le ordenó a un pez que tragara a un hombre (1:17), a una planta que creciera para dar sombra (4:6) y a un gusano que se comiera esa planta (4:7).
Y mucho más allá de la vida de los peces y los gusanos, las estrellas ocupan un lugar y se mantienen en su sitio por el mandato de Dios:
Alcen a lo alto sus ojos y vean quién ha creado estos astros: el que hace salir en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la grandeza de Su fuerza y la fortaleza de Su poder no falta ni uno (Isaías 40:26).
Cuánto más, entonces, le obedecen los eventos naturales de este mundo, desde el clima y los desastres naturales hasta las enfermedades, las discapacidades y la muerte.
Él hace cumplir Su ley;
las estrellas en sus órbitas
y el sol en su órbita brillan obedientemente;
las colinas y las montañas,
los ríos y las fuentes,
las profundidades del océano
lo proclaman divino (“Que todas las cosas vivan ahora”, Katherine Davis).
Por tanto, maravillémonos y tengamos paz, sabiendo que ningún evento natural está fuera de los sabios y buenos propósitos de Dios, ni de Su perfecto control.
