La oración que no quieres que sea contestada. Hoy tenemos un tema fascinante. Sobre Salmo 106:15, nos ha preguntado una oyente.
“¡Hola, pastor John! Me llamo Amy y vivo en Lincoln, Nebraska. Al leer la Biblia, veo que hay ocasiones en las que le pedimos cosas a Dios de forma equivocada y Él, misericordiosamente, simplemente dice que no. Lo vemos en Santiago 4:3. Y hay ocasiones en las que le pedimos cosas a Dios de forma equivocada y Él dice que sí. Ese parece ser el caso en Salmo 106:15. ¿Puedes explicar este versículo y los “apetitos desenfrenados” de Israel en el desierto en Salmo 106:14? Supongo que se refiere a la comida. ¿Qué hay de malo en orar? ¿Por qué crees que Dios respondió dándoles lo que querían? ¿Por qué también la ‘plaga mortal’?”
“Estoy confundida, me cuesta entender el principio, que encuentro en otros textos, concretamente en el Salmo 78:29-31”. Sí. Y yo (Tony) voy a añadir aquí otros dos textos, y los intercalaré: 1 Samuel 8:7 y 22. “Entonces, ¿puedes explicarme esto”, pregunta Amy, “y decirme si esto debería influir en cómo pedimos las cosas hoy y en lo qué pedimos? ¿Es posible que Dios responda a un pedido erróneo en el orar y eso nos lleve a la perdición?”.
John Piper
Cuando viví en Tennessee durante un año, descubrí que había dos rutas de senderismo en la parte trasera de Stone Mountain. Una era aproximadamente el doble de larga que la otra, pero la corta era muy accidentada y empinada. Ahora, supongamos que tenía un hijo de nueve años conmigo, no lo tenía en ese momento, así que tuve que imaginarlo, pero probé ambas rutas yo mismo y sé lo que pasaría, y subíamos la montaña, digamos, una vez a la semana, los sábados, por diversión, para hacer ejercicio. Y supongamos que cada vez que llegábamos a la bifurcación del camino donde se separaban las dos rutas de senderismo, él se quejaba y se quejaba y suplicaba y suplicaba: “Vamos por la corta, papá. Quiero ir por la corta, porque la otra lleva mucho tiempo”.
Ahora bien, hay dos maneras en las que podría intentar enseñar a mi hijo a confiar en mi sabiduría en esta vida. Una es decir: “No, esa no es una decisión acertada. Vamos a hacer lo que podamos hacer. Así que tomaremos la ruta larga. Tardaremos más, pero podemos hacerlo. Podemos manejarlo, y tú tienes que aprender a confiar en mí”.
Pero hay otra forma. Puedes optar por enseñarle un par de cosas a este niño. Le dices: “Está bien, hagámoslo”. Y a mitad de camino, está completamente agotado. Mira las rocas que tiene delante, que parecen un precipicio, y dice: “No puedo hacerlo, papá”. Yo le digo: “Sí que puedes, y lo harás. Lo has pedido; lo has conseguido”. Esa es la enfermedad que lo consume, ¿verdad? Esa pared rocosa y su miseria. Y el objetivo es enseñarle a mi hijo, de una forma u otra, “Confía en mí, hijo. Tienes que confiar en mí. Sé lo que hago cuando tomo decisiones en esta familia”.
Oraciones pecaminosas, respuestas dolorosas
Salmo 106:13-15 dice:
Pero pronto se olvidaron de Sus obras;
No esperaron Su consejo.
Tuvieron apetitos desenfrenados en el desierto,
Y tentaron a Dios en las soledades.
Él les concedió lo que pedían,
Pero envió una plaga mortal sobre ellos.
Dios había satisfecho todas las necesidades de Israel desde que salió de Egipto. Pero este pueblo se quejaba una y otra vez contra el Señor. Tenían hambre de carne. El Salmo 78:19 dice: “Hablaron contra Dios, y dijeron: ‘¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto?’”. Así fue como pusieron a prueba al Señor. Dudaron de Él. Lo desafiaron.
Orar por lo que anhelaban no era una expresión humilde de confianza, que es lo que son las buenas peticiones. Era una expresión escéptica de enfado. Dios podría haber seguido satisfaciendo sus necesidades, como había hecho hasta entonces. Eso habría sido una lección: gracia y provisión asombrosas. “Aprendan a confiar en Mí. Confíen en Mí”. Eso no funcionaba. O podía enseñarles una lección de esta manera: “Concederé su petición escéptica y desafiante, y la miseria que la acompaña”. Lección: “Confíen en Mí; no duden de Mí”.
Así que sí, creo que Dios hace eso hoy en día. Nunca está bien olvidar las obras de Dios y luego no esperar Su consejo. Nunca está bien pensar que sabemos lo que es mejor y ponernos exigentes y desafiantes con Dios. Él podría darnos el automóvil que exigimos, o el cónyuge que exigimos, o el aumento del valor de las acciones que exigimos, o el hijo que exigimos. Y luego, cinco o veinte años después, esas respuestas podrían volverse contra nosotros y traernos grandes penas a nuestras vidas.
Los giros de la providencia
Eso podría sonar fatalista, pero aquí está el giro. Hay un giro de la providencia en esta peculiar forma en que Dios nos disciplina dándonos lo que pedimos y luego la miseria que lo acompaña. Podemos ver este giro si miramos el otro ejemplo que creo que mencionaste, Tony, al principio, con respecto a la demanda de un rey. El giro es que no deberían haber exigido un rey de la forma en que lo hicieron, y, sin embargo, Dios les dio un rey y luego hizo que ese deseo impío sirviera a Sus propósitos eternos de gracia. Ese es el giro. Y es muy esperanzador para aquellos de nosotros que hemos tomado decisiones estúpidas y hemos pedido cosas terribles, o hemos pedido cosas que parecían buenas, pero nos equivocamos en la forma en que las pedimos. Dios puede hacer que esto redunde en bien.
El pecado
Así es como funcionó. En la interacción de 1 Samuel 8:5, los ancianos de Israel le dicen a Samuel: “Danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones”. Ahora bien, ese es el pecado: queremos ser como las naciones. Pero en 1 Samuel 8:6-7 dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: ‘Danos un rey que nos juzgue’. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: ‘Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a Mí para que Yo no sea rey sobre ellos’”.
Y entonces Samuel parece darles una oportunidad más para que cambien de opinión, contándoles todas las miserias que el rey traerá a sus vidas (1S 8:11-18). El rey tomará a sus hijos y los convertirá en soldados. Tomará a sus hijas y las convertirá en perfumistas y cocineras. Tomará sus campos y sus viñedos. Tomará sus rebaños. Y luego dice en 1 Samuel 8:19-20: “No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: ‘No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones’”. Y luego, en 1 Samuel 8:22, Dios dice: “Escúchalos y nómbrales un rey”.
Ahora, aquí estamos trescientos años después. Este es Oseas, el último profeta que profetiza antes de que Asiria destruya Israel. Aquí está Oseas 13:10-11: “¿Dónde está ahora tu rey para que te salve en todas tus ciudades, y tus jueces de quienes me decías: ‘Dame rey y príncipes’? En Mi ira te di un rey, y te lo quité en Mi furor”. Así que Dios respondió a su petición, y no les fue bien.
El giro
Y hago una pausa y digo: #Pero esperen. Esperen. Hay algo más aquí”. En Salmo 2:6, Dios dice: “Pero Yo mismo he consagrado a Mi Rey sobre Sión, Mi santo monte”. Dios puso a Su rey en Sion, Su santo monte. Y en Isaías 9:6-7: “Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre Sus hombros… El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino… para siempre”. Su reino para siempre. En Lucas 1:32-33, Gabriel le dice a María: “El Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin”.
Aquí está el resultado, el giro. Orar por un rey se convierte en el medio por el cual Jesús entra en el mundo como rey para morir y resucitar y perdonar los pecados que ellos mismos provocaron al orar por un rey. Simplemente creo que Dios es asombroso en la forma en que Su providencia da un giro a nuestros pecados, de modo que en realidad pueden obrar para nuestra salvación.
Así pues, el giro de la providencia es este. Si hoy te encuentras en una situación de disciplina divina en respuesta a tu orar incrédulo, airado y equivocado, no desesperes. No desesperes. Arrepiéntete, acepta tu pecado y tu culpa, recurre a la misericordia y la sangre de Cristo, y pide a Dios que dé un giro a esta situación para convertirla en algo bueno y en algo que lo honre. Yo lo he visto hacer esto en mi vida. Lo he visto hacerlo. Sé que puede hacerlo en la tuya.
Publicado originalmente en Ask Pastor John, Episodio 2044
