Interpretando pasajes difíciles: ¿Qué significa que Cristo “llevó cautiva la cautividad”? 

¿Qué significa “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad” en Efesios 4:8? Para entenderlo, necesitamos examinar la victoria de Jesús.
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Si llevas varios años siendo cristiano y leyendo tu Biblia, te habrás encontrado varias veces con pasajes de difícil interpretación, que nos desafían a estudiar a profundidad y buscar gracia en oración. Hoy quisiera dedicar este artículo a un texto que ha producido muchas interpretaciones. Se trata en Efesios 4:8: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres” (RVR1960). 

Siempre recomiendo que, cuando te enfrentes a un pasaje difícil, lo leas en distintas versiones de la Biblia y las compares. Aunque la versión Reina Valera 1960 (RVR1960) es la más popular en el habla hispana, la versión de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) puede darnos luz en su precisión gramatical y ortográfica. Para este pasaje en particular, la traduce de forma más descriptiva: “Por tanto, dice: ‘Cuando ascendió a lo alto, llevó cautivo un gran número de cautivos, y dio dones a los hombres’”. Es importante notar que esta diferencia no afecta ninguna doctrina fundamental, pero sí nos ayuda a visualizar mejor la imagen que el apóstol Pablo tenía en mente.

Lo primero que debemos notar es que la letra de este versículo en la NBLA luce diferente al resto del pasaje, escrito en versalitas, lo que nos indica que es una cita directa de otro pasaje de las Escrituras. En Efesios 4:8, claramente refiriéndose a Cristo, Pablo está citando el Salmo 68:18: “Tú has ascendido a lo alto, has llevado en cautividad a Tus cautivos; has recibido dones entre los hombres, y aun entre los rebeldes, para que el Señor Dios habite entre ellos”.

El Salmo 68 fue un himno de victoria compuesto por el rey David para celebrar la conquista de Dios sobre la ciudad de los jebuseos conocida como Jerusalén, y el ascenso triunfante de Dios al monte Sión (ver 2S 6:7; 1Cr 13). Con esto en mente, debemos interpretar la obra de Jesucristo descrita en Efesios 4:8 a la luz del entendimiento del Salmo 68, y procederemos a confirmar nuestra interpretación con las enseñanzas del resto de las Escrituras. 

Cuando te enfrentes a un pasaje difícil, léelo en distintas versiones de la Biblia y compáralas entre sí. / Foto: Unsplash

“Cuando ascendió a lo alto”

Para comprender el significado de esta frase, debemos mirar hacia el trasfondo histórico del Salmo 68. En la antigüedad, tras un triunfo militar, el rey regresaba a su reino en una procesión triunfal, llevando consigo los despojos de guerra y los prisioneros.

Pablo aplica esta poderosa imagen a la obra de Jesucristo. El apóstol presenta a Cristo regresando de Su batalla en la tierra hacia la gloria de la ciudad celestial, llevando los trofeos de Su gran victoria en el Calvario. Al ascender, Cristo recibió el derecho legal de conferir dones espirituales a Su pueblo, tal como indica Efesios 4:7: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo”.

El Salmo 68 celebra la victoria de Dios sobre Jerusalén y su ascenso triunfal al monte Sión. / Foto: Jhon Montaña

La exaltación de Jesucristo posterior a la consumación de Su obra en la cruz y Su resurrección es confirmada en otros pasajes, como Hechos 2:32-33: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen”. Hebreos 1:3 nos recuerda que: “Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, el Hijo se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

“Llevó una hueste de cautivos”

La expresión “llevar cautiva la cautividad” (RVR1960) o “llevar un gran número de cautivos” (NBLA) simboliza la derrota total de los adversarios de Dios. En el contexto del Salmo 68, se trataba de los enemigos vencidos por David, pero en el Nuevo Testamento, estos enemigos tipifican a los grandes opresores de la humanidad: el diablo, la muerte, la maldición y el pecado. Cristo, en Su victoria, hizo de ellos un espectáculo público, como declara Colosenses 2:15: “Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él”.

En el Nuevo Testamento, “llevar cautiva la cautividad” apunta a la victoria de Cristo sobre el diablo, la muerte, el pecado y toda potestad enemiga. / Foto: Lightstock

Mediante Su muerte y resurrección, Jesús anuló el poder de aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, el diablo, librando así a aquellos que estaban sujetos a esclavitud (Heb 2:14-15). Por medio de este sacrificio, Cristo no solo conquistó a Sus enemigos, sino que devolvió triunfante a Dios a todos aquellos que antes eran prisioneros de Satanás.

“Y dio dones a los hombres”

En el hebreo original del Salmo 68:18, se dice que el conquistador “recibió” dones, evocando la imagen de un soberano que recoge el botín de los vencidos para luego repartirlo entre su propio pueblo. Un ejemplo histórico de esto se ve en Josué 11:14, donde el pueblo de Israel tomó como botín los despojos de las ciudades conquistadas. De la misma manera, Jesús distribuye las riquezas de Su victoria a lo largo de Su reino.

Mediante Su muerte y resurrección, Jesús anuló el poder de aquel que tenía el dominio de la muerte. / Foto: Unsplash

Aunque nuestra primera asociación de la palabra “dones” de Efesios 4:8 es con los dones espirituales que son repartidos en los creyentes como resultado de recibir el Espíritu Santo (ver Heb 2:4 y comparar con Ro 2:6-8; 1Co 12:4-11), esta palabra puede abarcar también toda la gracia recibida por causa del triunfo de Jesús en Su muerte y resurrección: el mismo Espíritu Santo (Hch 2:38, 10:45), los dones salvíficos como la fe (Ro 12:3; Ga 5:22; Ef 2:5, 8; Fil 1:29), el arrepentimiento (Hch 5:31, 11:18; 2Co 7:10) y la vida eterna (Ro 6:23).

En el contexto directo de Efesios, estos dones incluyen los ministerios: “Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef 4:11-12).

El mayor regalo

Gracias a la obra redentora y victoriosa de Jesucristo, Dios nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales (Ef 1:3). No obstante, el regalo más grande que nos ha otorgado es Su salvación, transformando a quienes éramos Sus enemigos en Sus hijos, por Su gracia. Como bien lo resume el pastor Guy Appéré:

Dios, sin embargo, en Su maravillosa misericordia, no nos abandonó al destino que nos merecíamos. Con todo Su corazón y con todo Su poder escogió reconciliarnos consigo mismo, hacernos volver a la armonía con Él; y Él, que nunca había dejado de amarnos y nada tenía que ver con nuestra necedad, consintió en pagar Su espantoso precio: La muerte de Su Hijo en la Cruz.

Gracias a Jesucristo, Dios nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales. / Foto: Unsplash

Por Cristo y por el evangelio somos verdaderamente libres (Jn 8:36). Esta es la máxima expresión del amor divino, tal como lo resume el pasaje más conocido de las Escrituras: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16).

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Albert Rodriguez

Reformado, Calvinista y miembro de la congregación cristiana Amistad Reformada de Tampico. Trabaja en el ministerio Soldados de Jesucristo.

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