Los cristianos encuentran su máxima esperanza no en esta vida, sino en la vida venidera. Pero ¿cómo transmites este concepto en el evangelismo sin parecer un lunático? ¿Deberías hacerlo?
Gran parte del evangelismo parece haber renunciado incluso a intentar esto. ¿Acaso no es suficiente que el incrédulo tenga que digerir que es un pecador, que Jesús murió en la cruz y resucitó por pecadores como él y, por cierto, que debe arrepentirse y depositar su confianza en este Jesús resucitado para poder pasar la eternidad junto a Él? ¿Realmente deberíamos hablar del cielo cuando compartimos el evangelio?
Mi respuesta a esta pregunta es un resonante sí. Al final, como escribió Pablo a los corintios: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1Co 15:19). El cielo es lo que todos finalmente anhelamos, ya sea que seamos conscientes de ello o no. Y, de hecho, aquí es donde yo comenzaría mi evangelismo.

Los mayores deseos
Me gusta hablar con los no creyentes acerca de sus mayores deseos. A veces toma algo de tiempo, pero generalmente son capaces de comunicar lo que realmente anhelan. Puede ser el amor verdadero para aquellos que no han sido amados, o que luchan con relaciones que se han salido de las manos, o que han sido traicionados por seres queridos. Puede ser el descanso para quienes se sienten constantemente tensos, agotados y fatigados. Puede ser la justificación para los que están dolorosamente conscientes de su pecado. Puede ser el gozo para aquellos que están tristes. Puede ser la tranquilidad y el alivio para quienes han soportado grandes dificultades y dolores. Puede ser el consuelo para los que lloran. Puede ser la justicia para quienes han sido víctimas de la injusticia.
Todo el mundo desea cosas como estas, pero pocos sienten la esperanza de que sus deseos lleguen a cumplirse.

Cómo el cielo satisface nuestros mayores deseos
Aquí es donde entra el cielo, o debería decir, aquí es donde entran los cielos nuevos y la tierra nueva (Is 65:17; 66:22; 2P 3:13; Ap 21:1). Es aquí donde reinará el amor perfecto. Este es el lugar del perfecto descanso. Aquí es donde habita la justificación. Este es el lugar de sumo gozo. Aquí es donde todas las lágrimas serán enjugadas y donde ya no habrá más muerte, ni habrá más luto, ni llanto, ni dolor. Y este es el lugar de la justicia perfecta.
El cielo es el lugar más atractivo que podamos imaginar. El cielo es la respuesta a todos nuestros grandes anhelos. Y, sobre todo, el cielo es el lugar donde veremos a nuestro hermoso Señor Jesús cara a cara. Por tanto, al evangelizar, ¿cómo podrías dejar de hablar acerca de la mejor parte de las buenas nuevas?

Nunca he conocido a alguien que no se sienta atraído por esto. Algunos podrían descartarlo como “demasiado bueno para ser verdad”; otros podrían decir que es un cuento de hadas fantasioso. Lo rechazarán por una u otra razón.
Pero para otros, esta promesa del cielo simplemente tiene sentido. Si Dios existe y nos ha creado, entonces es totalmente lógico que nos haya dado a todos deseos que encuentren su máxima satisfacción en Él.

Evangelización decepcionante
Por otro lado, si no hablamos del cielo cuando evangelizamos, podríamos terminar exagerando cómo será la vida del cristiano en esta tierra. Podríamos descartar la teología de la salud y la prosperidad como una ideología, pero nuestro evangelismo podría ofrecer, por cierto, una versión modificada de esto.
Y, por supuesto, decepcionará.

Quizás temamos parecer locos cuando comenzamos a hablar acerca del cielo. Pero ¿es realmente más fácil creer que esta vida, como todos la conocemos, de repente se volverá casi perfecta si solo agregamos a Jesús? Ciertamente, de alguna forma todo será mejor porque tenemos al Espíritu Santo como nuestro poder de lo alto, nuestro Consolador, nuestro Consejero y nuestro Guía. Sin embargo, el gran propósito del Espíritu Santo es guiarnos en esta vida hasta que alcancemos… ¡el cielo!
Amigos, hablemos del cielo en nuestro evangelismo porque es el objetivo final de la promesa del evangelio.
Publicado originalmente en la revista en español de 9 Marcas.
