Junio 4
Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad (Hebreos 11:16).
Anhelo mucho que Dios me diga lo que les dijo a Abraham, Isaac y Jacob: “No me avergüenzo de ser llamado tu Dios”.
Así de arriesgado como suena, ¿acaso esto no significa que Dios en verdad podría sentirse “orgulloso” de ser llamado mi Dios? Gratamente, esta maravillosa posibilidad se encuentra rodeada (en Hebreos 11:16) de razones: una antes y una después.
Consideremos primero la que viene después: “Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad”.
La primera razón que Él da por la que no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, es que hizo algo por ellos. Les preparó una ciudad: la ciudad celestial “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Por tanto, la primera razón por la que Él no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, es que hizo una obra para ellos, no al revés.
Ahora pasemos a la razón que Él da antes. Dice así: “Anhelan una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos”.
“Por lo cual” indica que se acaba de dar una razón de por qué Dios no está avergonzado de ser Dios de ellos. La razón es el deseo que ellos tienen. Anhelan una patria mejor, es decir, una patria mejor que la terrenal en la que viven: una patria celestial en la que habita Dios.
Cuando deseamos esa ciudad, que es la morada de Dios, más de lo que deseamos todo lo que este mundo nos ofrece, Dios no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios. Cuando damos una gran importancia a todo lo que Él promete ser para nosotros, Él se enorgullece de ser nuestro Dios. Esa es una buena noticia.
Por tanto, abre tus ojos hacia la mejor patria, la ciudad de Dios, y deséala con todo tu corazón. Dios no se avergonzará de ser llamado tu Dios.
