Mira y vivirás

El ser humano se ha rebelado contra Dios desde el día en que Adán y Eva desobedecieron las palabras del Señor.
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«y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguien, y éste miraba a la serpiente de bronce, vivía». Números 21:9

Un pueblo en rebeldía y desobediencia, rumbo a una muerte segura por causa de la ira de Dios por su pecado. Un Dios misericordioso y compasivo que ante esta condición del pueblo provee un camino de salvación por medio de la confianza en Él. Israel se quejaba ante Dios, su incredulidad salía a brotes por sus labios, desconfiaban de las promesas de Dios. Estaban rodeando el territorio de Moab en su viaje a la tierra prometida por el Señor a Abraham, Isaac y Jacob. Estaban despreciando el maná que les había sido dado como un pan del cielo. Pensaban que Dios no les proveería de lo necesario para seguir con vida. Su pecado era manifiesto a todos. Ellos dudaban de su Dios, la queja se había apoderado de sus corazones, la incredulidad era evidente, y un Dios santo como el Señor no iba a dejar eso sin justicia. Él envió serpientes a destruir al pueblo, y muchos israelitas morían a causa de esto. El pueblo ruega por misericordia, reconoce su pecado, y Dios provee un camino: mirar una serpiente de bronce sobre un asta. El ser humano se ha rebelado contra Dios desde el día en que Adán y Eva desobedecieron las palabras del Señor. La condición de la humanidad se convirtió a una de rebeldes, enemigos, y pecadores; cuyo fin, es la muerte eterna y el castigo del juicio justo de Dios: el infierno. Pero Dios que es grande en misericordia y en amor, proveyó un camino de salvación para la humanidad. No dos caminos, ni tres: uno. Mirar a un hombre clavado en una cruz de madera. Este hombre era el Dios encarnado, la Segunda persona de la Trinidad asumiendo la naturaleza humana, el Emanuel, el Verbo que se hizo carne y vimos su gloria como del Unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. ¡Dios vino a ser la propiciación por los pecados de Su pueblo! No era una serpiente de bronce que colgaba del asta, era el Hijo de Dios que ofrecía su vida para que aquellos que lo miraran con fe, para vida, para no sufrir el justo juicio de Dios por su pecado, esos que por la gracia de Dios miraran con fe hacia Cristo serían salvos, librados de su fin de muerte. Jesús dijo: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:14-15). Un pueblo que peca, que recibe el justo juicio de Dios. Un Dios misericordioso que provee para su salvación. No por medio de obras sino por el mirar con fe.

Enrique Oriolo

Enrique es co-fundador de Soldados de Jesucristo, actualmente sirve como misionero y pastor ordenado en la Iglesia Bíblica de City Bell, en Argentina. Está casado con Tamara y es padre de dos hijas, Luz y Paz.

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