Agosto 3
Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo (1 Corintios 6:20).
Dios no creó el universo físico y material de un modo arbitrario. Él tenía un propósito: agregar maneras para que Su gloria fuera externalizada y hecha manifiesta. “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos” (Salmo 19:1).
Nuestro cuerpo entra en la misma categoría de cosas físicas que Dios creó por esta razón. Él no retrocederá en el plan de glorificarse por medio de los seres y cuerpos humanos.
¿Por qué Dios se tomó la molestia de ensuciar Sus manos, por así decirlo, con nuestra carne decadente y manchada de pecado, a fin de restablecerla como cuerpo de resurrección y vestirla de inmortalidad? La respuesta es: porque Su Hijo pagó el precio de la muerte para que el propósito del Padre respecto al universo material se cumpliera, es decir, que Dios fuera glorificado en él, incluyendo nuestros cuerpos, por siempre y para siempre.
Eso es lo que el texto dice: “Porque han sido comprados por un precio [la muerte de Jesús]. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo”. Dios no desechará ni deshonrará la obra de Su Hijo. Sino que, Dios honrará la obra de Su Hijo al levantar nuestros cuerpos de entre los muertos, y nosotros usaremos nuestro cuerpo para glorificarlo por los siglos de los siglos.
Ese es el motivo por el que tienes un cuerpo ahora. Y ese también es el motivo por el que ese cuerpo será resucitado para ser como el cuerpo glorioso de Cristo.
