Agosto 15
“Cuando dios vio sus acciones, que se habían apartado de su mal camino, entonces dios se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó”. Jonás 3:10 – 4:1
Incluso los profetas tienen a veces mucho que aprender.
Después de su estancia en el vientre del pez, Jonás ya no era desobediente, pero estaba confundido en su obediencia, luchando todavía con la gracia soberana de Dios. Aunque, habiendo intentado inicialmente huir de los propósitos de Dios para él, Jonás había ido a donde se le había dicho que fuera y había pronunciado lo que se le había dicho que pronunciara. Pero él no estaba en absoluto en armonía con el plan de gracia de Dios para Nínive. Había estallado un despertar espiritual en una ciudad que se había endurecido completamente contra el Dios de Israel, y el profeta de Dios respondió con ira hacia su Dios.
Sin embargo, a pesar de que Jonás fue grosero y de mente cerrada, y respondió mal a la bondad de Dios, Dios no lo descartó. Ya había proporcionado un gran pez para salvar a Jonás de la desobediencia; ¡podría haber proporcionado también un gran león para comérselo! Pero no lo hizo, porque es clemente y compasivo. Trató a Jonás con paciencia y bondad para que se diera cuenta de que lo que estaba mal, más que cualquier otra cosa, era su actitud.
La reacción de Jonás ante el arrepentimiento de los ninivitas fue extraña para un predicador.
Podríamos haber esperado que se sintiera agradecido de que Dios decidiera no desecharlo, sino darle el privilegio de ser utilizado en Su servicio. En cambio, el arrepentimiento de la ciudad “desagradó a Jonás en gran manera”. Una traducción literal de este versículo da un paso más allá: “Fue un mal para Jonás, un gran mal”. La ausencia de la calamidad que él esperaba —un juicio que él pensaba y esperaba que viniera sobre Nínive— resultó ser una calamidad en su propio corazón y mente.
Aunque suene desagradable, podemos ver nuestras actitudes y reacciones reflejadas en las de Jonás. Podemos ir a donde nos dicen que vayamos, podemos decir lo que nos dicen que digamos, podemos ajustarnos externamente a todo lo que Dios nos ha llamado a hacer… y, sin embargo, en el fondo de nuestras vidas, es posible que no estemos realmente en armonía con el desarrollo de Su plan. Podemos desear que caiga juicio en lugar de que se extienda misericordia. Quizás nos moleste que Dios bendiga a otros de maneras que no nos ha bendecido a nosotros o que bendiga a otros sin que ellos muestren el compromiso con Su misión que nosotros pensamos que hemos mostrado. Quizás nos encontremos diciéndole a Dios cómo debe arreglar las cosas en Su mundo.
¿Qué nos pondrá en armonía con Su compasión y nos enviará con gozo a Su misión? Sencillamente esto: comprender que no somos mejores que nadie, que no merecemos menos Su ira ni más Su bondad. Al demostrar la misericordia de Dios, la cruz humilla nuestros corazones y los llena de la misma compasión y gracia que llevó a Su Hijo al Calvario. ¿Estás luchando por vivir con esa compasión hacia los demás? Mira la cruz y pídele al Señor que te enseñe lo que Jonás también necesitaba aprender.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
